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Sobre el bien, el mal y la traición

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta genial película de Welles, Sed de mal, el agente de policía mexicano experto en narcóticos Mike Vargas (Charlton Heston), recién casado con Susan (Janet Leigh) de nacionalidad estadounidense, llegan a la frontera con México justo en el instante en que hace explosión de un coche conducido por un mafioso de la droga. Después de presenciar el violento suceso, Mike y su esposa interrumpen su viaje de luna de miel. El caso llevará a Mike a trabajar en la investigación del caso junto a Hank Quinlan (Orson Welles), el corrupto y pantagruélico jefe de la policía local, muy conocido por su forma heterodoxa de conducir sus pesquisas. Quinlan fabrica pruebas falsas para inculpar a un joven que él dice ser el culpable de la deflagración. Pero Vargas es sabedor de la falsedad de las pruebas y comienza investigar por su cuenta, lo cual que descubre que Quinlan y unos mafiosos están relacionados con el crimen. A todo esto, Susan es apresada por los sicarios de la frontera, es drogada y usada para crearle mala fama al impoluto Vargas, para que desista de su investigación. Lo que se sucede es una carrera contra reloj de Vargas para apresar al sucio Quinlan y salvar a su esposa. En la parte final, Tanya (Marlene Dietrich), una enigmática gitana que fue amante de Quinlan, augura el fatídico final de éste.

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No creo decir nada original si afirmo que este film es uno de los más conseguidos por Orson Welles como director, y también como actor. Esta obra, cuyo título en inglés es Touch of Evil, significó la vuelta de Welles a los EE.UU. tras diez años rodando fuera de su país. Por entonces Welles no gozaba del beneplácito de Hollywood por su carácter difícil, entre otras. Fue Charlton Heston, que en ese entonces estaba en la cúspide de su carrera, quien logró imponer a Welles para la dirección de la película, con tal libertad, que incluso reescribió el guión, adaptación de la novela “Badge of Evil” de 1956 de Whit Masterson (pseudónimo de dos autores: Robert Allison y H. Bill Miller). Orson Welles consiguió transformar lo habría sido un thriller mediocre en una de las obras de la cinematografía noir más sugestivas y categóricas. Logra crear en ella una densa atmósfera genialmente fotografiada por Russell Mety en blanco y negro, haciendo uso de la luz fuerte y los contrastes entre sombras y zonas iluminadas, lo cual nos va transportando a un universo bizarro y corrupto. Welles consigue también encuadres que perfilan las características de los personajes principales. La puesta en escena, además de planos sorprendentes, hace gala de movimientos de cámara de pasmosa modernidad, propias de un genio de la talla de Welles. Valga como muestra el espectacular plano secuencia de uno de los comienzos mejores de la historia del cine, considerado como uno de los más brillantes planos secuencia que recuerdan, muy inspirado en el expresionismo alemán: https://www.youtube.com/watch?v=DxaR3Je3pGw. Hay igualmente una última secuencia, un magnificente ejercicio visual y sonoro, que resume el dejo fantasmagórico que rige esta película de un cine que más que “negro” es “negrísimo”. “Sobresaliente filme [...] la magnífica dirección de Orson Welles eleva a la categoría de clásico esta intriga policiaca (…) ejercicio de estilo inigualable” (Morales). Maravillosa la música de Henry Mancini.

El reparto lo constituye un elenco de actores donde destacan por su papel protagonista, tanto un brillante Charlton Heston capaz de bordar el rol del honesto policía mexicano; y de otro lado, en la contraparte, un enorme, quizá en exceso, Orson Welles que sabe colocar todo su peso actoral (nunca mejor dicho lo del peso), en el malévolo policía norteamericano Quinlan. Janet Leigh esplendente en su rol de esposa amantísima. La bellísima y ya mujer madura Marlene Dietrich, a la que su amigo Welles inventa un papel que no está en la novela, la inquietante gitana dueña de un tugurio de mala muerte, la voz de la conciencia del diabólico Quinlan, con algunas frases memorables en su corta pero significada actuación. Y otros actores tan significados para la historia clásica de Hollywood, ya por aquel entonces casi desaparecidos de circulación, como como Joseph Cotten, Mercedes McCambridge y Zsa Zsa Gabor, y acompañando más que bien Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Dennis Weaver, Ray Collins. Un equipo actoral sorprendente sobre el que recae esta historia compleja e interesante y técnicamente impecable.

Este drama criminal, que además de oscuro puede resultar en cierto modo extravagante, tiene su historia interesante para los aficionados al cine. Finalizado el rodaje, los productores no quedaron conformes con el camino que Welles había tomado, les parecía el film confuso. Así las cosas, la cinta fue reeditada e incluso se rodaron escenas suplementarias, mientras Welles se empeñaba en España en rodar El Quijote. A su regreso a Hollywood Welles no estuvo de acuerdo con la decisión de los productores y consideró que para que la película fuese de su autoría se debían seguir unas indicaciones y hacer un montaje nuevo. Estas indicaciones las escribe Welles en un documento dirigido a la Universal Studios Inc., el cual documento guardó Charlton Heston y que con el tiempo, sirvió para realizar en 1997 una nueva versión restaurada, que es la misma que fue estrenada en cines en 1998, 15 años después de la muerte Welles. Lo que queda es un drama criminal oscuro, extravagante, con un nivel excelente.

Estamos ante un film grande, denso y fosco, personajes propiamente de novela pulp de las muy baratas pero también muy interesantes, ambientación de órdago, sonido y música al son de una cámara imponente, pasión, mucha densidad, mucha tensión. Welles envuelve al espectador en esta cinta, se acerca por los laterales para concluir con un perfecto trenzado. Escena tras escena innova, ingenia planos de forma inverosímil. Y aunque no sea redonda, cada segundo de su metraje tiene una admirable fuerza e intensidad.

Todo un azote de thriller impúdico que cierra a modo de “cante del cisne” un ciclo en el género negro americano. El genio de Welles, unido a unos actores y actrices de lujo, confluye en este recreo para todo amante del cine que participa de la nocturnidad, la dureza, el clima, el crimen organizado, la traición, el bien y el mal, la ambición, el poder, y la policía por encima de ley. Ahí es nada.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=V-Oqn2hMp1M.

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