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Tarde para la ira

Por Alejandro Arranz

-Un debut fascinante del actor Raúl Arévalo. Thriller seco, áspero y rústico; dirigido con pericia e interpretado con talento a raudales.
-Ritmo sosegado, bastante movimiento de cámara, primeros planos y parquedad textual definen esta ópera prima llena de rabia contenida.

El thriller hace tiempo que se ha convertido en el género predominante en nuestro país. Y como la práctica hace al maestro, hemos aprendido a crear unos thrillers artesanales e impecables que más allá de buscar competir con Hollywood, muestran una personalidad propia y nacional. Muchos consideraban a Raúl Arévalo un actor de comedia sin más registro (a pesar de su variado currículum), la gente debió cambiar de opinión al ver su trabajo en la exitosa La isla mínima de Alberto Rodríguez, que casualmente estrena su nuevo e interesante thriller, El hombre de las mil caras. Pero a lo que voy, el actor que se descubrió como una cara ideal para el género, se ha pasado a la dirección precisamente con un thriller, y va a demostrar finalmente que también tiene mano para el género cuando está tras las cámaras. También debuta como guionista junto a David Pulido, con un guión que escribieron hace ocho años. En el reparto Arévalo ha trabajado con algunos buenos amigos. El protagonismo se lo lleva Antonio de la Torre al que acompañan: Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Alicia Rubio y Raúl Jiménez -entre otros-. Tarde para la ira ha sido rodada en Super 16, que junto a la fotografía oscura de Arnau Valls Colomer (Toro), consigue una imagen áspera, con mucho grano y perfecta para la historia que cuenta y los ambientes sociales que retrata. El problema, que en nuestro país ya casi no se revela, por lo que el equipo tuvo que llevar la película a un laboratorio de Rumanía. Ahora que está de vuelta en nuestro país y estrenada en cartelera, veamos si merece la pena pasar por nuestro cine más cercano.

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Arévalo entrega una ópera prima excelente con momentos brillantes. Su decisión de dirigir una historia de venganza, algo que es difícil que se te vaya de las manos, es correcta para un debut. No obstante este thriller de venganza tiene muchos tintes de experimentación narrativa, métrica y visual. Así pues el recién nombrado director, además de acomodarse tras las cámaras, busca que su primer trabajo ya deje una marca, se diferencie de otros thrillers y mantenga nuestra atención. Definitivamente lo consigue, pero veamos porque. Su película comienza con la escena de un atraco, rodada a través de un plano secuencia ejecutado a la perfección. Tras esa escena llega una especie de sosiego. Este tramo de la película tiene un ritmo tal vez algo difícil para cierto segmento del público, sin embargo es absolutamente fascinante. Arévalo se sirve de la cotidianidad y busca la veracidad de lo que cuenta, siempre atento a cada gesto y cada mirada, que revelan más de lo que a simple vista podemos entender. Aparece nuestro protagonista, José (Antonio de la Torre), un hombre infeliz, incompleto, pululando por lo que es su vida ahora aunque no sabemos como era antes. De casa al bar, del bar al hospital, del hospital a casa y vuelta a empezar. El director retrata la tristeza y soledad del personaje con psicología y humanidad, ayudado desde luego por un pletórico Antonio de la Torre. Pero además desarrolla a su personaje y el resto de secundarios sin prisas y con habilidad de apariencia innata. Y poco a poco nos va revelando un ambiente social sucio y árido. Todo ese contexto puede parecer innecesario o difícil de comprender, pero más tarde vamos a entender toda situación y acción que ha ocurrido en ese tramo. Así pues el filme de Arévalo es una historia repleta de ira pero cocida a fuego lento, que desarrolla pausadamente la atmósfera y a los personajes para luego meternos de lleno en un tramo más enérgico, con un par de intensos estallidos de violencia tan estilística como dolorosamente creíble. Quizás uno de los mayores problemas de la cinta es su guión algo pobre, propio de debutantes. Pese a virtudes manifiestas no sale demasiado del camino marcado, es muy parco y no admite matices, contrastes, etc. Irónicamente se contrasta con una dirección muy sólida que enriquece lo que cuenta y una narración sin tembleque, con nervio y pulso. Elogios mayores para un debutante como Arévalo. Que encima dirige muy bien a su potente reparto. En cuanto a ésto, aplaudir el trabajo de un magnifico Antonio de la Torre, el excelente Luis Callejo casi más protagonista que el protagonista, la maravillosa Ruth Díaz y un Manolo Solo que se come su escena gracias a ese afonismo entre lo ridículo y lo memorable.

Película dura, seca, cruda y muy directa. A pesar de su ritmo lento y el extenso fragmento de metraje destinado a la construcción del ambiente y los personajes, mis ojos nunca se apartan de la pantalla. Arévalo cuenta una historia vista muchas veces, pero con una ejecución casi perfecta que no se ve todos los días. La estructura de la historia, la narración, el control de la tensión y las emociones contenidas, la certeza de los estallidos. Arévalo debuta con un thriller con personalidad cuyo broche de oro lo pone una intachable escena final. Donde el western de Peckinpah se encuentra con el thriller de Mann y las míticas películas de Saura; ahí está el primer trabajo de Raúl Arévalo (guardando las distancias). Espero, impaciente, el siguiente.

Alejandro Arranz

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