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The tourist

Por Jon San José Beitia

Enésima demostración de la falta de ideas que hay en Hollywood a la hora de producir y desarrollar argumentos originales que resulten potencialmente atractivos para el público.

The tourist es el remake de El secreto de Anthony Zimmer, una producción francesa del año 2005 y que, apenas cinco años más tarde, fue reversionada con la participación de dos estrellas de renombre como Angelina Jolie y Johnny Depp. En la actualidad, se hacen remakes a ritmo de palomitas, en cuanto una película tiene cierta repercusión las productoras americanas se lanzan a comprar sus derechos y a presentar la misma idea con los rostros conocidos de Hollywood, apoyándose en un mayor presupuesto que la original. Lo gracioso del tema es que gran parte de ese presupuesto, suele ir destinado a llenar los bolsillos de las estrellas que participan en ellas y no en mejorar el diseño de producción. En este caso, unos desperdiciados Angelina Jolie y Johnny Depp, cuya química brilla por su ausencia.

The tourist tiene el aspecto de un trabajo impersonal en el que se cuida el aspecto visual, pero que descuida el ritmo narrativo. La película tiene un comienzo intrigante e interesante, con una trama de espionaje y seguimiento de los personajes, atractivo, cuyo interés va decayendo a medida que el argumento se convierte en una sucesión de situaciones forzadas e insostenibles. Como ejemplo, sirva la forma en la que se conocen los dos personajes principales. Intenta imitar las producciones del cine clásico de espionaje, con romance de por medio, apoyándose en ciertas dosis de comedia de enredo, que no llegan a funcionar en ninguno de sus campos.

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Presenta un ritmo narrativo parsimonioso, en un argumento endeble, confuso y mal construido, donde todo parece estar metido con calzador, para conseguir alcanzar alguna que otra sorpresa que, por desgracia, se intuye con facilidad. Los integrantes del reparto se limitan a cumplir, haciendo su trabajo habitual, Angelina Jolie luciendo su belleza y Johnny Depp, explotando sus gestos y miradas habituales, vistas en numerosas ocasiones, sólo que en esta ocasión, no puede esconderse detrás de una capa de maquillaje. Juntos forman, posiblemente, la peor pareja que se ha visto en años en una película, no hay nada creíble en la relación que establecen, ni un atisbo de química entre los dos intérpretes.

El argumento de la película y el desarrollo del mismo se antojan insostenibles, se puede decir que tienen más futuro, en ese aspecto, los edificios y calles de Venecia. El montaje y desarrollo de las secuencias de acción resulta pobre y carente de originalidad, algo en lo que el director podría haber hecho algo más interesante, desaprovechando las posibilidades que ofrecía una localización como Venecia. No logra transmitir intensidad ni sensación de verdadero peligro, en ningún momento. Es como si el propio director hubiera ido de turismo a Venecia y estuviera de vacaciones, olvidándose de sus labores. La banda sonora tiene el toque de picaresca y espionaje que intenta ofrecer el argumento de la película pero, curiosamente, no encaja bien en diversas escenas.

Tras un largo y anodino paseo por Venecia, la película alcanza su desenlace, como lo hace a lo largo de todo su metraje, de una forma torpe, forzada e incluso previsible. Un material que podría haberse hundido en las aguas de Venecia sin que nadie lamentase su pérdida.

Jon San José Beitia

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