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Tipos legales, tipos desaprovechados

Por Adrián Pena

Un cartel que cuenta con tres veteranos y oscarizados actores como reclamo no puede ser mala, o al menos eso pensaba yo antes de ver Stan up guys ó Tipos legales, en castellano. Porque la verdad es que hacía mucho que no veía tanto talento y tan reputado como en esta cinta y tan desaprovechado, un talento que se escapa por el desagüe por culpa de un director con corta experiencia y sin apenas recorrido en el circuito de Hollywood.

Contar con los aclamadísimos Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin es motivo más que suficiente para hacer una buena película; pero el señor Fisher Stevens (director) debe pensarse que los grandes actores y la inercia de su presencia en pantalla harán lo que su deficiencia como director no logra. Con esos tres nombres como referente da igual lo que se nos muestre en pantalla, da igual que sea un drama, un thriller, un western o una comedia negra (que es lo que se supone que es), porque el espectador acudirá a verla por su calidad interpretativa, pero es que ni siquiera esa calidad libran a esta cinta del bochorno más absoluto. Si hace unas semanas hablaba de 7 psicópatas como la comedia negra del año, hoy vengo para decir que esta película es todo lo contrarío a la genial cinta de McDonagh, con falta de ocurrencias, situaciones delirantes y llena de clichés de geriátrico, como el tema de la Viagra o la casa de citas.

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Con una temática tan suculenta como la de un grupo de veteranos delincuentes que se reúnen tras 28 años para una última juerga, es difícil entender el tan desatinado resultado, siendo una idea genial que daba para algo más. Al Pacino es el tipo que tras una larga temporada entre rejas sale de prisión, donde le espera un Christopher Walken con la misión de ajustar viejas cuentas del pasado. Con esta premisa comienza lo que va a ser la última gran juerga de este par de viejos rockeros, juntos recordarán momentos ya vividos e intentarán revivirlos por última vez. A ellos se suma Alan Arkin en una participación escasa para el tamaño de su nombre en el cartel, un Alan Arkin desaprovechado y falto de entusiasmo. Sus dos compañeros con un correcto, aunque discreto trabajo si miramos  su trayectoria, intentarán hacer de las delicias del público, a pesar de no poder esbozar más que dos sonrisas en la cara del vidente, claro está que la culpa reside tanto en un deficiente director como en un pobre guión y no en unos talentosos intérpretes. Lo que debería ser un viaje alucinante y delirante termina siendo un paseo por la noche en el que se recuerda más lo vivido y en el que se olvidan de vivir, porque a pesar de ser un grupo gamberro no consigue enganchar al público ni agradarle. Para colmo el resto del reparto no tiene apenas peso, restando más en una cinta carente de por sí, amén de que el insuficiente guión nos da un pésimo final abierto, un final forzado y acelerado y que pretende ser más artístico que original.

Una lástima que una película que podía haber tenido más sustancia se vaya a perder en el olvido con semejante reparto. El director tiene las llaves de un coche clásico que bien no ha sabido conducir o no ha querido arriesgar con él. El espectáculo final podía haber sido bien distinto con unos retoques de guión y un director de algo de peso, no hay dudas. No pierdan el tiempo con esta cinta, se lo aviso.

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