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Superproducción impecablemente aburrida, pero aconsejable

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi Gandhi en su estreno allá por 1983. Fue una película que suscitó mucho interés entre el público en general. La juventud teníamos idealizado al líder indio de la no violencia, como un paradigma a seguir. Además, fue una película que ganó nada menos que ocho Oscar, que incluían dirección, mejor película y actor principal. Quizá éste último, el de la interpretación, sea el más merecido, pues no es sólo el gran trabajo que del personaje hace Ben Kingsley, sino que además se parece mucho físicamente al Gandhi real.

En la película se narra la historia de este singular personaje histórico. Así, Ghandi, tras defender los derechos de los negros en Sudáfrica, consideró que también los hindúes eran con relación a los colonizadores británicos, ciudadanos de segunda clase, y además, en su propio país. De esta forma, lo que el Mahatma Ghandi promueve es la sublevación frente al Imperio Británico. Eso sí, mediante la doctrina de la no-violencia. En esto, el film tiene el mérito y la cualidad gratificante de que se nota cómo transmite un mensaje de paz que llega hasta lo más profundo, desde una narrativa fílmica impecable.

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El director Richard Attenborough hace bien lo que sabe hacer, confeccionar con impecable factura la épica de un personaje casi mítico de nuestra era reciente. Tiene un guión muy bien escrito por John Briley, aunque maniqueo en sus planteamientos políticos. Excelente música para la ocasión, sobre todo los ritmos indios, compuestos por Ravi Shankar, el músico de la trilogía de Apu de Satyajit Ray, y George Fenton. Tiene además una magnífica fotografía de Ronnie Taylor y Billy Williams, que recoge con precisión y de forma sobresaliente la magia de la luz de la India. Gran dirección artística que incluye ambientación, decorados, vestuario, etc.

El extenso reparto está compuesto en su vértice por un enorme Ben Kingsley, que interpreta un papel fantástico; Kingsley fue descubierto por el hijo del director trabajando en la compañía de teatro de Shakespeare; su interpretación es magistral, consiguiendo uno de los parecidos y caracterizaciones más fieles de la historia del cine; desde entonces este gran actor ha participado en otras películas importantes. Le acompañan actores y actrices de gran talla como Roshan Seth, Martin Sheen, Ian Charleston, Edeard Fox, Candice Bergen, Saeed Jaffrey, Amrish Puri, Athol Fugard, Alyque Padamsee y un largo elenco de secundarios, todos excelentes y conjuntados.

En 1982, entre premios y nominaciones obtuvo: 8 Oscar, incluyendo película, director, actor (Ben Kingsley). 11 nominaciones. 5 Globos de oro: Mejor película, director, guión, actor/revelación (Kingsley). BAFTA: Mejor película. National Board of Review: Mejor película. Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película, Actor (Ben Kingsley). Premios David di Donatello: Mejor film y productor extranjero.

Y ahora voy a mi impresión, pues ayer volví a verla. Lo primero que digo es que es una superproducción cuyo peso, curiosamente, recae, no en la monumentalidad u otras variables propias de los filmes de estas características, sino en el actor protagonista: ¡curioso! En segundo lugar me sale decir que el metraje es demasiado largo: ¡más de tres horas! Y por último añadiré que es una obra que con el tiempo se borra de la mente, es decir, que a pesar de que nadie niega su impecable factura: dirección, guión, fotografía, reparto, etc., sin embargo no conmueve, no emociona, es hipotónica, fría y se olvida fácilmente. Y anoche, transcurridos más treinta años desde que la viera en su estreno, la verdad, me aburrió soberanamente y a duras penas me mantuve despierto hasta el final.

Pero yo, a quien no la haya visto le aconsejo que la vea. Sobre todo a los más jóvenes, pues es una película que toca a las puertas del corazón de las personas de paz, e incluso puede llevar a investigar más sobre Gandhi, sobre todo a quienes no lo conocen bien. Y cuando los intereses son esos, y si la película colabora a promocionar este tipo de intereses y de sensibilidades, entonces resultaría que el cine tiene la posibilidad de incentivar e incluso cambiar aspectos de uno que permanecen larvados o latentes: ¡qué bueno!

Vedla cuando podáis y decidme cómo os fue.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ha9MPLGo2YI.

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