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Tiempos difíciles para la solidaridad

Por Jorge Valle

Es incontestable que el arte es hijo de su tiempo, que está íntimamente ligado a las circunstancias que rodean a la sociedad en la que nace, y que ha constituido desde siempre uno de los caminos más frecuentados por los individuos para la denuncia de la injusticia, el atropello y la inmoralidad.

Por eso en la Europa de los últimos años, herida por las altas tasas de paro y por una ascendente desigualdad social, el cine no solo ha servido como vía de escape a los problemas cotidianos, sino también como un manifiesto contra la precaria situación que viven muchos de los ciudadanos que han perdido su trabajo, que aún no lo han encontrado, que trabajan durante jornadas interminables a cambio de sueldos raquíticoso que están estudiando sin motivacionante las perspectivas de futuro que les esperan. Los hermanos Dardenne siempre han sabido fotografiar las miserias sociales de manera excelente y mostrárselas a un público que, en su inmensa mayoría, desconoce su existencia o prefiere obviarla ante las  inquietudes morales que podría suscitarle.

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La última película de los realizadores belgas presentada en el Festival de Cannes, Dos días, una noche (2014) habla, a través del personaje interpretado por Marion Cotillard, de la desesperación y la frustración que supone perder el empleo, del verse agobiado y asfixiado de repente por la ausencia de un salario con el que satisfacer las necesidades más primarias. Sandra se ve obligada a convencer a sus compañeros de trabajo para que renuncien a su paga extra y pueda así ella conservar su puesto dentro de la empresa. El coraje y la valentía de esta mujer depresiva para llamar a la puerta de casa de sus compañeros son admirables, así como su determinación a salir adelante a pesar de sus múltiples tentativas de rendición, de tomar el camino fácil, de empastillarse y ocultarse en la oscuridad de las sábanas, rehuyendo el problema en lugar de afrontarlo. Sandra, con la ayuda inestimable de su marido, que constituye siempre un apoyo sólido y firme para ella, hace todo lo que esté en su mano para conservar su trabajo. Al igual que en El niño de la bicicleta (2011), los belgas apelan al realismo y a la sencillez narrativa para conectar con el espectador y remover su conciencia. Alejados en todo momento del maniqueísmo, sin música que subraye las emociones o los momentos de máxima tensión, los directores dejan en manos del público la tarea de juzgar a los personajes, cuyas razones para apoyar el despido de Sandra u oponerse a él y renunciar a 1.000€ de su sueldo anual son igualmente respetables y comprensibles. Dos días, una noche constituye, en definitiva, cine necesario en estos tiempos de crisis, pues nos muestra una realidad mucho más cercana de lo que solemos pensar, una realidad dura y escalofriante donde la empatía y la solidaridad con los demás se antojan como las armas más poderosas para hacer frente a las situaciones más difíciles.

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Me ha gustado mucho tu crítica, me atraen los temas sociales y haré lo posible por ver este film belga “Dos días, una noche” ¡Felicitaciones! Enrique Fdez. Lópiz

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