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Thriller, drama, intriga, envidia

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace ya algunos años que vi esta película en su estreno y me pareció buena. Una película absorbente que no te da respiro y que trata sobre la naturaleza humana parezca un mero thriller. Es decir, que algún espectador la puede considerar un caso extremo de violencia y sometimiento y paralelamente una inusitada historia de amor. Sin embargo, yo veo una metáfora de la vida, un acontecimiento que ocurre de manera dramática y rotunda en el film pero también en la vida y que con sus matices y gradientes, es más común de lo que parece en nuestra existencia y en nuestro entorno.

En La sombra de un secuestro (The clearing), Wayne (Robert Redford) es un conocido y exitoso empresario que vive una relación apacible, amorosa y cómoda con su mujer Eileen Hayes (Helen Mirren), el “sueño americano”, vaya. Es un hombre de esos que se denominan envidiable, al que todo le va bien: la salud, el dinero y el amor, como reza la conocida canción española (siempre me sorprende cómo la sabiduría, a diferencia del conocimiento científico, transita a través de los vehículos de la cultura como lo son las canciones). Pero sigamos, ya desde el principio de la película la paz y la felicidad familiar, que incluye dos hijos adultos y nietos, se quiebra cuando Wayne es secuestrado a plena luz del día. El secuestro lo ha llevado a cabo un individuo de nombre Arnold Mack, que es el opuesto a Wayne: un individuo fracasado en el trabajo y en sus relaciones con su esposa (Willen Dafoe). El captor arrastrará a Wayne a una penosa e interminable caminata a golpe de pistola, en la cual afloran verdades y confidencias de una y otra parte: raptor y víctima. Conforme la investigación avanza a manos del FBI, su mujer Eileen se entera de que su esposo continúa con su amante. En tanto, Wayne, que siempre ha presumido de ser un sagaz negociador, se da cuenta que su vida y su destino está en manos del hombre que lo ha secuestrado y que nada tiene que perder y sí mucho que ganar.

El holandés Pieter Jan Brugge es sobre todo un productor cuya única película dirigida es la que aquí comento. Curioso, pues la película está muy bien llevada, con mucha agudeza sobre todo en los detalles, elegante ritmo pausado, y gran dirección de actores. Además, Brugge aporta el original recurso narrativo de romper la unidad temporal por medio del montaje, es decir, hacer que las historias paralelas de los personajes transcurran en tiempos distintos, cuando aparentemente siguen un orden temporal común. Pero, en fin, parece que no es lo suyo o no le agrada este trabajo de dirección al señor Brugge… al menos por ahora.

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La obra tiene, desde mi modo de ver, un guión bien elaborado, escrito por Justin Haythe, basado en una historia de Brugge y Haythe. Es un guión con tensión, lúcido y agudo, y diálogos muy interesantes para quien quiera o pueda escucharlos en su tonalidad profunda, pues tocan de lleno al alma humana, sus recodos más intrincados, las emociones inconfesables o largamente guardadas en forma de rencor; incluso toca de lleno el territorio del amor. Me ha gustado la música de Craig Armstrong y la brillante y nítida la fotografía de Denis Lenoir.

Jan Brugge hace una curiosa película donde resalta su singular puesta en escena, su capacidad narrativa contenida, su firme apuesta por el retrato de los personajes, amén, como luego diré, de unas excelentes interpretaciones. Como apunta Ebert: “No sigue las usuales fórmulas del cine criminal. Lo que pasa al final surge del carácter de los personajes, no de lo que piden los finales de Hollywood. Con esa sensación, la historia nos absorbe poco a poco”.

El reparto es de lujo con un Robert Redford que logra convencer sobradamente al respetable con una actuación de las mejores que le he visto: soberbio y sumamente convincente. Willen Dafoe está sobresaliente en el rol de hombre abyecto, envidioso y amargado, lo cual hace de forma creíble. Y Helen Murray está sencillamente perfecta en el papel de abnegada esposa capaz de todo para que su matrimonio no salte en pedazos; irradia el profesionalismo y la altivez necesaria, para vibrar y hacer correr emoción en su angustiante personaje. Tres interpretaciones sabiamente recreadas. Acompañan muy bien Mart Craven, Alessandro Nivola, Melissa Sagemiller, Wendy Crerwson y Larry Pine.

En realidad este film hace una dura y amarga diatriba social sobre la hipocresía, las mentiras, las desventuras y fingimientos que suelen acompañar el camino del éxito y las aparentes “estabilidades familiares”.

En fin, thriller tintado de drama e intriga, que tiene su mensaje social y moral, que aborda la envidia como motor de mal (Arnold es un gran envidioso de Wayne). La envidia, a diferencia de los celos que necesita de al menos tres personas en liza, la envidia digo, es una relación de dos partes en que un sujeto envidia al otro por alguna posesión o cualidad; no es necesario que una tercera persona intervenga en ella. Y Arnold, antiguo empleado de Wayne que éste parece haber olvidado, no ha podido sustraerse a desplegar toda la violencia de que es capaz, siguiendo la estela maléfica y destructiva de la envidia insana. Y partiendo de esta premisa psíquica, desencadenará todo un rosario de crueldades cuyo aparente fin es el enriquecimiento de Arnold, pero a la vez es mucho más: la oportunidad de destruir al envidiado Wayne.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=E7uAbhoKHe4.

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