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Train to Busan

Por Alejandro Arranz

-La mejor película de zombis en décadas. Tremendamente espectacular, claustrofóbica, con pulso narrativo y múltiples lecturas sociales.
-Yeon nos ofrece una película de zombis veloz y directa a las entrañas, su trabajo tras las cámaras es brillante.

Tenemos la obligación de reivindicar el cine surcoreano, que lleva unos años en pleno auge y en nuestro país aún pasa desapercibido. Actualmente Corea del Sur es uno de los lugares donde se crea el cine más fresco, y parece que este año cierto público va dándose cuenta con la llegada de películas como Goksung de Na Hong-jin (“El extraño” en nuestro país) o The Handmaiden de Park Chan-wook. Otro de esos directores surcoreanos en los que algunos hemos fijado nuestra atenta mirada, es Yeon Sang-ho. Este cineasta se dio a conocer para una gran mayoría en 2013, gracias a un salvaje thriller dramático titulado The Fake, que fue nominado a “mejor película de animación” en los festivales de Sitges y Gijón. El año pasado despuntó con otra película de animación, una de zombis cruda y con trasfondo, Seoul Station. No obstante, ahora que se ha estrenado Train to Busan, esa última cinta de animación se revela como una introducción o más bien un preámbulo irrenunciable para el mejor visionado posible de su nueva película. Sí, hablo de la mejor película de zombis puede que desde los buenos tiempos de George A. Romero.

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Al igual que Seoul Station y siguiendo la tradición del cine de Romero, Yeon entrega una película de zombis con intenciones sociales y críticas, pero sin olvidarse del terror y la sangre, medios indispensables para transmitir el mensaje. El trazo de la primera parte es increíble, el espectador no aparta la vista de la pantalla en ningún momento y mientras tanto el cineasta se las arregla para posicionar correctamente todos los elementos de la cinta. Una vez subidos a ese tren se desvela la alegoría social, y tras breve evocación propia a Snowpiercer (otra excelente película surcoreana), observo la elección de pasajeros de forma que representen un amplio espectro de la sociedad. De este modo la crítica de Yeon no se centra únicamente en las grandes corporaciones, sino en la inhumanidad y el egoísmo de cada persona de a pie. El golpe de gracia lo da el contraste entre esos zombis salvajes e irracionales que “colaboran” o más bien funcionan como conjunto en el logro de sus objetivos, frente a unos seres humanos no solo incapaces de unirse para sobrevivir, sino letales entre sí.

Queda claro que el cineasta no inventa la rueda ni tampoco lo pretende, y de hecho este tren toma un recorrido que hemos transitado unas cuantas veces, pero le da una vuelta de tuerca a cada escena de modo que nunca antes nos había parecido tan terrorífico, espectacular, ingenioso y divertido. La dirección de Yeon es pura habilidad, aprovecha muy bien los espacios (los amplios y los cerrados) y el movimiento de su cámara siempre es dinámico, las escenas de acción se ven favorecidas por los numerosos y talentosos especialistas. Los actores desempeñan su labor con mucha corrección y el personaje principal interpretado por Gong Yoo, evoluciona de forma totalmente coherente. Uno de los problemas más importantes del filme lo encontramos en la vertiente dramática y en algunas ocasiones cuando el director quiere hacer evidente el mensaje, se suele dejar llevar por el subrayado explícito, algo que ya ocurrió con anterioridad en su filmografía; pero que no haya efecto sorpresa no impide que obstaculice y resulte molesto.

El mensaje de la película queda muy claro, no porque sea muy buena (que lo es), sino porque para ello se ha necesitado el trabajo conjunto de un buen número de personas con un objetivo común. Yeon entrega una película visceral, un torrente de acción con sustancia que nos deja al final del túnel un pequeño pero comprometido foco de esperanza. Aprovechemos la oportunidad, pero antes tienen una cita obligada con el mejor cine surcoreano, más específicamente con lo mejor que ha dado el género zombi en décadas.

Alejandro Arranz

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