Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Te atrapa desde el principio y ya no te suelta hasta el final

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos en los años finales de la década de los setenta, en plena dictadura argentina. El que fuera capitán de la Armada Tomás Kóblic (Ricardo Darín), ha participado en una de las formas más inhumanas y abyectas de asesinar a supuestos insurgentes de izquierdas. Hizo de piloto en los denominados “vuelos de la muerte”, que eran llamados así porque desde aviones de la Armada, arrojaban vivos a los detenidos, que en realidad y a los efectos eran desaparecidos, al Río de la Plata. Cuando Kóblic abandona el ejército, pues no soportaba lo que hacía, se refugia en Colonia Elena, un pueblo perdido de la Pampa argentina. Allí lo acoge como a un hijo, un viejo conocido de su padre para que con una vieja avioneta fumigue los campos de sembradío. En el pueblo manda e impera la ley del comisario Velarde (Oscar Martínez). Velarde es un psicópata en toda regla, delincuente con uniforme policial que lidera una banda dedicada al robo de ganado y con dudosos vínculos con jerarcas militares.

El director Sebastián Borensztein, que realizó la estupenda película Un cuento chino (2011), aborda en este film una temática muy diferente. El reto sutil y cachazudo de dos personalidades irreconciliables, coloca a este eficiente thriller, en las antípodas de su anterior película, pero igualmente es una cinta muy competente. Borensztein construye con Capitán Kóblic un film denso, con mucho tormento y mucha Argentina profunda donde nadie prácticamente sale librado de lacras y comportamientos reprobables. Es una película que he seguido con gran interés, que me gustado, y que pienso ha de tener su recompensa, si no de público –que eso es muy aleatorio-, sí de premios y reconocimiento de parte de la crítica. Boyero dixit y yo comparto: “He visto esta película con interés. Si la recuerdo, me pongo enfermo”.

El guión del propio BorenszteinAlejandro Ocón está perfectamente elaborado, no da puntada sin hilo y no puede ser más claro y meridiano en su denuncia, pero desde una perspectiva humana, del horror de la dictadura militar argentina y de otros ad latere que servían a la causa, amén de gente mala que hace rapiña de toda esta situación de “río revuelto”. De igual manera, los guionistas crean y dan forma al Capitán Kóblic, que es fruto de su invención, cuyo perfil dibujan magistralmente. Me ha parecido muy buena la música de Juan Federico Jusid y excelente la fotografía de Rodrigo Pulpeiro, como nos tiene acostumbrados. También la puesta en escena es meritoria.

En el reparto Ricardo Darín está excelente y no deja un ápice a la improvisación, haciendo su papel de Capitán Kóblic, un miliko bueno, totalmente creíble y angustioso, un hombre atormentado por los recuerdos y los sentimientos de culpa; Darín lo hace tan bien, que desaparece dentro de su personaje. Oscar Martínez está sembrado, genial, incluso irreconocible, tanto que se hace aborrecible en su papel de Agente de la Ley con un poder omnímodo, corrupto, ladrón y asesino. Inma Cuesta, argentinizada, muy bonita, expresiva en el papel de mujer maltratada y resignada a su tristeza, con gran vis dramática y fuerte carga sensual. Marcos Cartoy Díaz es un joven que apunta maneras con un trabajo impecable. Así, “de la mano de un Ricardo Darín en permanente estado de gracia y justo al lado de un actor tan fino como Óscar Martínez y una actriz tan terrenal como Inma Cuesta, la cinta acierta a componer un riguroso retrato del miedo, el horror y hasta la venganza” (Martínez).

capitan-koblic-2

Cada país tiene sus ángulos oscuros, sus fantasmas que lo recorren, su Historia indeseable, lugares incómodos de los que casi nadie quiere hablar ni tampoco recordar. En este film se abordan las heridas de la Dictadura Cívico-Militar argentina o Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). El hermético y misterioso personaje Kóblic huye de lo que fue, es un hombre acosado por un pasado oscuro; quizá en este punto deba decir que sobra algún flashback que resulta reiterativo. De todo eso, Borensztein construye “una película áspera, llena de silencios, de secretos nunca confesados, de tormentos internos, de amores furtivos y dolorosos, y en la que late la violencia como metáfora de una sociedad podrida y esclava del horror. Y es además un magnífico western con resonancias noir, tenso, trágico y solemne, de una contenida crudeza emocional y una perturbadora ambigüedad moral. Una estupenda película acerca del miedo, a los demás, y a uno mismo” (B. Martínez).

Premios en lo que va de 2016 a 25 de junio de 2016: Festival de Málaga: Mejor fotografía y actor de reparto (Oscar Martínez).

La película “se limita a seguir el paso a un hombre perseguido por su propia sombra. Llámenlo moral. Incapaz, físicamente incluso, de continuar colaborando con la más atroz de las dictaduras se refugia en un pueblo perdido probablemente de la Pampa. Lo que sigue es una persecución que discurre por dentro con el mismo nervio que lo hace por fuera” (Martínez). Un hombre atormentado, concienciado, con sus principios morales sin duda, serio y que va por derecho a las cosas torcidas. También le llama el amor, lo busca como refugio, lo desea como consuelo, algo que en la zona donde vive nadie puede entender bien.

Es decir, la cinta toca otros temas diversos y profundos: el amor pasional inviable, los malos tratos, el incesto y la violencia en el entorno familiar, el panorama de una sociedad enferma, la supervivencia, el afán de cumplir con el deber, el silencio y el no hacer preguntas, cuál es el peaje por ser consecuente consigo mismo, la amistad, la dificultad de encontrar una salida airosa, la escasez de oportunidades. O sea, todos y cada uno de estos temas ya tiene solidez suficiente como para hacernos pensar, y cruzan la película toda, son cuestiones transversales al conjunto de la obra. No es meramente un Kóblic hundido y acosado; hay para más.

Si alguien me preguntara y tuviera que resumir yo diría que la película es un ‘thriller’ en toda regla, con la misma certeza que por momentos se transforma en un western. Es igualmente un drama provocador, que produce la inquietud de ver cómo los personajes caminan al borde del precipicio, más por necesidad que por osadía; además, es patético, turbador e inquietante en su más descarnado significado. Una historia que fue real en la Argentina, un horror aún presente entre la ciudadanía de ese país que muy bien conozco, del que la mayoría no quiere hablar y otros hablan quizá demasiado. Pero el film es una historia que te atrapa desde su inicio y no te suelta hasta el final.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=ZjoQS9_VBp0.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario