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Toni Erdmann

Por Alejandro Arranz

-Una de las mejores comedias dramáticas del año. Tan profundamente divertida y amarga que no sabes porque estás llorando.
-Es tan ridícula y al mismo tiempo tan honesta sobre sus emociones que resulta inclasificable. Ade esquiva las convenciones con ingenio y sin trucos. Y “violà”, ahí está, una pequeña gran película.

Me gustan los trabajos de Maren Ade, más su último trabajo, Entre nosotros, que su ópera prima. Esta es su tercera película y tiene mucho sentido dentro de su filmografía. Lo que la diferencia, es que en esta ocasión todo el mundo parece haber caído rendido ante su Toni Erdmann, y no seré yo el que diga que no hay razón alguna. Sin duda su nueva película es especial, diferente y genuina; pero no todo es de color de rosa, y hay evidentes problemas en la propuesta. Sea como fuere y aunque mis pegas difuminen el mensaje, lo que quiero decir es: Vayan ahora mismo a ver Toni Erdmann.

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La cinta tarda bastante en empezar como tal, tiene una introducción larga con un tono bien diferente al que va a predominar más tarde y durante esos primeros minutos la guionista/directora se encarga tranquilamente de presentar los elementos de la historia. Hay un gran espectro del público que va a sentirse muy perdido en esta película, probablemente el tono sea lo que más les despiste. No estamos ante la típica comedia absurda ni ante un reconciliador drama familiar, de hecho hay muy pocas cosas “típicas” en la película de Maren Ade. Pero lo que hay que tener claro, aunque suene un poco cursi, es que resulta impensable ver esta película solamente con los ojos o con la mente. Uno debe abrirse junto a la propia película, debe apreciar la intimidad que le ofrece y que comparte en el interior de todo el jolgorio hilarante. En ese momento el espectador descubrirá y abrazará la verdadera película que nos ofrece la cineasta: conmovedora, amarga, vital, y que no por ello deja de ser un cachondeo. El reparto es estupendo, el Toni Erdmann de Peter Simonischek resulta muy entrañable y me fascina la brillante interpretación de Sandra Hüller, con ese personaje amargo y resignado que de forma repentina se deja el alma y las cuerdas vocales en una escena sencillamente extraordinaria. Es evidente que sus respectivos trabajos ayudan a que en ningún momento aparte los ojos de la pantalla, pero eso no me impide apuntar su mayor problema, la duración. Es incomprensible que la película ronde los 160 minutos porque no era necesario semejante metraje, y esto ya ocurría en el anterior trabajo de Maren Ade. Aún así el guion es estupendo de principio a fin, siempre sorprende con algún giro o haciendo que sus decisiones cobren un significado inesperado; y la dirección trabaja en torno a varias capas de la historia, un auténtico triunfo.

Veo la película con toda mi atención, está bien hecha y es un soplo de aire fresco, rompe tópicos hasta en su desenlace y da vueltas de tuerca en narración y en aspectos tonales. Por el camino deja muchas escenas maravillosas (las discoteca, el campo, el cumpleaños). Salgo satisfecho, es una pieza infrecuente, una comedia muy divertida y triste sobre la vida, quiero volver a verla.

Alejandro Arranz

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