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The Zero Theorem

Por Alejandro Arranz

-La mala racha de Terry Gilliam continúa, esta nueva Sci-fi Cyberpunk es tan reiterativa y falta de ideas que por momentos el tedio adquiere una nueva definición.
-El reparto y ciertos elementos de la propuesta visual gustan, los primeros minutos llaman la atención, el resto son muchas drogas y una interminable verborrea trivial.

El antaño genio Terry Gilliam que siempre nos sorprendía con cine provocativo, excéntrico y fascinante lleva unos cuantos años ofreciendo cine de muy baja calidad, lleno de ideas insustanciales y mal desarrolladas, con apartados visuales que han mudado de los fabuloso a lo pretencioso y con historias terriblemente aburridas y planas que no llaman nada la atención. Sin embargo esta nueva apuesta pintaba bien, con un buen reparto encabezado por el genial Christoph Waltz y una aparentemente interesante historia de ciencia ficción sobre un científico que busca la solución a un extraño teorema con el que se podría averiguar el significado de la existencia, todo esto transcurre en una distópica sociedad corporativa controlada por la “Dirección”. Con esta premisa como bien he apuntado la cosa resultaba interesante, pero no ha acabado por serlo, aunque eso lo trataremos más adelante. El reparto que acompaña a Waltz tiene un par de nombres muy llamativos y la verdad es que el casting es excelente, los actores son los siguientes: Matt Damon, Tilda Swinton, Mélanie Thierry, David Thewlis, Ben Whishaw y Peter Stormare -entre otros-. Como último nombre que comentar antes de entrar en materia está el director de fotografía Nicola Pecorini que ya colaboró con Gilliam en cintas como Miedo y asco en las Vegas o Tideland.

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Tras las expectativas puestas en la apuesta de Gilliam parece que éste prosigue con su ininterrumpida mala racha, de hecho si no fuera por ciertos detalles divertidos y en especial por el magnífico trabajo de los actores estoy seguro de que esta sería una de las películas más insoportables de Terry Gilliam, el redundante y trivial guión de Pat Rushin tiene mucho que ver. Los primeros minutos son sugerentes, Waltz consigue que te intereses por su personaje y en principio la propuesta visual puede resultar llamativa, aunque como indiqué antes termina por pecar de pretenciosa y plana. Tras los primeros minutos de presentación de esta distopía que tanto puede recordar a Brazil en algunos aspectos, todo empeora sustancialmente y durante los próximos 80 minutos todo va a ser igual, una lista bien larga de caricaturescos personajes que aparecen y desaparecen a placer por el cuadro de Gilliam casi como en una película de Wes Anderson pero sin ese encanto o comicidad, una historia que no avanza debido a un guión en bucle, que repite diálogos y situaciones hasta que la reiteración resulta insufrible, más aún teniendo en cuenta que no son situaciones insólitas sino más bien un puñado de lugares comunes en las que los personajes llevan a cabo un par de acciones que se repiten una y otra vez mientras vomitan un montón de verborrea existencial indigerible apoyada por una imaginería visual de cuestionable profundidad y/o inteligencia.

Al poco de empezar la película se hace evidente que la narrativa queda superditada al apartado visual y nadie puede negar que Pecorini y Gilliam logran un diseño interesante, aún así nunca debería dejarse la narrativa a un lado . El guión de Rushin tiene algunas ideas muy sugerentes e incluso divertidas, algo de crítica social y referencias a otras películas de ciencia ficción, pero su núcleo está estropeado y los problemas de éste se extienden al resto del libreto. Los diálogos tienen su agudeza cuando no sueltan esa soporífera charla semi-existencial, los personajes no están demasiado bien escritos, salvo un par de ellos el resto son alegorías caricaturescas sin demasiado calado en la trama, pero en todos los casos están reforzados por el trabajo de los actores, que hacen mucho por la película. Sinceramente sin ese casting no imagino lo infumable que podría haber llegado a ser esta nueva película de Terry Gilliam. Y por eso hay que hablar de los actores, la interpretación de Christoph Waltz como el excéntrico Qohen Leth es soberbia de principio a fin, aunque el personaje llegue a cargar más pronto que tarde, por otro lado Mélanie Thierry hace un trabajo muy correcto añadiendo matices muy oportunos a su personaje. Para con el resto del reparto el trabajo es bastante homogéneo, todos haciendo pequeños cameos en la piel de personajes muy extravagantes, destaco a Tilda Swinton porque alabo la habilidad de esta actriz para camuflarse.

Otra falsa alarma, el verdadero Terry Gilliam sigue desaparecido desde hace más de una década, su genio e ingenio se esfumaron dejando lugar tan solo a lo simple y estrafalario, parece que el director de 12 Monos se dedica a mostrarnos sus sueños a través de un montón de fotogramas y diálogos triviales que no logran apasionar ni hacernos pensar, más bien todo lo contrario. Christoph Waltz realiza un trabajo estupendo y consigue que la película se haga menos cuesta arriba, pero hay poco más que destacar de este trabajo, una pena que la apuesta haya fracasado porque ya no quedan motivos para confiar en que Gilliam vuelva a ser el que era.

Alejandro Arranz

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