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Tintes Homéricos

Por Marcos Cañas Pelayo

El pueblo parece dormir una eterna y apacible siesta. La sombra de los árboles y los porches de madera custodian a los habitantes de esta tierra fronteriza del Oeste, un lugar de paso para mucha gente, pero no para su sheriff. La máxima autoridad aguarda en su mecedora hasta que le avisan, en un castellano propio de México, que su cerveza fresca está preparada. La cámara se centra en el vaso cristalino, uno casi se ve tentado a pedirle un trago a James Stewart, a pesar de que pudiera pedirle un 10% de su precio al osado forastero.

John Ford tardaba poco en presentar las características de sus personajes protagonistas; Guthrie McCabe, encarnado por Stewart, no es la excepción. Un cínico y amoral aventurero reconvertido en la estrella de la ley, el ocaso apacible de un pistolero cuyo nombre sigue manteniendo alejados a los forajidos de mala vida en ese pequeño rincón del mundo que ha escogido para sus años dorados. Recibiendo comisiones de todos los negocios de la localidad, McCabe verá alterada su plácida existencia por la llegada de un cuerpo de caballería con una peliaguda misión: negociar el rescate de rehenes capturados por una de las tribus indias del lugar.

El hombre utilizado para ganarle a la causa de los jinetes azulados es un viejo amigo personal, el teniente Jim Gary (Richard Widmark). Con muchas experiencias compartidas, estilos de vida diferentes y dispares sentidos del humor, los dos son un tándem que bastaría para justificar una aventura ligera y entretenida, donde los pieles rojas son muy malos, los colonos inocentes corderos al matadero y el séptimo de caballería llega siempre a tiempo. No obstante, el cine de John Ford siempre ha sido más de lo que parece.

Dos cabalgan juntos (1961) no es ninguna excepción a dicha regla.

Homérico

Me llamo John Ford y hago westerns”. Lo decía con la tranquilidad de un artesano que lleva toda la vida en el gremio de su oficio. Gustaba de presentar un aspecto llano, casi rudo, acompañado por su legendario parche. No obstante, jamás fue un cineasta de clichés. Parece que, afortunadamente, su cine se sigue redescubriendo y alejándose de etiquetas simplificadoras, las cuales hubo un momento en que se limitaron a presentarle como un glorificador de épocas pasadas y cantos marciales, un hombre muy conservador.

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Ese tipo de afirmaciones resultaban terriblemente inexactas. Justo un año después de colaborar con Jimmy Stewart en la película que hoy nos ocupa, Ford volvió a alistar al afamado actor para que, junto con John Wayne y Vera Miles hicieran el que podría ser el más hermoso testamento jamás construido para un género: El hombre que mató a Liberty Valance. Una desmitificación de todo el universo de celuloide que él mismo había ayudado a crear.

No fue el único caso, de igual forma que siempre fue un evocador nostálgico de los atávicos bailes de caballería (hasta el punto de que Eduardo Torres Dulce tituló Jinetes en el cielo a su ensayo sobre la célebre trilogía de la caballería de su admirado Ford), los cuales tienen su sitio y lugar en Dos cabalgan juntos, no se puede olvidar que también fue la cabeza pensante de Fort Apache, la mejor aproximación no-histórica nunca hecha sobre el general Custer sin el general Custer, una metáfora de la eterna victoria de la leyenda sobre la realidad.

Esta buddy road trip movie es menos completa, quizá, que los ejemplos antes citados. Tampoco tiene el enigmático rodaje de Centauros del desierto (1956), la cual ha provocado hipnosis a luminarias tales como Steven Spielberg, cautivados ante los extraños códigos de esa extraña pieza maestra. Pese a ello, es más que digna representante de su cineasta, puesto que nos brinda un adjetivo que es clave para comprender mejor al hombre tras la cámara: homérico.

