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The Girl with All the Gifts

Por Áralan Aidir

De unos años a esta parte, el cine está consiguiendo que expanda mis propios gustos. No me gustaban las de vampiros y me encontré hace ocho años con la sueca Let the Right One In (desafortunadamente, me encontré hace tres con Solo los amantes sobreviven y me volvió a arrebatar la fe hasta el punto de casi olvidarme de su título); no me gustaban las de zombis y ahora me he encontrado en un cortísimo espacio de tiempo con la surcoreana Train to Busan y la que nos ocupa, The Girl with All the Gifts.

¿Y qué tiene de especial para que a alguien a quien no le gusta este género, esta película le haya tenido enganchado el 80%  del tiempo (el otro 20% imagino que hará las delicias de aquellos a quienes le gusten los tópicos de este género; a saber: persecuciones, tiros en la cabeza, sesos volando y antropofagia).

Lo primero de todo han sido las actrices. ¿Glenn Close? ¿Gemma Arterton? Pues sí y no. Lo hacen bien, correcto, por más que nos choque ver a Close en el papel que interpreta. Pero, sin duda alguna, lo mejor de toda la película es la niña, una increíble Sennia Nanua que roba todo el protagonismo a todo el que se acerca a ella. No es sólo por el papel que le ha sido dado y por la estupenda presentación que tenemos de su personaje, es que su variedad de registros y la dicción es realmente notable para los… ¿12 años? que tiene. Merece la pena el visionado solo por ella.

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Pero no solo por ella. La recreación del mundo postapocalíptico es realmente notable. Te crees que Londres ha sido arrasado de veras y los exteriores y el CGI no te sacan en ningún momento del argumento ni de las escenas. Otro acierto ha sido la presentación desde el segundo uno en interiores y cómo poco a poco la historia va abriendo personajes y espacios para irte situando paulatina y eficazmente en el mundo en el cual se está desarrollando toda la trama. De hecho, el “agente zombi” me ha recordado a un episodio de Planeta Tierra cuando las esporas de un hongo colonizan a una hormiga y empieza a crecer dentro de ella hasta cambiar su comportamiento y utilizar su cuerpo como alimento y desarrollarse a partir de él. La idea es bastante consistente y la explican con claridad y  lógica (en fin, dentro de la lógica del argumento, se entiende). Además, lo salpican con puntos psicológicos de miedo que no necesitan de música estridente, ni de sustos, ni de maquillaje, ni de gore ni de CGI. Solo la explicación acojona. Un ejemplo es cuando Close explica que algunos fetos a punto de ser dados a luz se convirtieron y empezaron a devorar a sus madres desde dentro. Así, a lo loco. Vamos, que solo pensarlo hace que se te tensen los glúteos

Y el detalle final es realmente sobresaliente, muy en el estilo de Soy leyenda (el libro, no la película de final Disney que nos trajeron) en la que se saca al hombre de la cúspide de la cadena alimenticia.

Si os queréis acercar a ella, creo que pasaréis un buen momento. También aquellos a quienes no les gustan las de zombis.

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