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Snowden

Por Alejandro Arranz

-Una película entretenida, dócil e innecesaria. Oliver Stone sigue desaparecido y ya nadie le busca.
-El ritmo es correcto y el reparto es excelente. Lo demás es tan sólido como insípido.

Sí, La fiesta de las salchichas es mucho más incendiaria que los últimos trabajos de Oliver Stone. Decir ésto también me duele un poco a mí, pero es la verdad. El que fuera uno de los directores más polémicos, rompedores y con más huevos, se ha convertido en un cineasta tan lánguido como aburrido. Mucha gente desprecia -por ejemplo- Natural Born Killers, pero no creo que ni ellos puedan negarme que el tío que la hizo tenía más cosas que decir y formas más atrevidas de decirlas que el señor que firma Snowden. Me gustó Savages porque tenía destellos de un Stone osado, pero salvo algunas de sus propuestas documentales estoy seguro de que el cineasta no entrega nada realmente bueno desde finales de los 90. Lo que nos trae en esta ocasión es una película sobre Edward Snowden. Una propuesta algo sorprendente teniendo en cuenta que el documental Citizenfour de Laura Poitras nos impactó a todos hace tan solo dos años. Sea como fuere el guión basado en el libro de Luke Harding (periodista de The Guardian) lo co-escriben el propio Stone y Kieran Fitzgerald (“The Homesman”). Como Snowden tenemos a Joseph Gordon-Levitt, y el elenco de secundarios lo componen: Shailene Woodley, Melissa Leo, Zachary Quinto, Tom Wilkinson, Rhys Ifans, Nicolas Cage y Timothy Olyphant -entre otros-. Desvelemos entonces las claves de esta propuesta.

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Stone elige como epicentro de la historia la realización del documental Citizenfour. La decisión no está mal, pero acrecienta la sensación de innecesariedad y reiteración. Por desgracia, ese no es el único de los problemas que tiene la cinta. Snowden es una película muy concisa y nada sorprendente. Es una narración convencional y esquemática de unos hechos que ya conocemos, y los temas interesantes e importantes así como el discurso, acaban escondidos bajo los códigos de un biopic tan competente como soso. De esta forma, la ficción de Stone aporta una visión personal de Snowden en la que destaca la trama romántica cuando no se deja guiar por clichés, y realmente funciona gracias a Levitt y Woodley, el primero totalmente comprometido y la segunda tan creíble y adorable como siempre. Esta trama también ofrece puntos de vista interesantes en algunas escenas. El reparto en general lo hace muy bien, se disfruta cada segundo de Nicolas Cage en pantalla grande y Rhys Ifans se come cada escena haciendo grande la película aunque sólo sea en momentos puntuales. Contra esto tenemos un guión simplón, temeroso y empeñado en no ensuciarse las manos. Al igual que la dirección de un Stone más manso y políticamente correcto que nunca, que nos ofrece una puesta en escena sin un ápice de riesgo o personalidad. La película se convierte en uno de sus peores trabajos gracias a esos últimos 20 minutos excesivamente largos y sentenciados con un discurso final en tono épico, que es posiblemente lo peor que ha hecho nunca Stone.

Si han visto Citizenfour, no les aportará nada la película de Stone, pues aquella era más compleja, más entretenida y evidentemente necesaria. Si este es su primer contacto cinematográfico con Snowden, se enfrentan a un biopic corriente y de fácil visionado, que rechaza cualquier polémica, atrevimiento o firma personal. El reparto hace un trabajo estupendo incluso cuando debe hacer creíbles algunos diálogos bastante malos. Oliver Stone reafirma su ausencia firmando uno de sus peores trabajos, algunos lo tildarán de sobrio, prefiero el término acobardado.

Alejandro Arranz

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