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Terminator Genisys

Por Alejandro Arranz

-Este Terminator oxidado, recauchutado y farragoso es un ejemplo perfecto de la ineptidud y la falta de ideas del Hollywood actual. No hay nada como el modelo original.
-De las tres innecesarias secuelas esta es la mejor. Está plagada de easter-eggs y toma la acertada decisión de no tomarse nada en serio a si misma. La pregunta es si los fans podrán hacer lo mismo.

Este artículo lo escribe un gran fan de Terminator, y me refiero por supuesto a las originales de James Cameron. Aquella película de ciencia ficción repleta de paradojas temporales y con robot asesino enviado desde el futuro que se estrenó en 1984 recaudando sólo 17 millones. No obstante el filme apenas tenía presupuesto por lo que recaudó casi el triple de lo que había costado. Cameron utilizó en aquella sci-fi de serie B todo lo que tenía a su alcance, jugó muy eficazmente con el “stop motion” e hizo un sorprendente trabajo con efectos especiales que a pesar de ser rudimentarios funcionaron a las mil maravillas. Por otro lado hubo muchas ideas que se vió obligado a dejar en el tintero debido al presupuesto. Siete años más tarde pudo estrenar una secuela mucho más cara y más impresionante que además rompió con esa famosa frase que afirma “segundas partes nunca fueron buenas”. “Terminator 2” forma parte de esa reducida lista de secuelas que no sólo son buenas, sino que superan a sus predecesoras. Y sinceramente cuando revisiono esta segunda parte no veo razón para hacer una tercera, ni una cuarta y mucho menos una quinta película. Sin embargo poderoso caballero es don dinero, y así ha sido. Terminator 3: Rise of the Machines es una película alejada totalmente del mensaje inherente de las originales, era sencillamente un blockbuster palomitero para aprovechar unos innovadores efectos especiales, no obstante iba tan escasa de buenas ideas que hasta irritaba. “Salvation” se convirtió en el insulto a los fans, no sólo por un guión deleznable, actores mal dirigidos y un chuache irrisoriamente mal hecho por ordenador, es que su mayor virtud, el estilo visual de MCG, se pasaba por el forro la visión de Cameron del mundo postapocalíptico. En vez de aquel yermo oscuro donde las enormes máquinas aplastaban las aglomeraciones de craneos nos encontramos simple y llanamente con un desierto; no hace falta que os diga que no considero Salvation parte de la franquicia. Ahora, 24 años después del verdadero final de la saga, llega la única secuela que posee el espíritu de las originales.

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Alan Taylor (Thor: El mundo oscuro) coge el testigo para esta quinta entrega. Para ello vuelve el amigo Schwarzenegger y el resto del reparto -como es lógico- lo completan actores en auge que atraigan al gran público, como por ejemplo: Emilia Clarke, Jason Clarke, Jai Courtney, J.K. Simmons y Matt Smith, -entre otros-. El guión corre a cargo de Laeta Kalogridis (Shutter Island) y Patrick Lussier (Drive Angry). Dicho esto queda desvelar si esta nueva entrega está a la altura y sinceramente, para nada. Aunque tiene un buen comienzo, unos excelentes efectos especiales (atención a la escena del autobús en el puente) y -para bien o para mal- nos muestra algunos momentos que los fans siempre se han tenido que imaginar; el guión es un batiburrillo indigerible sin pizca de coherencia ni buenas ideas que se sirve de algunos momentos de verborrea pseudo-intelectual que dan vergüenza ajena. Por suerte (la ambigüedad continúa) la cinta no se toma nada en serio a si misma, de hecho se suele parodiar al tiempo que homenajea de forma admirable a las originales. El problema es que un fan acérrimo no parece tan fácil que pueda tomarse a broma la película, la cual tiene tantas ideas descabelladas que pueden llegar a asustar. De cualquier manera no podrá ofenderte como lo hizo “Salvation”. A pesar de todo sigue siendo la única secuela que respeta ese mensaje de libre albedrío de las originales, la única que se atreve a arriesgar un poquito y la única que resulta un verdadero entretenimiento de serie B sin complejos y con homenajes bien resueltos.

Tal vez si se hubieran centrado un poco más en la historia y los personajes y le hubieran restado un par de escenas de acción se podría haber convertido en una gran secuela. Pero tras un buen tramo inicial todo vuelve a ser una persecución continua, interrumpida sólo por alguna escena semi-culebronesca. Alan Taylor es el paradigma del director de cine por encargo, cumple su cometido sin estilo personal ni nada parecido, aunque logra algunos detalles precisos y un par de escenas de acción muy bien rodadas. Otro punto a analizar es el casting, y es que aparte de tener en cuenta si un actor atraerá público hay que pensar si puede llevar a cabo el papel que se le asigna. Schwarzenegger es el único miembro del reparto que sabe lo que tiene que hacer, su Terminator es el alma de la fiesta y cuando se trata de darle humanidad a su personaje también cumple con creces, y es que a pesar de haber sido reducido prácticamente a un personaje cómico, se nota que aunque está viejo, aún no está obsoleto. Jason Clarke es un gran actor pero en esta ocasión no me interesa su actuación, no es John Connor, Emilia y Courtney tienen tan poca química en pantalla que a su lado el T-800 del filme del 84 era carismático (tampoco son Sarah Connor ni Kyle Reese) y por último llamar a un actor como J.K. Simmons para hacer ese incomprensible papel de chiflado secundario cómico me resulta hasta ofensivo, un problema que tengo también con los roles de Matt Smith y Lee Byung-Hun, todo un misterio.

Así pues esta liosa y fallida secuela se postula como la verdadera tercera parte de la saga, ya que al menos “respeta” su espíritu y homenajea con cierta agudeza. Es un entretenimiento tonto que no quiere ser más que eso, acepta su lugar y busca divertir a su público durante algo más de dos horas, algo que sigue sin resultar suficiente para estrenar otra innecesaria secuela más de una saga que concluyó a la perfección hace ahora 24 años. Lo más decepcionante es darse cuenta de las posibilidades que tenía el guión. Pero no se puede cambiar lo que ya está hecho a no ser que se tenga una máquina del tiempo (y aunque se tenga tampoco está muy claro que se pueda) así que tan sólo queda aceptar tal como es esta nueva entrega o repudiarla, el libre albedrío les permite elegir. El humor es un buen aliado, la acción y los efectos especiales vuelven con la misma fuerza y Schwarzenegger demuestra que a veces las reliquias tienen cosas que ofrecer. ¿Se animan?

Alejandro Arranz

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