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Si la ves tranquilo y de buena onda, te dejará buen sabor de boca

Por Enrique Fernández Lópiz

La pesca del salmón en Yemen tiene un título casi loco, pues es lo último que uno podría imaginar en ese país sumido en la pobreza y la hambruna. Pero no hay que negar que el tal título resulta llamativo; quién sabe si no fui a verla por este motivo, pues nadie discutirá que es un título muy disuasorio a la vez que trepidante, chispeante e incluso provocador.

En la historia, un reputado científico, el doctor Alfred Jones (Ewan McGregor), miembro del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura, es pionero en la reproducción de moluscos. Por esta razón, su jefe le propone que estudie la idea de introducir el salmón en Yemen. Alfred no acepta la propuesta pero resulta que tras el emprendimiento está un riquísimo jeque árabe (Amr Waked), empeñado en implantar el arte de la pesca con mosca al norte de su país, Yemen. A esta rocambolesca trama se unen las ambiciones políticas de un asesor del primer ministro, que ve en el proyecto una opción para que el Reino Unido gane posiciones en Oriente Medio y, ya puestos, consolidar su futuro político. Una vez en marcha el proyecto, el doctor Alfred Jones reconsidera su decisión primera y comienza a colaborar con la bonita joven (Emily Blunt), que hace de representante del jeque.

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El director Lasse Hallström nos ha obsequiado con películas de encanto como Chocolat (2000) o Un viaje de diez metros (2014); u otras conmovedoras como Las normas de la casa de la sidra (1999). En esta el realizador sueco logra construir una peliculita con su toque tierno e incluso lírico, amén de romántico, de lo que resulta “una película con el tono, las situaciones, los diálogos y la atmósfera de las buenas comedias inglesas” (Boyero). Confeccionada con buen gusto se ve con facilidad y entretiene.

El guion de Simon Beaufoy es una adaptación de la novela de éxito del británico Paul Torday (escritor de éxito tardío), “Salmon Fishing in The Yemen” (2006), una novela cálida e irónica. El libreto es bueno, bien construido, en el cual un millonario emir quiere llevar a cabo poco menos que lo imposible: trasladar salmones escoceses al erial yemení. En resumidas cuentas, la historia se traduce en una trama simpática, en ocasiones sarcástica y crítica. En manos de Hallström, este director artesano y de buen oficio sueco trasplantado al cine inglés y que “parece estar como pez en el agua dentro de las comedias amables alrededor de los choques culturales”, concluye finalmente en una cinta de buenas trazas cinematográficas.

Interesante y bonita la música de Dario Marianelli, The Young Romans: “Where You Go”. Excelente la fotografía de Terry Stacey que capta muy bien los paisajes y avatares, con gran exquisitez, distinción y elegancia. Y buena puesta en escena.

En el reparto tenemos a Ewan McGregor, que sabe rentabilizar su variedad de registros interpretativos, apetitoso para las féminas, estiradito, convencional, entregado. Quizá por ello sintoniza muy bien con una bonita Emily Blunt, ésta en un trabajo más sobrio. Kristin Scott Thomas es la salsa exquisita de la que no puedes prescindir, sin duda la mejor del reparto, encarnando a la oportunista y pragmática jefa de prensa del primer ministro del Gobierno inglés. Bien Rachael Stirling, pasa el corte Amr Waked como jeque y en su punto Tom Mison.

Premios y nominaciones en 2012: Globos de Oro: Nominada a Mejor comedia, Actor (McGregor) y Actriz (Blunt). Premios del Cine Europeo: Nominada al Premio del público.

Travers escribe que se trata de “una elegante delicia rebosante de espíritu y sorpresas”; Hornaday, que esta película “pide al espectador que simplemente se siente y disfrute de la placentera picaresca”, llevada de la mano segura de Hallström. Gleiberman habla de cómo, esta obra “nos devuelve a la clase de civilizada historia de amor en la cual el único obstáculo en el camino de dos personas enamoradas es su propio decoro”. Y para Ebert, su director “no saca ventaja de la rica excentricidad de la historia”. Y creo poder decir que todos dicen verdad y bien, pues es una obra de medianía, que mantiene un ritmo progresivo, que se digiere bien y sin esfuerzo (sólo un poquito de radicalismo islámico tangencial), con aire británico, interpretaciones muy dignas y sencilla, sin ornamentos ni florituras.

En fin, película sin pretensiones, graciosa, que te hace sonreír fácilmente, los justos convencionalismos, no es comedia tópica y se disfruta con ella. Sólo hay que sentarse con tranquilidad y buena onda, entonces es probable que te deje un buen sabor de boca.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=5VNC7KACVgk.

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