Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Thriller conservador y cándido

Por Enrique Fernández Lópiz

En Presa del pánico (1999), Walter es un alto cargo de una empresa farmacéutica que viaja junto a su familia a Ámsterdam para cerrar un importante acuerdo de negocios. Junto con ellos viaja Melissa, su hija. La familia es norteamericana y en el viaje pretenden alternar trabajo a la vez que placer. Es un viaje que Walter ha querido realizar, con cierta oposición de su esposa que ve con recelo los peligros de la capital holandesa. La hija es una niña jovial de diez años que como resultado de una enfermedad que padeció hace unos años, es incapaz de hablar, pero conserva el oído y se comunica por señas o escribiendo en un pizarrín que siempre lleva encima. Finalmente llegan a Ámsterdam en un frío día otoñal, y son recogidos en el Aeropuerto.

Al llegar al lujoso hotel donde sus padres han reservado una suite, el alboroto de los alrededores debido a la presencia de una famosa estrella del rock, hace que la niña se pierda y por razones del azar sea testigo del asesinato de un hombre en el oscuro patio del hotel. Los criminales se dan cuenta de su presencia, y Melissa inicia una huida por las calles de Ámsterdam para que no la atrapen. En la frenética huida se irá encontrando con individuos que le sirven de ayuda para ocultarse. De ahí en más, el film es la constante persecución de la niña por parte de los delincuentes y la continua huida e intento por parte de niña para que no la liquiden. Eso sí, la persecución de Melissa resulta inverosímil en diferentes escenas, como el momento del ascensor: injustificable. La trama se desarrolla así, como una pretendida historia de suspense y policial, con la consiguiente preocupación de los padres por el paradero de la niña que se pasa la peli perdida, pero haciéndole la vida imposible a los malos maletes.

Dirige sin mayores comentarios este film de calidad media-baja el holandés Dik Maas, quien además, para redondear faena escribe también el guión, un libreto que pretende ser dramático y de suspense pero que se parece más a una chanza. La música es también de ¡Dick Maas! (¡por Dios este hombre es “como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”!). Fotografía oscura y sin mayor relevancia que la de cumplir de Marc Felperlaan.

presadelpanico2

El reparto tiene estrellas como William Hurt, principalmente, que en esta peli está bastante regular e incluso patético en ocasiones diría yo; y le acompañan Jennifer Tilly (regular), Denis Learly (correcto), Francesca Brown (OK), Michael Chiklis y Corey Johnson.

Creo que es film bastante conservador, ridículo en ocasiones, prejuiciado como su abominable protagonista (Tilly). Incluso el recorrido turístico por Ámsterdam, en vez de mostrarnos la bonita ciudad que es, nos enseña una urbe de sucios canales, nocturna y tétrica, con los tonos y la sensación de ser un lugar feo y hediondo. Si yo fuera ciudadano de los países bajos, estaría archicabreado con la imagen que esta peli da de Amsterdam, una especie Bronx en el corazón de Europa. No creo que a Maas le vayan a dar la medalla al mérito turístico en su país. Vaya individuo impresentable. En fin, auténticamente penoso.

Hay una pregunta inexcusable en este film: ¿Estamos ante un thriller, una película de acción, una comedia policíaca o un drama familiar? El director Dick Maas parece que no se decidió y el resultado es una película apenas entretenida, que comienza con demasiadas pretensiones y termina siendo absolutamente decepcionante; incluso la niña me ha recordado a Pipi Calzaslargas, que creo que así se llamaba la insufrible niña de la serie de TV que interpretaba la actriz sueca Inger Nilson. Pues la niña muda, en ocasiones se me parece a ella. Ya veis a donde puede llegar el despropósito de Maas y su equipo.

En resolución, no es thriller o tiene poco de eso, pánico o terror, poco, y si lo hay es para los criminales que son bastante estólidos. Lo que abunda a granel es la majadería y la estupidez, pues todos casi excepción de los personajes en este irregular telefilm lo son: los policías, el torpe sicario, el recepcionista cretino, el chef del hotel, el padre de Melissa, la estrella de pop Billy Boy Manson alias Mario Vaquerizo, la madre que no sabe dónde tiene la mano derecha, todos son patéticos a más no poder. Si a eso lo quieren llamar comedia, bueno, allá cada cual. Y a propósito, ojo con los diálogos risibles que sueltan porque no tienen desperdicio. Tal vez como en Holanda el cannabis es legal, pues, tal vez digo, Dick Maas se había puesto hasta las cejas y así le salió la obra, su obra, para caerse de espaldas.

Yo, sin pretender hacer apología de los estupefacientes, para eso me fumo el petardo y me río hasta de mi sombra, sin necesidad de aguantar tanta tontuna.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario