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Tipos legales

Por Jon San José Beitia

Todo lo que empieza acaba, sólo hay que saber cuándo y cómo va a terminar. Algunos son conscientes de que su carrera profesional tiene que llegar a su fin y otros en cambio no lo aceptan y siguen intentando mantenerse en el mercado, sin asimilar que ya sólo sirven como reclamo para atraer al público por su nombre y fama.

La película Tipos legales sirve como excusa para ver de nuevo en acción a intérpretes de la categoría de Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin, dando lo que podrían considerarse sus últimos coletazos en el cine.

Producciones de este tipo explotan a sus intérpretes principales como reclamo fundamental para atraer al público, sin ellos la película se queda en una historia sencilla, vulgar y pintoresca, que bien podría haber servido para un producto de sobremesa. Sin la presencia de los nombres que reúne el cartel de Tipos legales, la película como tal, no tendría ningún atractivo, ni interés.

Con este tipo de producciones todas las partes salen ganando, por un lado la productora que cuenta con la participación de grandes nombres del séptimo arte y estos que, de alguna forma, se garantizan una buena jubilación, a base de aceptar papeles livianos y absurdos, que engordan sus ya de por sí abultadas cuentas corrientes.

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El argumento no da para mucho, el guionista no se exprimió mucho los sesos para ofrecer un producto tan mediocre y limitado en todos sus aspectos. Se limita a presentar y conectar diversas situaciones, en teoría cómicas, que vive un veterano recién salido de prisión, que quiere sacar el máximo partido al tiempo perdido, sin ser consciente de lo corto que puede ser su tiempo en libertad.

Aunque puede resultar cómico que unos viejos mafiosos vuelvan a desempolvar sus armas y se atrevan a dar un poco de guerra, todo resulta predecible y forzado. Ya no sorprende, historias similares a ésta ya han sido vistas, recordemos sin ir más lejos Space Cowboys, Red y Los mercenarios de Stallone. Todas ellas con un nexo común, viejas glorias de la profesión que quieren demostrarse a ellos mismos y al público que aún tienen el mismo tirón comercial. El problema no es repetir una idea que ya ha funcionado, es hacerlo con mal gusto y sin respeto.

El guionista, se mete en la piel de los protagonistas y parece que tenga en mente el dicho: es como montar en bicicleta, nunca se olvida y comienza a pedalear a trompicones, presentando cronológicamente las andanzas de un exconvicto que acaba de salir de prisión. En el camino pierde el norte, olvida que a veces si uno monta en bicicleta, es porque quiere llegar a alguna parte y en este caso la historia va dando tumbos y no llega a ninguna parte.

Cae en el error de construir una historia endeble, que únicamente se soporta por el carisma que tienen sus intérpretes. Intenta dar profundidad a sus personajes a base de pinceladas dramáticas, presentando los problemas que les han seguido por elegir ser miembros del crimen organizado y de vez en cuando algunos diálogos tienen cierta chispa y logran robar una sonrisa, pero nada más.

Ironía, desparpajo y humor negro, son algunas de las cosas que intenta ofrecer el conjunto de la película, jugando con los paralelismos que se pueden apreciar entre los veteranos actores y los papeles de mafiosos veteranos que encarnan pero, por desgracia, se quedan en intentos, logrando el efecto contrario.

Algunos aplaudirán el atrevimiento de Al Pacino y compañía a la hora de aceptar papeles como éstos, por demostrar el sentido del humor que tienen al reírse de sí mismos, pero del mismo modo, para otros supone un ejercicio lamentable, muy alejado de algunas de sus grandes interpretaciones. A veces hay que saber dejarlo a tiempo, para no ensuciar toda tu carrera con bromas pesadas de este tipo.

Jon san José Beitia

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Comentarios

  1. Adrián

    Lo advertí hace unas semanas y tu crítica me da la razón. Para los que lean esta crítica o la mía, hacer caso y no veais esta película a pesar de su reparto. Mediocre no, peor que eso.

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