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Sobre los psicópatas de la mano de Truman Capote

Por Enrique Fernández Lópiz

Dirige Truman Capote con una gran precisión y un tempo sosegado pero apasionante Bennet Miller, con un excelente guión de Dan Futterman basado en la novela de Gerald Clarke, La biografía definitiva: Truman Capote. Esta novela narra de forma exhaustiva y apasionante la vida de Capote, uno de los grandes y más polémicos talentos de la literatura norteamericana, que escribió obras como A sangre fría (de cuyo trabajo trata el film) o Desayuno en Tiffany’s, y que llegó a convertirse en uno de los escritores imprescindible en su época. Hacía gala de presencia en espectáculos, fiestas o shows televisivos. Un personaje histriónico y malicioso, inestable y exquisito. Truman Capote fue todo un personaje en sí mismo y ya en vida consiguió convertirse en un mito, lo cual que se refleja en el film.

La música de Mychael Danna es excelente, así como la magnífica fotografía de Adam Kimmel. En cuanto al reparto destaca y mucho el grandísimo actor que fue Philip Seymour Hoffmann, que hace en Capote el rol de persona afeminada, satírica, inteligente y ladina, con muchos registros en su interpretación, hasta la misma manera de coger el cigarrillo es impresionante. Incluso se le parece físicamente. Le secundan actrices y actores de primer orden como Catherine Keener en un gran papel de incondicional amiga y compañera fiel; Clifton Collins Jr. muy bien como uno de los criminales; Mark Pellegrino, también genial como psicópata de libro; Bruce Greenwood excelente como amigo íntimo; Chris Cooper en un gran rol de Sheriff; y Bob Balaban muy bien.

Fue en noviembre de 1959 cuando Truman Capote leyó una crónica en el New York Times en la que se contaba el terrible y sangriento suceso acaecido en una granja de Kansas, donde habían sido asesinados los cuatro miembros de la familia Clutter. Aunque este tipo de sucesos eran comunes en los EE.UU., a Capote le llamaron la atención diversos elementos del lamentable acontecimiento y se dispuso a investigarlo a fondo. Quería probar que por la mediación de un gran escritor, como él, la realidad puede ser tan apasionante como la ficción. Consigue ser contratado por el The New Yorker y es enviado a Kansas junto a su amiga y también escritora Harper Lee, para cubrir el suceso. Los parroquianos de la zona no digieren al principio bien la voz atiplada, el amaneramiento y sus formas exquisitas y extravagantes de vestir. Pero finalmente Capote gana la confianza de Alvin Dewey, el agente encargado de la investigación.

Premios y nominaciones en 2005-2006. Festival de Berlín: Sección oficial de largometrajes. Oscar: Mejor actor (Philip Seymour Hoffman). 5 Nominaciones. Globos de Oro: Mejor actor dramático (Philip Seymour Hoffman). Premios BAFTA: Mejor actor (Hoffman). 5 nominaciones. National Board of Review: Mejor actor. Asociación Nacional de Críticos de Estados Unidos: Mejor Película, Actor (Hoffman). Círculo de críticos de Nueva York: Mejor director novel (Bennett Miller). Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor actor, actriz secundaria y guión. Festival de Toronto: Mejor director novel, actor, actriz de reparto. American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año. Critics’ Choice Awards: Mejor actor. 4 nominaciones. Asociación de Críticos de Chicago: Mejor Actor y Director novel. Más casi que no cabe.

Fui a ver esta película en su estreno. Entre otras razones, tenía recuerdos desde la adolescencia de la obra de Truman Capote, y en mi casa, durante una época se comentó bastante el caso de la novela A sangre fría que en aquellos entonces a los españoles nos parecía un acontecimiento aberrante e impensable incluso para nuestro periódico de sucesos criminales El Caso. Al final casi todos leímos aquella interesante y terrible novela, terrible por lo que contaba, claro, no por la calidad literaria que es de primer orden. Luego habría yo de leer otras obras de Capote de las que recuerdo: Música para camaleones o Una Navidad. O sea, conocía al escritor.

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De otro lado, de la novela recordaba los tremendos crímenes cometidos por aquellos dos psicópatas en toda regla. Y como el film trata de la investigación que Capote lleva a cabo con los tales psicópatas, me dispuse a enterarme de cómo fue su periplo que duró cinco años, en ese entrevistarse con los asesinos y escudriñar en sus mentes. Y este aspecto del film está magistralmente descrito.

