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Sólo Dios Perdona

Por Alejandro Arranz

-Argumentalmente ridícula e insultante; un bodrio infumable.
-Serie B con destellos de grandeza, posee con el poderío visual de una obra maestra.

El director Winding Refn regresa tras Drive para autohomenajearse con toda la violencia que puede. Vuelve a elegir a Ryan Gosling como protagonista junto con su habitual colaborador Gordon Brown; también contrata a Kristin Scott Thomas para el papel de la madre de Julian (Gosling).

Tenía muchas ganas de ver el regreso del dúo Gosling-Refn -y por fin he podido-. Es una soberana estupidez, un argumento inexistente y un guión basado en un conjunto de actos impasibles de violencia injustificada ejecutada por un puñado de personajes sin alma interpretados por un conjunto de buenos intérpretes con sus capacidades mermadas pero rodada con la elegancia más absoluta del año; un producto vistoso pero hueco, y peor aún, insoportable.

Creo que lo primero de lo que hablar es de Gosling, el que allá por 2011 brindó una extraordinaria interpretación contenida y brutal pero profunda, ahora es aquí poco más que un maniquí sin emociones. Me niego a creer que el actor que este mismo año me volvió a asombrar con su corta pero electrizante actuación en Cruce de Caminos, sea este mismo que se pasa hora y media con la misma cara de piedra y que sólo en un momento ha mostrado sentimiento, por supuesto el de la ira; definitivamente ésta ha sido una fatal elección para su carrera.

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Por otro lado está Kristin Scott Thomas, que ejecuta la mejor interpretación de la película (tampoco era muy difícil), es la única que muestra emociones y es un verdadero placer verla en pantalla.

Los personajes tampoco me resultan creíbles o atractivos, el policía, al igual que ocurre con la película, intenta darse más profundidad de la que en realidad tiene. Julian y su madre están algo más desarrollados, si bien es cierto que algunos de sus actos no tienen el más mínimo sentido, su relación también da pistas con ciertas preguntas sin aparente respuesta, pero al final sólo queda lo que ves, lo que oyes y lo que dejas de oír no interesa nada.

Ahí se encuentra la verdadera joya de Only God Forgives, su inmenso y apabullante apartado visual; es una película hipnótica, cada fotograma es una absoluta maravilla rodada con minucioso cuidado, puede que sea la película visualmente más poderosa del año.

Sin embargo, más allá de su propuesta visual no existe nada, hay dos buenos momentos pero el resto es una chorrada inmensa. La escena de la pelea entre Julian y el policía es un momento de armonía magnífico pero no puedes quitarte de la cabeza que nada tiene el mínimo sentido. Refn se empeña en hacer creer que hay más de lo que a simple vista ves, lo intenta convertir todo en una gran metáfora que ni él mismo puede comprender y eso es molesto, es un insulto a la inteligencia del espectador. Se dedica a lanzar imágenes potentes como si del propio baño de sangre existencial se tratase para ver si puedes desentrañar algo de lo que no hay, te hace preguntarte como en una película tan corta pueden sobrar tal cantidad de escenas y planos (bien montada puede que la película llegara a la hora). No caigas en la trampa de pensar que no entiendes la película por su complejidad, muy poco en ella tiene algún sentido y todo lo demás es una pretenciosa gilipollez ejecutada con pura perfección formal.

Hacía mucho tiempo que no veía algo tan confuso, tan gratuitamente violento, tan preocupado por su forma como plano e indigerible en lo que a contenido se refiere, un bodrio de Refn.

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