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She was born to please. Pink Flamingos

Por Anna Montes Espejo

Dijo François Truffaut en boca de Ber  trand, protagonista de L’homme qui amait les femmes (1977), que “Las piernas de las mujeres son compases que recorren el planeta en todos sus sentidos, dándole equilibrio y armonía”. Pues bien, esta parece la máxima que siguió Divine en Pink Flamingos (John Waters, 1972), su paseo por Baltimore y su extrarradio es una de las escenas más emblemáticas para el público medio, lógicamente.

Al ritmo de “The girl can’t help it” desfila ese tercer sexo que se erige en la protagonista. Caer en la convención de mencionar que Divine “era” en realidad Harris Glenn Milstead no deja de ser una convención limitadora, y más cuando el personaje ultra-sobrepasa tales extremos. El lenguaje sigue siendo demasiado convencional para hablar de ciertas concepciones del ser.

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Si utilizo la etiqueta de “espectador medio”, es para acotar el público en búsqueda de esa persona “normal”, sin afición alguna por el menú de parafilias que muy amablemente, y sin tapujos, nos brinda Waters. Basura por doquier. “Trash” que procura una sonrisa, si uno se permite otorgarse el beneplácito de intentar comprender las coordenadas de ese humor ya sin gusto, inútil la media tinta de “dudoso”.

Ciertamente, Pink Flamingos es una performance caduca ya en su mismo visionado, difícilmente el público generalista pediría un segundo visionado. Sin embargo, uno de los elementos alejados del universo de Divine sí es reseñable: la banda sonora. Música de los años 50 y 60, generalmente de populares bandas de cantantes de color, como The Tyrones, The Tune Weavers y The Robins; pero también con el fogonazo de incansables solistas, ahí está Little Richard; y la meliflua Patti Page, que desde luego, no debe estar nada contenta con la escena que adornó su canción.

La filmación es ostensiblemente amateur, de una pobre calidad, y Waters, al no poder grabar el sonido en exteriores, muy sabiamente convierte esta desventaja en un logro consumado, ¿cuál era la solución? La banda sonora. Música que afortunadamente acelera el ritmo de la película, cubre el excéntrico, pero débil guión; y mediante el uso de canciones aceptadas socialmente, incluso conservadoras, genera una parodia del sistema aún más estridente. Celebrar el aniversario de la protagonista con un “happy birthday” de nube de azúcar, elegante, a la vez que propio de la piruleta de Lolita, solo puede abrir el apetito a centenares de huevos. O a gallinas. Para gustos…

Como curiosidad, “Happy, happy Birthday, Baby”, de The Tune Weavers no sonaba en el estreno de 1972, si no que en su lugar podíamos escuchar “Sixteen Candles” de The Crests, canción también bellísima para corear con cursilería. Pero al haber problemas de derechos de autor, esta se tuvo que substituir por la que podemos escuchar actualmente. En el estreno de Pink Flamingos John Waters también incluyó unos segundos de La consagración de la primavera, de Stravinsky, que también se eliminaron posteriormente.

Como el video anterior incluye la banda sonora original, aquí está la canción de cumpleaños definitiva, que en mi opinión, debería deleitarse obligatoriamente en todos los cumpleaños, después de la de The Crests. Y es que Divine y Cotton (Mary Vivian Pearce) eran unas mujeres distinguidas, un contrafactum de Bonnie & Clyde.

Comentarios

  1. Sancho P.

    Esta película es una auténtica frikada, la última escena del film me dejo totalmente desconcertado. Tengo entendido que esa escena es real sin trucos.

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