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Tragicomedia con una excelente Maggie Smith

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta singular película, The lady in the van, una especie de mendiga mayor, la señorita Shepherd (Maggie Smith), mujer de cuyos orígenes se sabe poco, decide aparcar su destartalada y vieja furgoneta en una acera de Londres, justo en el lugar por donde se accede a la casa del escritor Alan Bennett (Alex Jennings); Bennett es autor de la obra que alumbra el film, y por lo tanto es el mismo personaje que escribió la novela homónima y el guión de esta obra, como ahora voy a explicar.

Pues bien, al principio Bennett accede a modo de favor y nada convencido a que la mujer coloque allí su vehículo que a la vez hace las veces de vivienda. La señorita Shepherd es una mujer huraña, excéntrica y de carácter muy difícil. Y resulta que lo que iba a ser algo temporal acaba convirtiéndose en una situación duradera. Con el tiempo, entre ambos personajes se establece una relación que cambiará la vida de ambos. Y fue tan perdurable esta vecindad, que la señorita Shepherd se quedó a vivir allí en su furgoneta durante quince años nada menos. La película es rica en anécdotas y situaciones chocantes.

El poco prolífico director Nicholas Hyter ha dirigido algunas películas meritorias, siendo que me parece un realizador ingenioso y profesional por algunas de sus obras. Recuerdo aquí sus dos películas, La locura del rey Jorge (1994) (Oscar a la mejor Dirección artística) o The History boys (2006), con el mismo guionista de este film, Alan Bennet. Entre medias parecía haber decaído un tanto con comedias de humor y alguna obra juvenil.

En esta película, Hyter sabe aprovechar ante todo el apartado actoral, acompañado de un original y excelente guión de Alan Bennett. Bennet es aquí una sólida pieza, un escritor (dramaturgo, novelista y actor) importante y de variado registro. Todo lo que ocurre en la película, le pasó a Bennett en la realidad: durante quince años el escritor tuvo a una anciana vagabunda y su ajada furgoneta aparcadas frente a su casa. O sea, que habiendo sido partícipe de la experiencia, escribió un libreto, que sale de su obra literaria de título homónimo, The Lady in de Van (1989), que aunque con fabulaciones, está basada en hechos reales. Lo bueno es que el guión se eleva sobre la mera comedia ramplona o de humor, para, como dice Trashorras, concluir en una obra menos lastrada por la corrección política de lo que pudiera parecer […] (que) esboza un puzzle psicológico que cuestiona fórmulas narrativas”. Efectivamente, Hyter, en su tercera colaboración con Bennet y con su inestimable ayuda, sabe hacer una película que habilita un espacio para la excentricidad y para el lucimiento de una gran actriz como Maggie Smith, mujer con excepcionales dotes interpretativas, como ahora diré.

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Como escribe Costa, La dama de la furgoneta (Anagrama) de Bennett es, a la vez: un agudo estudio de un personaje y en hilarante crónica de una relación desigual marcada por los vaivenes entre la resignación y el impulso compasivo”. De hecho, Bennett atribuía su hospitalidad y la amabilidad de otros vecinos, a cierto sentimiento de culpa de una vecindad que hacía esfuerzos por conciliar el cambio de posición social y las convicciones de tipo “progre”, como suele decirse. O sea, según Bennett:Había una grieta entre nuestra posición social y nuestras obligaciones sociales. Y Miss Shepherd (en su furgoneta) podía vivir dentro de esa grieta.

Además, no hay que olvidar dos matices importantes de corte psicológico en este film. De una parte, aparecen dos caras del escritor protagonista: la del que está centrado en la literatura y ensimismado en su labor de escribir, aprovechando a la anciana como fuente de inspiración para sus líneas; y un alter ego, un Bennett distinto –no en lo físico precisamente- que en el film aparece para invitarlo a vivir y abandonar el teclado. Con lo cual hay un Alan Bennett perdido entre sus escritos y otro que redime su introspección con la anciana Shepherd, que es toda una realidad fehaciente. De otro lado está la figura de su madre y la ambivalente y conflictiva relación que Bennett mantiene con ella, la cual relación en cierto modo se extrapola e incluso se exonera en su vínculo con esa otra “madre” simbólica que es la mendiga.

Hay también lugar para el humor, para que podamos reír a costa de la actitud avinagrada, exasperante e impertinente de la señora, así como también de su inoportunidad a la hora de hacer de vientre, para lo cual, en el mejor de los casos debe utilizar el cuarto de baño de Bennett. Sin embargo, desde mi modo de ver, no estamos ante una película de humor, sino más bien dramática.

La música de George Fenton, donde aparecen obras clásicas de Schubert o Chopin, es excelente; y lo es igualmente la fotografía de Andrew Dunn. También es estupenda la puesta en escena, que recrea el Londres de los setenta y ochenta del pasado siglo.

El reparto es ante todo y sobre todo una actriz británica, una mujer de excelencia de nombre Maggie Smith, bien conocida en el mundo del teatro y el cine. Es la señora Smith la que mantiene en gran medida esta película en pie, pues es la exacta representación del dolor o la majestuosidad del malhumor, y compone aquí un personaje que es la razón de ser de una película luminosa que ondea la empatía como orgullosa bandera” (Costa). Está igualmente en un nivel de excelencia Alex Jennings, que interpreta al escritor Bennett, contraparte de Miss Shepherd, que sabe aportar lucidez y saber estar al personaje que, con su estilo propiamente británico, se mueve dentro de un relato ciertamente estrambótico. Y acompañan con la máxima calificación un cuadro de actores y actrices de reparto de lujo como Jim Broadbent, Dominic Cooper, James Corden, Frances de la Tour, Samuel Anderson, Gwen Taylor, Rosalind Kniht y George Taylor. A cual mejor.

En 2015 tuvo nominaciones importantes, muy centradas en la labor actoral de la señora Smith. Así: Globos de Oro: Nominada a mejor actriz comedia (Maggie Smith). Premios BAFTA: Nominada a mejor actriz (Maggie Smith). Quizá habría merecido más esta película, pero tal vez su tono en cierto modo irreverente le privó de más galardones.

Si hacemos un pequeño trabajo de perspicacia, nos damos cuenta que el foco de la obra no es la mujer mendiga, sino más bien el fuerte efecto que su presencia tuvo en el escritor Alan Bennett. La película muestra, para quien lo sepa ver, que Miss Shepherd, con un pasado lleno de tragedias, traumas y conflictos, esta señora culta y religiosa también, tiene su lugar primordial en la obra y probablemente la tuvo en la propia vida real de Bennett, a modo de personaje cuya razón de ser es que el escritor se conozca a sí mismo, y para que él pueda resolver asuntos de su intimidad que no habría podido abordar de no haber sido por la presencia de la mendiga y su furgoneta ante su casa.

Al final, cuando la muerte llega y se lleva a la anciana, Bennett se hace una reflexión imponente que suele ser así lamentablemente en la vida. La anciana yace dentro de su furgoneta sin vida y Bennett en voz alta piensa cómo en vida nadie le había hecho ni caso, y ahora que había dejado de existir, entran en el furgón la asistenta social, el médico, el cura, los de la funeraria, todos en tropel ¿Y no habría sido mejor algo de amparo y ayuda antes, cuando vivía en la indigencia?

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=1JAzCxeYZ90.

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