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Trainspotting 2

Por Alejandro Arranz

-Si eres fan, deja de leer y entra de cabeza en ese váter escocés. En lugar de heroína encontrarás supositorios de opio, pero la experiencia no es desagradable.
-Prepara la vena para chutarte un viajecito de nostalgia. Súbete al tren de Boyle y disfruta, la única consecuencia es la decepción.

Sí, yo también fui un adolescente que quedó fascinado por aquel chute narcótico y electrizante de cine que fue Trainspotting de Danny Boyle. Me encariñé con aquellos cínicos personajes que no elegían la vida porque nadie lo haría teniendo heroína. Con aquella cámara centelleante, aquella mezcla de humor chusco y descorazonadora tragedia, aquel imborrable repertorio de canciones con Iggy Pop a la cabeza, aquel honesto retrato del mundo de la droga sin aleccionamientos innecesarios. Durante algún tiempo, la adaptación de la novela de Irvine Welsh fue uno de mis filmes de referencia. No obstante, hace tiempo que di el salto hacia lo que la sociedad denomina “madurez”, una fase que también atravesé cinematográficamente hablando. Después de eso pude visionar esa notable obra de una forma más analítica, y desde entonces no he dejado de hacerlo, pues prácticamente no ha envejecido y sigue siendo una de las mejores películas de su temática. Ahora resulta que también han madurado, más o menos, los personajes de aquella historia. Porque Danny Boyle y el guionista John Hodge, deciden volver a traerlos a la gran pantalla tras 20 años. ¿Nos apuntamos a otra fiesta?

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Boyle sabe perfectamente como jugar sus cartas y meterse en el bolsillo a cualquier fan de la cinta del 96. Esta “T2” es un nostálgico reencuentro que pierde frescura, locura, garra y sobre todo, necesidad. Pero que sea una secuela del todo innecesaria, no impide que también resulte bastante divertida. Sorprende también que sea diferente, por ejemplo, en su tono. El cóctel actual va puesto de una mirada madura, casi reflexiva, también de melancolía, y con algunas gotas extra de edulcorante. Aún así no se pierde la chifladura o la incorrección política ni el ritmo taquicárdico. Pierde la eficacia de los tics visuales de Boyle, que antaño fascinaban y ahora sólo irritan, y se desvanece la mezcla magnífica de humor y terror humano que vapuleaba nuestra forma de sentirnos en cada escena. Pero es obvio, esta vez estamos ante el juego de la nostalgia que nos están ofreciendo últimamente por todas partes. Un juego redundante, largo y bastante previsible; con algunos momentos más que reivindicables. Entre las virtudes está la ganancia de carga emocional de los personajes, el digno esbozo que el guion hace de la situación actual y un convincente número de escenas notables; en especial una media hora final que funciona excelentemente hasta que al fin vuelve a sonar Lust for Life. No sé ustedes, yo habría pagado la entrada simplemente por ese instante.

En Trainspotting 2 todo está hecho de fragmentos del pasado, desde la trama hasta los personajes. Es una película que vive a través de imágenes de otra época. No me refiero solo a los flashbacks, sino que cada nuevo fotograma que emana de la cámara de Boyle es un homenaje a la cinta original, a un tiempo pasado en el que no había preocupaciones, responsabilidades ni Twitter. No negaré haberme divertido mucho con este reencuentro, pero no es suficiente para considerar ésta una película necesaria o asignarle adjetivos mejores que “correcta” o “funcional”. Los fans seguramente mantengan la sonrisa durante casi dos horas de duración y después rueguen una tercera entrega con la pandilla en el geriátrico. Yo me apunto, siempre elijo cine, se lo debo a Renton.

Alejandro Arranz

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