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Star Trek: Beyond

Por Alejandro Arranz

-Justin Lin entrega la aventura más liviana, cinética y falta de pretensiones de esta joven tripulación. Todo lo hemos visto antes, pero en un verano tan decepcionante, da gusto volver al Enterprise.
-El guión de Pegg está desaprovechado y queda empañado por un trabajo torpe de Justin Lin tras las cámaras. El reparto funciona casi igual de bien que en las anteriores.

Normalmente haría un gran resumen de lo que es “Star Trek”, lo que significa para varias generaciones y como se reinició la saga con el reboot que Abrams dirigió en 2009. Pero a estas alturas todos saben lo que es “Star Trek”. Gracias en buena parte, a ese reboot que hizo accesible el universo, a las nuevas generaciones. Antes de que Netflix nos traiga al completo, todas las series “trekkies” del pasado, y una nueva en colaboración con CBS. Justin Lin se ha puesto a los mandos de la nave insignia de la Flota Estelar, para regalarnos al fin en este espantoso verano; un blockbuster emocionante, inteligente y entretenido para toda la familia. Es una pena que tanto Leonard Nimoy como el jovencísimo Anton Yelchin, nos hayan dejado en los últimos meses. Pero siempre serán una parte fundamental de nuestra tripulación. Como miembros de pleno derecho de la Enterprise, que somos todos los fans de este ilimitado universo. Simon Pegg se encarga del guión con la ayuda de otros cuatro guionistas: Doug Jung, Roberto Orci, John D. Payne y Patrick McKay. Por último al brillante reparto de las dos anteriores, se unen algunos nombres como Idris Elba, Sofia Boutella y Lydia Wilson. Ahora es cuando me toca explicar porque este nuevo viaje espacial hacia lo desconocido, os va a alegrar a muchos el verano.

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Mucho le debe esta tercera entrega a Simon Pegg. Un tío que sabe lo que es “Star Trek”, que es consciente de cual es la energía de esta saga legendaria. Y que ha escrito el guión más “trekkie” de la nueva trilogía. Star Trek: Beyond es un poco como “Spectre”. Ambas retornan a una época donde todo era más sencillo. En el caso de Bond, Sam Mendes regresó al espíritu modesto de Connery pero manteniendo la esencia oscura de la etapa Craig, con una película de acción explosiva y nostálgica en forma de carta de amor a la mitología “bondiana”. Un filme que frente a la reformulación que pudo suponer y supuso “Skyfall”, se reveló como una apuesta más conservadora. De igual modo, Lin y Pegg vuelven a los viajes televisivos de “Star Trek”, con una película que revisita constantemente lugares y conflictos conocidos, pero que sabe mantener las virtudes que nos han hecho apreciar a esta nueva/vieja tripulación. Tras dos películas en las que Abrams estaba decidido a profundizar en el universo “trekkie” y en especial en la relación antitética de los personajes de Kirk y Spock. Esta tercera sólo quiere suponer un divertimento galáctico ideal para la jornada veraniega. El problema es que Justin Lin coge el testigo de forma tambaleante, ofreciendo una dirección entre la competencia justa y el desastre. El guión de Pegg es una pequeña maravilla desaprovechada. Esos escuetos conflictos dramáticos que Kirk y Spock tienen en cuanto a abandonar la Flota Estelar, el imposible, inesperado e impagable dúo Spock-McCoy, los valores sobre el trabajo en equipo y algunas escenas de importante calado dramático con tiempo preciso para algún que otro chiste memorable entre medias. Sin embargo es una pena que sólo unas pocas secuencias del filme intenten profundizar en estas buenas ideas, dejando el protagonismo a la acción por la acción. Y en ese terreno hay poco que elogiar, debido a unas escenas muy mal planificadas y que resultan mareantes, confusas e inverosímiles. Por último el reparto está bastante bien, algo por debajo de lo que ofrecían en anteriores entregas. En especial Pine y Quinto, de notables a eficientes. En cuanto Sofia Boutella e Idris Elba. Ella se gana un importante nivel de protagonismo y desarrolla su arquetipo con corrección, en cuanto a él, es un poco difícil sacar algo en claro debido al maquillaje. Aparte las motivaciones de su endeble villano se conocen tarde y mal, y no resulta especialmente aterrador como sí lo eran Nero y Khan.

Lejos de las ambiciosas entregas de J.J. Abrams, Star Trek: Más allá es una aventura más directa y superficial que mayormente busca hacernos pasar un buen rato junto a unos personajes que conocemos y nos encantan. Simon Pegg hace gala de una gran economía en el guión, también agudeza y precisión. El carismático reparto sabe sacar partido de su trabajo. Pero Justin Lin con sus movimientos de cámara imposibles, sus elipsis absurdas, su desinterés hacia el raccord y en general una inesperada torpeza para captar cualquier escena con movimiento; logra que la película pierda enteros a velocidad sideral. Por otro lado y aún apreciando el cambio de rumbo hacía un destino más puro y “trekkie”, es realmente aburrido volver a recorrer terrenos tan conocidos. Así que a pesar del competente entretenimiento que resulta Star Trek: Beyond, de las pequeñas y geniales virtudes que puede ofrecer, y de que sea una de las pocas apuestas acertadas de este verano. La Enterprise debe corregir algunas cosas para la siguiente entrega. ¡Larga vida y prosperidad!

Alejandro Arranz

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