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Thriller entretenido sobre las injusticias de la justicia

Por Enrique Fernández Lópiz

En Un ciudadano ejemplar Clyde Shelton (Gerard Butler) tenía una esposa y una hija adorables a las que un psicópata asesinó brutalmente delante de sus propios ojos dentro de su propia casa. Pero los asesinos, entre unas y otras componendas con los abogados no han sido condenados como merecían. En parte, el responsable de este despropósito es Nick Rice (Jamie Foxx), un hombre ambicioso, ayudante del fiscal del distrito que pactó con el abogado de uno de los criminales. Cuando Clyde descubre el horrible acuerdo, planeará su venganza con una precisión cirujana. Y será implacable a la hora de llevar a cabo su desagravio.

F. Gary Gray dirige con oficio un tenso thriller con suspense, zozobra, pánico social, y algo de entretenimiento. El guión de Kurt Wimmer es exagerado y mediocre, música que acompaña de Brian Tyler y una fotografía como tantas, de Jonathan Sela.

En cuanto al reparto, es mi parecer que los dos principales protagonistas, o sea el exitoso actor Gerard Butler en el papel de víctima asesina, o del abogado ambicioso protagonizado por Jamie Foxx, cumplen sus roles con justeza. Y en el mismo tono, también sin alharacas les secundan Colm Meaney, Leslie Bibb, Josh Stewart, Bruce McGill, Regina Hall o Viola Davis por mencionar algunos secundarios.

La película tiene una buena puesta en escena y el montaje es óptimo, si no, se habría hecho insufrible el visionado.

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Pero lo que me interesa de este film es cómo puede observarse que el cine norteamericano ha servido y está sirviendo de caja de resonancia de una preocupación social en toda regla. Al modo de: Yo soy la justicia II, 1987 de J. Lee Thompson; La extraña que hay en ti, 2007 de Neil Jordan; o la serie Dexter, 2006; esta historia y tantas otras de justicieros que haberlas las hay, practican la Ley del Talión (“ojo por ojo, diente por diente”), ante las injusticias de la propia justicia e incluso de la policía y los políticos. Como digo, esta polémica se zanja en este tipo de filmes por la vía de la desbocada venganza. Una especie de fantasía violenta a lo Chuck Norris por ejemplo. Esta película desvaría y no toma de manera verosímil el toro por los cuernos. Como apunta Ocaña: El día que alguien se decida a ofrecer un escarmiento que resulte catártico, verosímil, comprensible para el común de los mortales a pesar de su ilegalidad, provocará una verdadera controversia artística, social y política.” Y es que no se puede convertir a un sufrido pater familias a quien han asesinado a esposa e hija, quien sufre y odia, no se le puede trasmutar así como así en un sucedáneos de Jean-Claude Van Damme.

La historia es tan increíble que para que sea algo digerible y convincente, pero sólo algo, en palabras de Cuéllar, hay que hilar muchas puntadas del argumento con alfileres de plástico. Así pues, no resulta creíble la explicación de que este buen-mal hombre sea tan listillo con un razonamiento final tan banal.”

Pero ¿qué pasa al final? Pues al final lo que ocurre es que vemos la peli, pues más o menos entretiene un ratito, e incluso alabamos al bueno-malo, mayormente porque la gente, tanto en los EE.UU., como en España, como en Pekín, estamos hartos de que nos toquen las narices y que se burlen tan escandalosamente de los ciudadanos. Pero sin duda, la peli es además de muy regular, un evidente mal ejemplo.

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