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Tocando el Viento

Por Jon San José Beitia

Demostración de cómo se puede hacer cine de calidad con una buena historia y un adecuado reparto que sea capaz de traspasar la frontera de la pantalla y conquistar el corazón del espectador, un relato inspirador.

Película rodada en los años noventa que ofrece un paralelismo inquietante con la situación económica actual, donde la sociedad capitalista esta inmersa en una profunda crisis.

Presenta la historia de grupo de mineros que en sus ratos libres tocan en una orquesta y cuyos ingresos económicos pueden verse perjudicados por el posible cierre de la mina.

La película va presentando paulatinamente a cada uno de los personajes, su vida cotidiana, problemas e inquietudes, dibujando con claridad el perfil de cada uno de ellos, dotándoles de un carisma que conquista al espectador.

El encanto de la historia nace desde la sencillez de lo que relata, plasmando la inseguridad que supone la posible pérdida de empleo y la asfixiante situación que viven cada uno de ellos. El relato, lejos de estancarse en el drama, deja espacio para un extraño humor amargo y para una posible esperanza.

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Una vez presentados los personajes y desarrollados sus problemas se muestra el lugar donde se aíslan temporalmente de todo lo que les inquieta. Su refugio es su participación en la banda de música, donde disfrutan de su tiempo haciendo lo que mejor saben hacer, tocar sus instrumentos.

Todo el reparto encaja en cada uno de sus papeles y logra dotar de naturalidad al relato, logrando plasmar con credibilidad los diferentes problemas a los que deben hacer frente.

Destaca la participación de un joven Ewan McGregor y un enorme e incombustible Pete Postlethwaite, cuyo personaje dirige a los componentes de la orquesta por el camino de la esperanza, sujetando la batuta con firmeza.

Es posible que el relato quede edulcorado en su tratamiento final, pero no cabe duda que el camino que recorren los protagonistas no está exento de espinas. Tocando el viento toca las teclas esenciales para llegar al espectador, logrando hacerle disfrutar, sonreír, llorar e incluso inspirar con las vivencias de los miembros de la banda de música. Una pequeña y sencilla partitura que recoge y transmite un amplio abanico de emociones, que están presentes en el día a día de la vida.

Jon San José Beitia

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