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Tron legacy, cuidado con las macros ocultas

Por Javier Fernández López

En 1982, la productora Walt Disney Pictures y el director Steven Lisberger nos dieron TRON, una película peculiar, de las primeras en usar la computación digital. El argumento no era algo complejo, ni mucho menos. Pese a que la intención era hacer una película con diálogos un tanto complicados, realmente el argumento era simple: a un hombre (Jeff Bridges) le han robado unas ideas intelectuales sobre videojuegos que le harían millonario, y para ello se introduce en el sistema central de la empresa con el fin de recuperarlos. Lo que no sabe es que se introducirá “totalmente” en el sistema central y acabará siendo otro paquete más de datos en un mundo digital bastante hostil y peligroso.

La repercusión de la película es indiscutible. TRON ha sido tan mencionada como parodiada, e incluso impulsó el mercado de videojuegos. No tenía grandes actuaciones, ni tampoco una puesta en escena, más allá de los efectos especiales, muy elaborada. Sin embargo, aquellos trajes ceñidos y esos neones de colores hicieron de la película una moda, un punto clave dentro de la evolución del cine en cuanto a efectos se refiere. La cinta, pues, merece ser reconocida como mítica, sobre todo dentro del ámbito de la ciencia-ficción.

Después de algunos videojuegos (como no podía ser menos) y algunos documentales que acrecentaban la leyenda de la película, Disney y Lisberger nos trajeron en 2010, casi treinta años después, la secuela: TRON Legacy. Dirigida por Joseph Kosinski, esta secuela prometía ofrecernos un mundo digital revolucionario, nuevo, un homenaje al mundo del videojuego. Los efectos especiales tenían que cumplir las expectativas. Entonces, sale la noticia de que el argumento de la película gira en torno, nuevamente, al personaje de Kevin Flynn (Bridges), y que éste aparecería rejuvenecido, tal y como lo vimos en la cinta original. Con Legacy, comenzaba una nueva era para el mundo actoral. ¿Y si ya no hace falta llamar a actores jóvenes para hacer de ti mismo? Si bien aún se nota demasiado digital, el resultado no deja indiferente a nadie.

Así, Garrett Hedlund (Troya) interpreta a Sam Flynn, el hijo de Kevin Flynn, quien ha estado sin padre durante más de veinte años. Heredero del imperio de su padre, dedica su vida a ser un hacker de élite, luchando incluso contra su propia empresa: ENCOM. La película está rodada de dos formas: en 2D y 3D. El mundo real está filmado en formato tradicional, mientras que la “Red” está creada en un imponente 3D. De esta manera, se capta de mejor forma la barrera que separa lo real de lo digital. Una vez que el protagonista recibe por sorpresa un mensaje de su padre, se ve envuelto en la mayor aventura de su vida. Así pues, ¿qué tal es el argumento de Legacy? Igual que la original, mantiene un nivel narrativo simple, sin aspiraciones a llegar a historias complejas, si bien puede llegar a ser incluso más interesante que la cinta original.

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Junto a Hedlund y Bridges, se unen Michael Sheen (The Damned United) y Olivia Wilde (In time). No ahondaremos en ésta última. Sheen, sin embargo, hay que decir que se come la pantalla y da vía libre a su propio juego.

Si por algo Legacy destaca, además de los efectos especiales, es por la estética y la banda sonora. Por un lado, el universo TRON está recreado a un nivel magnífico. Un espectáculo de luces y neones. Por otro lado, la película podría resumirse como un genial videoclip para el grupo francés de música electrónica Daft Punk. El tema Derezzed aparece como un elemento clave durante toda la película. La banda sonora de TRON Legacy es una maravilla hecha videojuego.

La película, sin embargo, aun pudiendo ser un producto sólido, acaba cayendo por su ritmo. La primera mitad de la película es puro entretenimiento, espectáculo y emoción, sobre todo para los amantes de este universo. La puesta en escena y la factura técnica de la película ayuda a ello. La rejilla de juego es un disfrute. Pero justo cuando Hedlund y Bridges están en la película es cuando cae en la lentitud. Una lástima, porque de haber seguido con ese ritmo habría conseguido sin problemas el aplauso de mucha gente. La segunda mitad va desarrollándose a tirones, recuperando forma al final de la película gracias a algún cameo importante y unas batallas aéreas frenéticas.

Como conclusión, hay que decir que Legacy es simplemente un producto. Vuelven los trajes ceñidos (más estilosos, por supuesto), y vuelven las motos de luz y los discos. Todo funciona como un juguete nuevo con muchas luces, una gran feria donde los videojuegos son la clave del éxito. Un buen producto. Como película, nadie puede exigir de la secuela de TRON algo demasiado profundo. Para ser sinceros, hay que aplaudirle el hecho de que intente tocar temas como la IA. También cabe destacar el tono nostálgico del film.

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