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Sólo cine, por favor

Por Gerardo Gonzalo

Siempre he sido un firme defensor de disociar una película de la obra literaria en que se basa. En primer lugar,  no creo que esto pueda hacer justicia a la hora de evaluar una película, puesto que un film debe ser considerado en su propia identidad, como un ente independiente de lo que adapta. Y en segundo lugar, son muy pocas las películas en las que previamente el espectador ha leído el libro, obra teatral, leyenda, etc.  en el que se basan. Nadie en su sano juicio creo que pueda pretender que para hacer una crítica de un film sea necesario el estudio de su soporte  literario original.

Pero por otro lado, hay ocasiones, en que la dimensión y popularidad de una novela, hacen que la comparación sea inevitable  y aun más cuando ésta tiene un halo de iconografía, y ha constituído una lectura casi obligada para varias generaciones de norteamericanos, para los que Gatsby más que un personaje , es un icono, un adjetivo en sí mismo.

No obstante, yo me mantengo fiel a mi ideario, y voy a hablar de cine y de la película, y sólo al final , presionado por la unanimidad de comentarios de los críticos que entran a comparar directamente película y libro, haré alguna breve anotación sobre la novela, que hace unos años leí, y su relación con el film.

En primer lugar,  quiero decir que tipos como Baz Luhrmann son necesarios para la supervivencia del cine (como también lo son Michael Haneke o Lars Von Trier). El cine, como espectáculo que busca transmitir directamente la grandiosidad e imaginación que este arte ha dado desde los tiempos de Georges Méliès. El envoltorio magnificente e imaginativo que te deje atónito, o incluso atontado, ante tanta grandiosidad (que fue lo que ya hizo D.W.Grifffith en Intolerancia, o el mismo Cecil B. De Mille), y que fue lo que provocó que los espectadores llenaran las salas buscando viajar con el cine a lugares propios de su imaginación.

Baz Luhrmann coge la antorcha, y con su estilo único, lleno de virtudes y defectos (reconozcamos cierto maniqueísmo y sus recargadas puestas en escena), crea un Gran Gatsby de una exuberancia visual,  combinada con una íntima y profunda historia de amor, de un romanticismo exacerbado, pero creíble en el contexto de grandilocuencias en el que se mueve el director australiano.

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En primer lugar, y hablando de lo más criticado, que es el estilo visual, creo que esta vez el director muestra una mayor contención, ya que los escenarios pretenden mostrar algo, y están al servicio de la historia y no al revés. El film debe tener un clima, y la estética elegida lo plasma certeramente.

En segundo lugar, creo que estamos ante unas interpretaciones de envergadura. Leonardo DiCaprio no es que interprete bien el papel de Gatsby, es que es Gatsby en persona, y como yo me lo imaginaría. Tobey Maguire está soberbio, es realmente quien lleva el peso del film, en un papel muy complicado, y lo hace de forma sobresaliente. Respecto a Carey Mulligan, su físico es ideal para su papel, su rostro es puro años 20, y Joel Edgerton ejerce con eficacia su rol. Si a esto le sumamos toda una serie de secundarios perfectos en sus apariciones, creo que trabajo actoral es soberbio.

Por último, creo que muchas de las escenas románticas e íntimas del film están muy bien rodadas. Hay  sentimiento, una perfecta complicidad entre los actores, se palpa un romanticismo extremo y hay momentos de íntima belleza y delicadeza, donde el vacío y el silencio supone un hondo y bello contrapunto al bullicio y barroquismo de otros momentos, rozándose la emoción.

Y esta última palabra emoción,  es quizás el problema del film en particular y de Luhrmann en general, ya que si bien el impacto de su cine apabulla desde el punto de vista visual, la parte sentimental  e íntima de sus historias, no está a la altura de lo anterior. Es tanto el ruido y colorismo, que se crea cierto sentido de artificialidad y hace que la emoción (y en el El Gran Gatsby hay mucha) no aflore en un espectador más impactado por la belleza de las imágenes,  que conmovido por el significado  de las mismas.

Con lo cual, buena película y buen espectáculo. Vale la pena ir al cine para ver obras como ésta,  concebidas para una pantalla grande y que evocan el glamour del Hollywood dorado. No es perfecta, pero si notable.

Por cierto, se me olvidaba, respecto al libro, lo he leído, y me gustó moderadamente.  Está bien, pero no comparto esa adoración general que se tiene por el mismo, sobre todo en el ámbito anglosajón. No obstante, sí que hay dos cosas que recuerdo por encima del resto, y que creo que aparecen notablemente plasmadas en el film. Una es el retrato de una época y sus fiestas y mansiones, que en el film con sus excesos y licencias, consigue trasladarnos a un determinado contexto lleno de glamour y excentricidades.  Y por otro,  el enigma del personaje Gatsby, al que creo que DiCaprio eleva con su interpretación al nivel que se merece.

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