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Thriller trepidante realizado con oficio y poco más

Por Enrique Fernández Lópiz

El invitado (Safe house) es sin duda una obra contemporánea que retrata a los llamados “cuidadores profesionales”, que no son sino espías al servicio de sus países que viven de forma larvada, latente, silenciosos, meses o años, habitando pisos francos en las ciudades principales del mundo. A estos lugares van a parar individuos detenidos de forma totalmente ilegal, a fin de sacarle por los medios que fueren, lo cual incluye la tortura, la información secreta que posean. No en vano estamos en pleno siglo XXI, una era donde hay más indefensión y falta de respeto a los derechos humanos que nunca. La diferencia es que no nos enteramos bien, o no nos queremos enterar (p.e. Guantanamo, etc.).

En la historia, Tobin Frost (Denzel Washington) lleva más de diez años sin dar señales de vida y sin que se sepa por dónde anda. Él es un sagaz y manipulador ex agente de la CIA del cual se sospecha que vende información reservada y muy secreta. Cuando es localizado, perseguido y casi apresado, logra introducirse in extremis en el consulado norteamericano de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Logran sacarlo de su escondite para llevarlo a un piso franco donde lo empiezan a torturar para que confiese sus faltas y la información que posea. Pero hete aquí que de manera rauda y sin dar lugar al respiro, unos mercenarios atacan el piso franco al que lo habían llevado, un piso que cuida un agente novato llamado Matt Weston (Ryan Reynolds). Tras una batalla a tiros en toda regla, Weston escapa con el prisionero y ambos procuran sobrevivir, algo difícil en sus circunstancias, para, entre otras, averiguar y conocer la identidad de sus perseguidores.

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Daniel Espinosa es un director sueco de origen chileno que debutó con esta cinta en el cine de Hollywood, con una historia muy “made in USA”, esto es, una película de espías en la que se muestran los trapos sucios y humeantes de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, CIA, lo cual es ya todo un subgénero que tiene sus propios códigos cinematográficos. Espinosa se esmera y se desempeña bien, tanto en las escenas de acción como en los momentos de respiro. Pero es mi parecer que no son necesarios tantos movimientos de cámara pues una escena de acción no es el equivalente a un movimiento sísmico; tampoco se precisa de planos tan extremadamente cercanos, como podría venir mejor en el caso de un melodrama o similar.

El guión de David Guggenheim está bien trabado, si bien, desde mi modo de ver, aporta poco a este tipo de cine del que ya hemos visto mucha metralla parecida. Diálogos parcos y acción trepidante constituyen el eje de esta narración de espías. No está mal la música de Ramin Djawadi. La fotografía de Oliver Wood es buena, con textura con grano y colores muy saturados, y estilo visual muy estudiado y cuidado. El montaje es endiablado.

En el reparto tenemos a un Ryan Reynolds y a un Denzel Washington (como pez en el agua éste y quien más sobresale del dúo protagonista) que hacen sendas interpretaciones llenas de inquietud y parca en gestos. A ellos se les une un espléndido equipo de grandes actores en papeles secundarios como Brendan Gleeson o Sam Shepard, actores que sin duda han nacido para la interpretación. Y acompañando de manera sobresaliente Vera Farmiga, Robert Patrick, Ruben Blades, Nora Arnezeder, Liam Cunningham, Joel Kinnaman y Fana Mokoena.

Quien vea o haya visto esta cinta no podrá decir que no le ha salpicado la metralla o le ha subido la adrenalina hasta la coronilla, pues tiene una “planificación rabiosa, con secuencias como bofetadas, y un montaje felino que le procura a la historia esa sensación de pistoletazo de salida de los cien metros […] sin apenas respiro ni para el espectador ni para la contemplación del entorno o los personajes” (Rodríguez Merchante). Personajes que por cierto responden a los tópicos del género y que hacen lo que se espera de ellos. Esto hace que la sorpresa sea mínima, aunque hace que la adrenalina suba y con ella la recaudación, o sea, el alma de este tipo de cine, los dólares. Es así, film trepidante que no te deja quieto en la butaca sin más y con mucha asistencia de público.

El film está rodado con carácter y distinción, lo que no evita que se quede “a medio camino entre el puro entretenimiento y la denuncia política” (Ocaña). Y además, esta película de infarto que nos arroja la faceta más indecorosa del espionaje y el relato de unas vidas falsas instaladas en la mentira permanente, resulta que “ante tal borrachera de tiros, engaños y persecuciones varias, puede llegar un momento en que se confundan a los malos con los buenos” (Carmen Lobo). Y este extremo engañoso y relativista, a mí personalmente, me parece algo muy delicado en el terreno de lo ético.

En resumen, una película de acción intensa en Sudáfrica, rabiosa, enérgica, que compensa su previsibilidad con fuerza bruta y una densa atmósfera. Una película que sólo parecerá esplendorosa a quien haya visto pocos thrillers de espionaje. Pero para los que tenemos un recorrido, esta obra se queda en una obra bien realizada, construida con oficio, pero cuya conclusión es que no deja de ser otra entre muchas, una del montón.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=M_lAj5zCek0.

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Comentarios

  1. Miguel Ávalos

    La vi hace tiempo, entretenida y con acción e intriga, pero entre las de su género las hay bastante mejores para mi gusto.
    Un reparto enorme, eso sin duda, y un Ryan Reynolds que demostró que podía realizar actuaciones creíbles y efectivas.
    No es mala elección para alguna tarde si la dan por TV.

    Como siempre gran crítica Enrique!
    Un abrazo!

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Gracias por tus palabras. Abrazos, amigo!!

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