Image Image Image Image Image Image Image Image Image

The Butler (El mayordomo)

Por Áralan Aidir

«Diré, entonces, que no estoy y nunca he estado a favor de ninguna forma de igualdad social y política entre las razas blanca y negra; que no estoy y nunca he estado a favor de votantes o jueces negros ni de cualificarlos para que ocupen cargos ni para que contraigan matrimonio con personas blancas, y diré, en adición a esto, que hay una diferencia física entre las razas blanca y negra que creo prohibirá para siempre que esas dos razas vivan juntas en términos de igualdad social y política. Y hasta donde no pueden vivir de esa forma, mientras permanezcan juntos, debe existir la posición superior e inferior, y como cualquier otro hombre estoy a favor de la posición superior asignada a la raza blanca.»
(The Writings of Abraham Lincoln. Abraham Lincoln).

Gran parte de la población mundial, incluyendo la inmensa  mayoría de estadounidenses, desconoce que Abraham Lincoln era un racista como el que más en su época; desconoce que la abolición de la esclavitud se debió más a los intereses económicos del Norte, que al aprobar la decimotercera enmienda y liberar a los esclavos conseguía mano de obra para los suyos con derechos nulos. Es más, se hacía con trabajadores acostumbrados a no tenerlos y a no luchar por ellos. Y fastidiaba la economía del Sur, vital en toda confrontación. Quizá es por eso que cuando nos enfrentamos a El mayordomo, algunos espectadores se sientan desorientados (¡ATENCIÓN, SPOILER!) cuando en 1926, 61 años después de aprobarse la 13ª, el hijo de la dueña de una plantación descerraja un tiro al padre del protagonista tras violar a su madre por el simple hecho de enfrentarse a él. Y no pasa nada. Y es que no pasaba nada, porque para Lincoln, las leyes estadounidenses y la mentalidad de los blancos, dejar de ser esclavo no implicaba de ninguna manera que fueran hombres iguales y que tuvieran los mismos derechos.

En este contexto, un increíble Forest Whitaker es llevado desde la plantación de la granja del sur, donde comienza su formación como asistente negro para la señora de la mansión, Doña Vanessa Redgrave, hasta distintos hoteles para finalizar en la Casa Blanca, donde llegará a conocer desde a Eisenhower hasta Reagan. Tampoco vamos a esperar de una película estadounidense que busca los Oscar con tremenda desesperación que entre en detalles de estos presidentes, desde el satirismo de Kennedy (muy tratada en otra serie) hasta las creencias esotéricas de los Reagan, con Jane Fonda en el papel de Nancy, que incluso las empleaban para llevar a cabo decisiones políticas. Supongo que los trapos sucios se lavan en casa, no en la sala de cine (para eso recomiendo el fabuloso documental Dirty Wars).

thebutler2

De esta forma, por el Despacho Oval van desfilando Robin Williams, James Marsden, Liev Schreiber, Alan Rickman y John Cusack; por la casa del mayordomo marchan su mujer, una Oprah Winfrey prescindible aunque acompañe a Whitaker durante toda la cinta y se intente dar profundidad a su personaje con el tema del alcoholismo, su hijo Louis, que de verdad encarna la lucha por los derechos reales que llegaron en 1964 y la generacional entre padre e hijo y, finalmente, sus compañeros mayordomos: Cuba Gooding Jr. y Lenny Kravitz. El estilo torrentiano de sacar un montón de caras conocidas para que la trama se sostenga mínimamente revela precisamente su talón de Aquiles, una trama problemática que abarca demasiados años y que hace que cada aspecto de la película se trate a base de pinceladas, que no se profundice demasiado en los personajes ni en los contextos históricos para un público no estadounidense. Me temo que si no fuera por todos esos rostros de famosos y el presupuesto, la película no pasaría de ser de una de esas de sobremesa.

Sí se agradece que la lección histórica superficial de cómo los negros consiguieron sus derechos alternando la violencia y la lucha pacífica, reflejado, como digo, en el hijo del protagonista, asistente de Martin Luther King y luego seguidor de las Panteras Negras de Malcolm X, y su evolución. Está bien que se diga que los derechos no se consiguieron porque había una excelsa moral en los gobernantes que los impelieron, basado en una piedad judeocristiana, a hacerles iguales en cuanto lo pidieron por favor (una escena preciosa es la basada en la fotografía de Elliot Erwitt Segregated Water Fountains, de 1950) sino que hay que huir del conformismo, que hay que sufrir para conseguir la igualdad. Y para mantenerla. Y si te llaman terrorista por eso, pues quizá sea el gobierno el que esté equivocado en la acepción. Esto es lo único políticamente incorrecto del film, dicho sea de paso. En este sentido, la evolución del mayordomo está muy bien tratada y la lucha de su hijo, igual.

En líneas generales es una película que se deja ver, que se podría haber aprovechado mejor, que te deja con un ligero sabor a decepción por lo que podía haber sido y no fue y que supongo que olvidaré dentro de aproximadamente un mes.

Como siempre digo, espero que a vosotros os guste más que a mí, que os llegue, que os cale, que permanezca. No es que sea una película incorrecta ni mucho menos. Aunque el apartado técnico tampoco resalte más que en otras películas y sea… eso, correcto, creo que no tendréis la sensación de pérdida de tiempo.

Tampoco sé si sentiréis que lo habéis aprovechado.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Comentarios

  1. Adrián

    No me llama, ni siquiera para la fiesta del cine. Pretenciosa y con un trailer que no ayuda, ¡Ojo!, que no quiere decir que dentro de unos meses no la vaya a ver. Si Denzel Washington la rechazó será por algo, y tu gran crítica no hace mas que corroborar de que pudo haber sido mejor de lo que fue.

  2. Áralan Aidir

    Ya te digo que no me llamaba tampoco mucho a mí, pero al final la vi. No te pierdes nada, así que puedes encontrar otros títulos más interesantes en las salas (que seguro que los hay), anímate a ellos.
    Un abrazo y que vaya todo bien.

Escribe un comentario