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St. Vincent

Por Alejandro Arranz

-El increíble reparto y un par de ideas muy divertidas hacen de esta leve tragicomedia un estupendo plan para estas vacaciones. Luego está Bill Murray, un sempiterno genio.
-La historia es tan típica que sin estos actores probablemente se desinflaría en un par de minutos, sin embargo ellos están ahí y la película en no pocas ocasiones resulta conmovedora.

Theodore Melfi, podemos decir prácticamente que debuta en la dirección de largometrajes, ya que su anterior filme -o tele-filme-, Winding Roads, lo han visto muy pocos ojos. A parte ha sido guionista y director de un buen puñado de cortos como Roshambo o I Want Candy. Pero digamos que este es su primer trabajo largo verdaderamente representativo, en el cual escribe el guión además de ponerse tras las cámaras. El reparto es estupendo, el primer nombre, el de un extraordinario Bill Murray completando una de las mejores interpretaciones del año y de su carrera, y le siguen otro par de nombres y apellidos muy solventes: Melissa McCarthy, Naomi Watts, Jaeden Lieberher, Chris O’Dowd o Terrence Howard son algunos de esos nombres que completan el excelente plantel de secundarios. Después de todo la historia es la típica que hemos visto mil y una veces, repleta de clichés y de poco interés, sin embargo encuentra un buen equilibrio entre el drama y la comedia y tiene a ese reparto ya mencionado en plena forma, que dota a la película de credibilidad, irresistible energía cómica y cuando es necesario incluso emociona.

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Este es el show de Bill Murray, dudoso que ningún otro actor pudiera lograr una interpretación a la altura, con esos pequeños matices que le añade al personaje y que consiguen que no nos queramos separar de él en ningún momento, se queda por tanto en mi grupo de ancianos gruñones-sinvergüenzas favoritos, junto a Carl Fredricksen y Walt Kowaslki. El filme comienza con la usual ligereza de las películas de este tipo y con los minutos va introduciendo el drama y desarrollando más a fondo a sus personajes, el problema principal es que la trama es previsible de principio a fin, siguiendo al dedillo la fórmula del género. El guión es irregular, por un lado lo que pasa es muy tópico sin embargo algunas ideas son realmente perspicaces y ciertas líneas de guión son todo un placer gamberro. Las personas no siempre son lo que parecen y los niños son muchos más complejos de lo que a veces creemos, hay pocas ideas ciertamente sorprendentes en el libreto sin embargo la manera de llevarlas a la pantalla está muy bien, y que un buen ejemplo a seguir esté final e inesperadamente en la persona aparentemente más nociva es encantador, sobre todo si ese personaje es Bill genio Murray, nuestro canalla favorito.

La dirección sin ser nada del otro mundo está bien, Melfi como director logra dos cosas nada desdeñables, por un lado una dirección de actores estupenda y por otro un par de momentos conmovedores, reconozco que llegué a emocionarme un momento en una conversación entre Vincent y Oliver, se puede decir que fue gracias al sexagenario actor pero sería estúpido decir que Melfi no tuvo nada que ver, en el cine los méritos y las culpas son en equipo. Por esa razón también se merecen un par de líneas el resto de actores. Estoy un poco harto de los papeles tontos de Melissa McCarthy y me alegro de que realice un papel algo serio para variar, donde la comedia no llega a través de frases escatológicas o del slapstick sino de la cotidianidad, del drama que es la vida; Watts me digan lo que me digan por exclamar ésto, hace un trabajo bastante mejor aquí que en Lo Imposible, quizás esa interpretación fue la más sobrevalorada del 2012, en esta ocasión por otro lado es divertida, convincente y mordaz, y me alegro de que el Sindicato de Actores la haya nominado a Mejor Actriz de Reparto. Jaeden Lieberher sorprende positivamente, Chris O’Dowd hace algo de gracia como excéntrico profesor religioso y Terrence Howard con un papel sin importancia sobra en la función.

Theodore Melfi ha logrado una película muy regular pero con actuaciones sobresalientes, sin duda el trabajo de Bill Murray se merecía un filme mucho más potente pero no ha sido posible, estamos ante una dramedia divertida y que a pesar de su retahíla de tópicos resulta eficaz en sus momentos álgidos, es decir todo momento en el que Murray ocupa la pantalla, este es el show del actor-humorista estadounidense y tanto sus fans como sus no fans disfrutarán al máximo con su forma de interpretar a Vincent, un viejo canalla descarado que demuestra que nunca hay que juzgar un libro por su portada.

Alejandro Arranz

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