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Somos los Miller

Por Jon San José Beitia

Comedia gamberra en formato road movie, que no llega a ser todo lo divertida y alocada que se espera de ella.

Cuenta con un punto de partida interesante, en el que un pequeño traficante de droga deberá cruzar la frontera para pasarla, utilizando para ello una familia ficticia. Cada uno de los integrantes del proyecto de familia que tiene en mente no tienen desperdicio y aportan algo al conjunto de la historia. Presenta los vínculos de una familia y llega a hacer una crítica de la vida de los solteros y de cómo una familia llega a complementar a cada miembro.

Para ser una comedia no consigue su propósito a lo largo de su escasa duración, ya que no llega a despertar grandes carcajadas, sólo alguna que otra sonrisa a base de un humor descarado y escatológico previsible.

El desarrollo de la trama resulta liviano y pasajero, tan fácil de ver como de olvidar. Gran parte de lo que le sucede a cada uno de los personajes resulta previsible y no sorprende.

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Algunas secuencias cumplen con las fantasías eróticas de muchos hombres, haciendo mención especial al streptease que se marca una encasillada Jennifer Aniston.

En el reparto se pueden ver rostros conocidos de las comedias, como la ya mencionada Jennifer Aniston, que cumple sin pena ni gloria, y algún integrante de Resacón en las Vegas, que actualmente se dejan ver por otras comedias.

Algunos de los efectos especiales que contiene la película son tan conscientemente malos como innecesarios, pero sirven para rellenar visualmente secuencias que tienen diálogos absurdos y vacíos.

La aparición de otra familia en el relato sirve para generar enredo, confusión y alboroto, distrayendo al público de la falta de interés que tiene la familia protagonista por sí sola. Llega un momento en que el empleo de una segunda familia deja de funcionar, cayendo en la parodia gratuita del intercambio de parejas, que peca de forzado y absurdo.

El desarrollo y desenlace de toda la trama encaja con el perfil habitual del cine de un Hollywood feliz y de ensueño, cayendo en lo previsible y en la falta de descaro que se le presuponía inicialmente.

Película para pasar el rato, sin grandes pretensiones en cuanto a calidad de argumento y entretenimiento.

Jon San José Beitia

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