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Te estás equivocando…

Por Anna Montes Espejo

Vicky, Cristina, Barcelona (Woody Allen, 2008) tiene un argumento excelente. Dos turistas estadounidenses, Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) llegan a Barcelona para pasar el verano, por distintas causas y con diferentes objetivos. Tal y como nos relata a lo largo de la película una anacrónica voz en off (Christopher Evan Welch) las dos amigas son muy diferentes entre sí, aunque puede que no tanto. Las dos desean vivir, tan solo que una, aún no lo sabe.

La construcción de los personajes que integran el reparto es terriblemente endeble y de un maniqueísmo tremendo para un director que ha firmado guiones esplendorosos, antes del declive actual, como los de Interiores (1978), Hannah y sus hermanas (1986), y la que, en mi opinión es la película cumbre de Woody Allen, Delitos y faltas (1989).

Cristina es un intento, en atractivo y en moderno, pero en hueco, de ser Joey (Mary Beth Hurt) de Interiores. Es una grandísima aficionada al arte, y alberga en sí misma su germen, pero la siembra parece no querer llegar nunca. Por ello, se frustra encaprichándose de proyectos infructuosos con la misma ligereza y superficialidad como le ocurre con los hombres. Joey encontrará finalmente su cauce artístico, y no insistiremos en el biografismo que ello implica en este personaje, pero podrá extraer y extraerse de sí misma. Sí, de acuerdo, Cristina se volverá poeta y fotógrafa, pero no alcanzará la trascendencia de los personajes bergmanguianos, será una veleidad más en su lista de cosas que me gustan.

Vicky: la brillante estudiante, la perfecta hija, la novia ideal, pero que había transcurrido toda su vida eludiéndose. ¡Qué casualidad que en el verano barcelonés se producirá la anagnórisis! ¿Qué podría molestar de un personaje que representa una mujer normal, inteligente, sensata, prudente, analítica e incluso difícil? Que Allen la presenta como una infeliz, que Allen cae en la tremenda estupidez de dirigir la mirada del espectador. Cristina, a pesar de ser una eterna adolescente que para vivir románticamente arriesga su salud, será la feliz, la vitalista, la que viva plenamente, y la que viva bien. Vicky será una ciudadana media, volcada en sus estudios, que establece un compromiso, desde luego, cobarde; pero solamente por el hecho de no compartir la inconsciencia de su amiga, será vista como una burguesa gris condenada de por vida a la hipocresía y el aburrimiento.

Ciertamente, el personaje de Cristina es mucho más positivo que el de Vicky en el sentido de la sinceridad y la honestidad con uno mismo. Pero, ¿por qué no nos ha descubierto Allen la mujer que era Vicky, más allá de su faceta de estudiante, madre protectora de Cristina y novia mojigata? ¿Por qué no vemos tan solo que tenía miedo? ¿Y las causas de este? ¿Por qué Vicky debía ser un personaje tan mediocre? ¿Por qué no decir que Vicky y Rebecca Hall eran la única esperanza genuina que podía tener Vicky, Cristina, Barcelona —aunque al mencionar esta película solo se piense en Johansson y Bardem—? ¿Por qué ser Cristina es mejor? ¿A qué precio? Basta ya de tediosas réplicas de Antonie Doinel —y me refiero al personaje de las insípidas secuelas, no al de Los 400 golpes (Truffaut, 1959)—.

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Sí había dos mujeres, tenía que haber, al menos, dos hombres: Doug (Chris Messina) y Juan Antonio (Javier Bardem). Y una vez más, el maniqueísmo que parece últimamente marca de la casa. Cómo no, el artista bohemio —si Allen entiende por bohemio vestir camisas de lino abultadas por el desgaste chusco y, para más inri, sin planchar…—, español —así lo mencionan constantemente en la película, aunque Vicky estudiara un máster sobre la identidad catalana… Quede al gusto del comensal la frontera de la nacionalidad y sus consecuencias antropológicas—, y que pretende ser una reencarnación de Stanley Kowalski, pero sin violencia. Claramente, debe ser el bueno y eso que para ser español no es torero.

El sambenito de malo le ha caído al pobretón de Doug. Excelente representante del workaholic-ejecutivo-agresivo-estadounidense, se pasa la vida viviendo para trabajar en Nueva York, buscando una casa para compartir con su futura esposa —requisitos imprescindibles: piscina, pista de tenis y que la aprueben su pareja de amigos favorita—, y ¡vaya, la única idea romántica que había tenido en su vida parece que también se sitúa en Barcelona! Claro que por entonces, Vicky —evidentemente, quién si no podía ser su estándar prometida— ya era otra… Otra oportunidad de levar esta película del despropósito que Allen dejó hundirse.