McCabe, hablando por Ford, más allá de su eterno cinismo, tiene la visión de Ulises sobre lo que son las guerras. Es perfectamente consciente de qué van a encontrar si hallan a esas personas que una vez fueron miembros de los colonos. Unos pioneros que no son presentados bajo un único prisma, hay estafadores, violentos y tramposos entre sus filas, incluso carroñeros del negocio que se puede hacer de la transacción con los indios. Este viaje hasta territorio comanche sirve para ver cómo Frank S.Nugent, uno de los brillantes guionistas entre bastidores de estas producciones, supo captar la esencia del relato original de Will Cook, en el cual se basa la obra.

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Una lucha por el idealismo de uno y  la conciencia sobre la realidad del otro. Gary mantiene sus principios marciales, a pesar de las malas pagas y cabalgadas constantes, siempre hay lugar para bailes organizados por la señora del mayor Frazer, cree que logrará hacer la heroicidad cuando promete a una hermosa joven (Shirley Jones) que encontrará entre los comanches a su hijo. McCabe no vive en esa versión de Amadises de Gaula, podría integrarse perfectamente, por su carácter, en la realista y detallada Deadwood (HBO, 2004).

El primer tramo del film, bromas incluidas y pequeños romances que florecen en el viaje, puede enmarcarse en lo que se consideraría una peli del far west edulcorada, una historia con tonalidades blancas y oscuras, cimentada en el talento de sus actores y la buena mano del director rodando, carente de más interés. Sin embargo, conforme avanza la misión, Two rode together va cambiado, lenta e imperceptiblemente, hasta tornarse, nuevamente, en esa épica desmitificación homérica, algo nada extraño, teniendo en cuenta la debilidad de Ford por los versos de La Ilíada y La Odisea.

El rapto de las sabinas

Cuando Pearce y J.Léturgie consiguieron los derechos para continuar las aventuras de Lucky Luke, creado por Morris, contando con guionistas de la talla de René Goscinny, una de sus primeras aventuras fue Kid Lucky, donde uno de los cómics franco-belgas de vaqueros por excelencia exploraba en un tono agridulce (como la propia Dos cabalgan juntos) una aventura de rescate de colonos muy similar a la que hoy nos ocupa.

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El tomo incluye pequeños extras como las litografías de Delannoy, mostrando esta particular versión del rapto de las sabinas con tintes de guerra de cabelleras. El cómic tiene el acierto de recordar, igual que hace Ford, que algunas de las personas raptadas terminaron por optar con quedarse con sus captores.

Si bien hay personajes muy desaprovechados como el joven y belicoso guerrero indio (caracterizado por Woody Strode, quien volvería a colaborar con Stewart en la ya citada El hombre que mató Liberty Valance, haciendo un papel memorable como Pompey), el cual se indigna tanto con sus enemigos naturales como con su jefe, quien trafica con los rostros pálidos a cambio de favores personales.

Es una parte donde uno quiere que el viaje se detenga más, incluyendo una exploración muy interesante de la enamorada de Jim Gary, la joven Marty, colona que admite tener remordimientos porque sospecha que, tal vez, una parte de su subconsciente no se esforzó lo suficiente en salvar a su hermano de las garras enemigas por saber, pese a ser muy pequeños, el destino preponderante que a él le aguardaría a él por ser el varón y futuro paterfamilias. Un hilo de tragedia griega mueve estos intentos de recuperación del pasado, los cuales justifican y dignifican los recelos de McCabe, perfecto conocedor de que estas víctimas van a verse marginadas por dos mundos, en lugar de uno.

Aquí Dos cabalgan juntos vuelve a desmarcarse de los vicios del género, incluyendo las risueñas y castas humoradas del arranque, destacando la eterna e invencible guardia pretoriana de Ford (por ejemplo, el siempre infalible Andy Devine) empezando un ciclo de nóstois (“regreso al hogar”). Entre ellos, McCabe mostrará un especial interés por una bella muchacha, llamada casualmente Elena (Linda Cristal).

La unión fordiana el sheriff de Tascosa y el teniente de caballería, muy similar a la mantenida por el monarca de Ítaca y Diomedes de Argos en el pasado, había cumplido los propósitos de su autor.

Ni siquiera el propio Ford hablaba con especial cariño de esta obra, sin embargo, el tiempo, siempre prudente consejero, se ha encargado de hacernos redescubrir los muchos matices escondidos tras el primer visionado.

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