Quizá alguien de los que lea estos comentarios se pregunte qué es un psicópata, o como prefiere llamarlo la psiquiatría francesa, un sociópata. Para abundar un poco en el tema hay que empezar por decir, según mi parecer, que los trastornos mentales más extendidos en un determinado momento histórico, son en gran medida productos de esa cultura. Siendo breves, podría yo decir que a final del siglo XIX y principios del Siglo XX la enfermedad psíquica que alertaba a médicos y psiquiatras era la histeria. La histeria, mayoritaria entre mujeres de ese entonces, tenía que ver con la severa educación victoriana que reprimía de forma implacable cualquier atisbo de sexualidad o aproximaciones a ella. La histeria se caracteriza por inestabilidad emocional, dificultad amatoria, sugestionabilidad o tendencia a fabular y a llamar la atención; y en los casos más severos cursa con somatizaciones o “síntomas de conversión”, o sea, la expresión en síntomas corporales de conflictos psíquicos, por ejemplo parálisis de un miembro, ceguera histérica, afonía histérica, es decir, sin sustento biológico. Esto atrajo la atención de afamados psiquiatras y neurólogos de la época como Charcot (que utilizaba la hipnosis), Breuer o el mismísimo Freud quien en 1895 escribió su tal vez primera gran obra de cuño psicoanalítico: Estudios sobre la histeria, donde se recogen diversos casos con este padecimiento que él mismo trató. Luego, en los años cincuenta y sesenta, epidemiológicamente lo más llamativo fueron los trastornos de ansiedad, la angustia vital de la que hablaría nuestro eminente psiquiatra López Ibor padre. Pasados los sesenta se vino la plaga de la depresión y sus variados remedios, desde los psicofármacos hasta otros tratamientos poco ortodoxos como el electroshock o la llamada Terapia Electro Convulsivante (TAC) que aún se aplicaba en los años ochenta en España en casos refractarios a los fármacos y como forma de evitar suicidios recidivantes. Y por fin en nuestra era. En la contemporaneidad, y la película es un ejemplo de ello, emergieron con fuerza los cuadros psicopáticos. Para que se entienda sencillamente, un psicópata lo es en una gran medida o en pequeñas medidas, o sea, no hay el psicópata puro y el no psicópata. Pero el psicópata realmente enfermo es aquella persona narcisista que exprime a los demás, que suele ser inteligente, amoral, impulsivo, irresponsable, con gran capacidad verbal, alta autoestima, promiscuidad, manipulación, proclive a pasar la acción en forma violenta sobre todo (acting out), que roba, viola o mata sin tener por ello sentimientos de culpa ni escrúpulos de ningún tipo, salvo cuando quebranta sus propios códigos de comportamiento; falta total o muy elevada de empatía, tendencia a tratar a las personas y seres vivos como meras “cosas”, y su continua violación de los derechos y normas sociales. Pues bien, los casos de psicopatía han inundado nuestro denominado primer mundo y desde el político corrupto y mentiroso hasta el asesino en serie, son ejemplos de casos de psicopatía.

Dicho esto, en el film se ve muy bien cómo Capote pretende entrar en la mente de estos dementes que han sido capaces de “matar a sangre fría” (de ahí el título de la novela), a una pobre familia de granjeros con cuatro componentes, para al final robarles 20 dólares. Y se ve cómo, según el relato de uno de ellos, cuando el otro intentó violar a la joven, algo que rompía sus códigos de conducta, uno le dijo que lo mataría si lo hiciese. Y cómo, ambos jóvenes estaban aparentemente serenos y nada atormentados tras de tamaña fechoría. Y además, para estos sujetos, hoy por hoy no se conocen formas de reeducación ni pedagogía alguna que corrija sus comportamientos antisociales.

De manera que la película es interesante por esta razón psiquiátrica, podríamos decir. Pero también lo es porque recrea una época en la historia de Norteamérica en la que Capote, y otros, perseguían la gloria literaria y flirteaban con la ruina moral: juergas, tóxicos, bebidas, promiscuidad, etc. De manera que no es sólo la memorable interpretación de Hoffman en el rol de Capote, sino también el penetrante estudio del director Bennett Miller y del guionista Dan Futterman lo que cautiva con su trabajo profundo y de interés social en un retrato extremadamente cuidadoso.

Pero sin duda lo más llamativo es el Capote en brazos de Seymour Hoffmann, un individuo que para quien lo haya leído o visto en alguna entrevista o documental era excéntrico, ególatra, manipulador, falso como la falsa moneda, alcohólico, algo loco y eso sí, genial. Y Hoffman está que se sale. Sólo por esto ya merece la pena ver esta película.

Un film meritorio sobradamente, con un curriculum excepcional como he apuntado antes, y que trata la historia de un gran escritor dentro de otra historia, esta vez truculenta, que ocurrió finalizando los cincuenta, cuando aún estos hechos salvajes llamaban la atención. Hoy, entre terroristas, asesinos en serie, pedófilos, corruptos y otra fauna de la que mejor no hablar, nos hemos insensibilizado, lamentablemente.

El final total de la historia fue que Truman Streofkus Persons, su verdadero nombre, que se declaraba abiertamente homosexual (Nunca traté de ocultar el hecho de que soy homosexual. ¿Para qué iba a hacerlo? Míreme, soy el prototipo del homosexual. Soy homosexual y, aunque no estoy orgulloso de ello, tampoco me avergüenzo), era arrogante (Quedan tres o cuatro escritores de mi generación con vida en una carrera que siento voy a ganar), sagaz y crudo (cuando envío el manuscrito al editor estoy seguro de cada palabra. Las palabras me han salvado siempre de la tristeza), incorrecto (No, no soy el escritor de los ricos de Nueva York. Mi libro ´A sangre fría´ ha vendido ocho millones de ejemplares, y no creo que haya tantos ricos en Nueva York. Y si los hay, son demasiado bastos para gozar con esta literatura) padecía epilepsia, se confesaba alcohólico (todos los escritores, grandes o pequeños, son bebedores compulsivos, porque empiezan sus días totalmente en blanco, sin nada), se reía de sí mismo (tengo el tamaño de un revólver y soy igual de ruidoso), con lengua viperina hacia sus colegas, decía de Hemingway (Le odio todo entero. Era una engañifa. Un tipo absolutamente embebido en la idea del machismo, del supermachismo), y consumía altas dosis de psicofármacos, murió a los 59 años en 1989 en Los Angeles, mientras dormía bajo los efectos de los hipnóticos que había consumido en abundancia.

Me sale despedir estos comentarios con un Requiescat in pace, tanto por Truman Capote como por el gran Philip Seymour Hoffmann que recientemente nos dejó.

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