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Para rematar la jugada, pululan por Vicky, Cristina, Barcelona una serie de secundarios insultantemente mal pergeñados: Judy (Patricia Clarkson), Mª Helena (Penélope Cruz) —parece que en español peninsular todos los nombres son compuestos—, y… ¿Barcelona?

Judy pretenderá ser la confidente de Vicky, pero se pone manos a la obra hacia el final de la película, y a su personaje solamente le da tiempo a mencionar que va al psiquiatra —¿por qué ahora esta concesión a tus raíces, Woody?—, y a identificarse como el alma gemela de su amiga. Las dos vivirán grises, pero podrán comer muchísimas perdices y lo que se tercie. Hasta puede que las contrate Allen para Maridos y mujeres (1992), si decide volver a dignificarse.

Penélope Cruz parece tener una habilidad especial para interpretar a chonis, no queríamos caer en el término, pero es que la andrajosidad y los harapos que le asestan, sumado a la desidia y vulgaridad continua de sus personajes, y que el único medio que encuentre para expresarse sea gritar, no, chillar que es más onomatopéyico… No nos deja mucha más opciones de la calificación. Que todo ello se comprende porque Mª Helena era otra bohemia, artista total, pero ¡completísima!: pintura, música, fotografía…    —evidentemente, su exmarido y su nueva pareja sacaron buen partido de ello. Desde luego, la autenticidad artística de Cristina y Juan Antonio desborda la película—; y que era una atormentada que a la mínima asesinaba y se asesinaba, y por ello tenía ese carácter, ¡ah! y además, el concepto de amor que compartía con el pintor era de un rompedor y original… Y por lo tanto no existía la felicidad, ni el amor, ni la estabilidad… y por ello… ¡todos esos aspavientos! ¡Pero si ya sabíamos todo eso, Woody!

Una torpeza increíble y más viniendo de Allen se encuentra en no haber sabido explotar el conflicto entre Mª Helena y Cristina, la convivencia entre la exmujer y la nueva pareja, además, hubiera podido aprender de Persona (Bergman, 1966) ya que presumía de ser un buen alumno…

Y después de que todo el reparto haya quedado reducido a monigotes, está Barcelona, como lo estará París en Medianoche en París (2011) y Roma en A Roma con amor (2012). Una Barcelona de postal, preciosa, turística y acomodada, y que no alcanza la entidad de personaje ni de espacio simbólico, ¿qué no era la intención del director? Pues si Woody ha caído en menospreciar la categoría de espacio… y además, en reírse del espectador dándole quién sabe qué supuesto simbolismo pseudointelectualoide por situarlo en el título de la película… Por supuesto, será una Barcelona idílica adornada por todo el servilismo y la pleitesía del star-system catalán (los amigos de Juan Antonio se comprende que sean excéntricos, pero ¿Lloll Bertran…? ¿Joel Joan?), que se intensifica, si aún se puede empeorar esa admiración a lo Bienvenido Mr. Marshall (Berlanga, 1953) a Woody Allen, si conocemos que este proyecto recibió de la Generalitat la subvención más elevada en Cultura que haya dado hasta este momento. Y esta reseña no se merece más que un punto.

P.D.1: Woody, ¿no viste Un verano con Mónica (Bergman, 1953)? Y da gracias que no menciono nada de las interpretaciones —ni del supuesto género en que se incluye está película—, porque atusarse el pelo, simplemente, no merece ni consideración.

P.D.2: Y no quieras salvarte evocando célebres tríos cinematográficos, ¿o es que creías que no nos habíamos dado cuenta?

P.D.3: Y no empieces con el politiqueo reduccionista de haber situado a Barcelona en el mundo.

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Comentarios

  1. Aitor Arana

    Pienso que Allen está sobrevalorado; me gustan mucho sus primeras películas y algunas pocas de la etapa posterior a Annie Hall. Vicky Cristina Barcelona me parece un ejemplo de la, a mi entender, excesiva consideración de la relativamente reciente obra de Allen; más allá de dejarse llevar por los atributos de su marca.

    Y lo del título…más tiene que ver con la habilidad del magnate comunista Roures para enredar a Allen.

    Mi admiración a la autora de este artículo por su dominio de la escritura.

    Gozoso verano para tod@s!!!

  2. Anna Montes Espejo

    ¡Muchas gracias, Aitor!
    Respecto a la “sobrevaloración” de Allen podríamos disentir, como comentas, el primer Allen no tiene nada que ver con sus últimos “desatinos vacacionales” ;) Si te interesa, también escribí por aquí sobre “Interiores”.
    Feliz verano para ti también :)

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