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Taras Bulba

Por Enrique Fernández Lópiz

Ahora que está de últimas Ucrania, mira por donde esta película habla de este lugar en el mundo. Y es que durante siglos, pueblos diversos lucharon por conquistar y hacerse con la hegemonía sobre Ucrania. Turcos y polacos son los que se enfrentaron por el dominio en la región en el siglo XVI. Finalmente, los polacos consiguieron la victoria gracias a la ayuda prestada por los cosacos de Taras Bulba. En la película, hay una escena en la que el jefe de los polacos invita a los cosacos aliados a celebrar la victoria de un modo un tanto displicente, pero sus agasajos no merecen sino el desprecio de Taras Bulba, un hombre que amaba la libertad y no se doblegaba ante nadie. En este punto se produce un enfrentamiento verbal y físico, y tras una cruenta batalla que los perjudica seriamente, los cosacos se retiran durante años, a la espera de recomponerse y expulsar a los polacos de la región.

Taras Bulba fue una de las grandes películas para mí cuando era un niño, una inolvidable película de infancia. Ver a Yul Brynner con esa coleta, ese talante, esos músculos; admirar cómo montaba a caballo y daba sablazos a diestro y siniestro. Y también sus hijos, y los cosacos, gente súper dura, amantes del riesgo y la batalla, los cosacos saltando a caballo de lado a lado de un enorme desfiladero porque uno había llamado cobarde al hijo de Taras, Tony Curtis, y cómo el ofensor, el más fuerte y gordo, cae a plomo por el barranco con caballo y todo; las fiestas de los cosacos, las batallas de cientos de caballos con los cosacos blandiendo sables curvos, en fin, la recuerdo como una auténtica gozada para la desbordante fantasía del niño que fui. Y sí, también recordaba el romance del hijo de Taras con la joven polaca, que le valió la gran furia de su padre y el fatal desenlace de la historia. Todo eso y más recordaba, como si tuviera reciente la historia.

Pues bien, ayer la volví a ver de cabo a rabo y era prácticamente tal cual la recordaba, pero claro, ahora la miré de otra manera. Por empezar me llamaron la atención, y fue de manera entrañable y afectuosa como lo tomé, los ingenuos decorados de plástico y el colorido artificial de la ciudad de Kiev, de sus edificios y calles, de sus palacios y almenas que parecían sacadas de un parque temático; las botas de Taras Bulba de un rojo propiamente brillante e igualmente plastificado, propio de la moda femenina de aquellos años. Me llamaron la atención la juventud de Tony Curtis y la candidez y preciosura de Christine Kaufmann.

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Esta película de aventuras está muy bien dirigida por J. Lee Thompson, con un guión dinámico y entretenido de Waldo Salt y Karl Tunberg, basado en la novela homónima de Nikolai Gogol publicada por primera vez en 1835, con una segunda y definitiva redacción del año 1842 más pro-rusa, por intervención de las autoridades del momento. Se trata de una novela romántica e histórica donde se narra la historia de Taras Bulba, un cosaco zaporogo y sus dos hijos, Ostap y Andrei, a los cuales envía a estudiar a Kiev. Al reencontrarse de nuevo, emprenden un viaje épico a la Sich Zaporozhia ubicada en Ucrania, donde ellos se unen a otros cosacos en la guerra contra Polonia. La historia, pues, está sacada de la más extensa novela escrita por Gogol, y el relato ha de ser interpretado en el contexto del movimiento nacionalista romántico en la literatura rusa, que Gogol desarrolló en torno a una cultura étnica-histórica que abraza un ideal romántico y ensalza la leyenda del cosaco. Y eso es lo que hacen los guionistas y eso mismo es lo que realiza con maestría J. Lee Thompson, si bien es cierto que la película difiere en su contenido con la original novela de Gogol. Además, pensemos que J. Lee Thompson fue un director a quien siempre le gustaron las historias exóticas: India, México, Ucrania, Grecia, África, Oriente Medio. Como en Fugitivos en el desierto, 1958; La india en llamas, 1959; El oro de McKenna, 1969, etc. Y en esos primeros sesenta Thompson está viviendo su mejor época artística. Particularmente destacable en este film es la genial banda sonora compuesta por el gran Franz Waxman en el ocaso de su carrera, que estuvo nominada para el Oscar, con unos apoteósicos minutos finales de altísimo nivel.

Creo recordar que fue John Huston, pero puedo equivocarme, quien dijo que las películas más complicadas son aquellas en las que hay que utilizar caballos. Por esa regla de tres, esta película es archicompleja, pues más caballos ya no pueden salir en un film. Docenas, cientos de caballos al trote, al galope, en formación, en tropel, todos a cien por hora (claro, ya sabemos que los realizadores aceleran la cinta para dar más sensación de velocidad), y en fin, todo ello, rodado en la Argentina, en el noroeste, en Salta (hermosa ciudad y hermosos paisajes), que hacen de esta cinta una superproducción de las grandes, más para la época y con los bellos parajes y lugares salteños de gran encanto, para cualquiera que los quiera conocer.

Durante el enfrentamiento de los cosacos con los polacos, se produce el asedio cosaco a Dubno, donde están atrincheradas las tropas polacas. Y en el tiempo de asedio, la ciudad empieza a tener problemas de aprovisionamiento y además la enfermedad de la peste hace estragos dentro de los muros de la fortaleza. Y todo ello, unido a que Andréi (Tony Curtis), introvertido y romántico, durante su estadía como estudiante se había enamorado perdidamente de una joven polaca noble, hija del gobernador de Dubno, Natalia Dubrov (Christine Kaufmann). Esto le hace desasosegarse tremendamente por la suerte que corra su amada durante el fatal asedio. Lo cual que traiciona a los suyos para introducir alimento en la fortaleza y poder salvar a su muy amantísima Natalia. Esto acabará en tragedia, claro.

Entretanto, cansados ya del sitio, muchos cosacos abandonan el campamento y regresan a sus lugares de origen. Los polacos se dan cuenta de la debilidad de las tropas cosacas y arremeten contra Taras en un ataque repentino con toda su caballería. En la retirada general de sus hombres, Taras encuentra a los cosacos que habían abandonado el campamento, y una vez reagrupados, contraatacan a los polacos venciéndolos en unas llamativas y apasionantes escenas al pie de un acantilado. Finalmente, los cosacos entran victoriosos en Dubno que se convierte en una ciudad cosaca, pero sin intenciones de saqueo o sometimiento de parte de Taras: ¡buen mensaje!

Por supuesto, es una peli de acción, amor y algo de folklore cosaco, pero sobre todo de acción. Y J. Lee Thompson salva con solvencia las grandes escenas de masas, hace un uso espectacular de los planos panorámicos y del color. Consigue, así, una muy entretenida película de aventuras, que no ha perdido su encanto con el paso de los años, convirtiéndose en un clásico de las películas de temática medieval. De hecho, lo que más recordaba de esta cinta son sus escenas bélicas, que son muchas, buenas y emocionantes; y hay momentos en que la película se pone a doscientas pulsaciones por minuto. Esa taquicardia es la que da mayor esplendor a esta obra.

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