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Sensaciones directas al corazón (a David Bowie in memoriam)

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace poco falleció David Bowie, un icono del rock de este y del pasado siglo, que también ha llevado a cabo interpretaciones memorables en el cine. En estas páginas, quiero recordar a este genio, y lo quiero hacer comentando esta película que vi en su estreno en Madrid: Feliz Navidad, Mr. Lawrence. Tras la proyección, cuando salí de la sala, me sentí profundamente conmovido, por tratarse de una historia profunda, de opresión y valentía, de guerra y amor, y de mucho más. Todo ello con la presencia de grandes actores y una gran dirección. Salí del cine tambaleante, reflexivo y admirado. Luego he vuelto a visionarla y me sigue produciendo una honda sensación de sentimientos encontrados, todos muy fuertes.

Se sitúa la película en la Segunda Guerra Mundial, en Java, 1942. El Mayor australiano Jack Celliers (David Bowie) acaba de llegar a un campo de prisioneros japonés bajo el mando de un Comandante de campo estricto y de firmes convicciones de nombre Yonoi (Ryuichi Sakamoto). Yonoi cree con la fuerza de un noray en la disciplina, el honor y la gloria como valores inconmovibles. Según su parecer, los soldados aliados, en vez de haberse entregado, habrían tenido que suicidarse según el código de honor nipón. No haberlo hecho y estar en su campo como presos, es porque son unos cobardes. Cuando un compañero prisionero, el Teniente Coronel John Lce (Tom Conti) trata de explicar a sus colegas cuál es la filosofía y la manera de pensar de los japoneses, éstos lo consideran un renegado. Pero lo mejor estará por venir cuando entre el Comandante japonés y el Mayor australiano surja una escondida línea de intenso afecto, pero soterrada. Debajo del temperamento estricto de Yonoi, late una homosexualidad largamente reprimida, pues desvelarla le reportaría la ignominia absoluta ante la tropa y ante sus compatriotas. El amor de Yonoi hacia Celliers, provocará tensiones entre guardianes y prisioneros. A lo cual se une el choque de mentalidad entre la tropa oriental y los recluidos occidentales, resultando, finalmente una atractiva producción de choques culturales con múltiples elementos de interés.

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Vieytes sugiere que lo bello en Nagisa Oshima no es algo que pueda ser admirado exteriormente, sino el propio impulso vital que lleva hacia un objeto que se vuelve relevante, o singular, por la atracción que despierta, radical en su diferencia que, sin embargo, nos refleja. Así, las imágenes de este film (en el original de título Furyo), son auténticamente hipnóticas, magnéticas, con un magnetismo que atrapa y suspende la voluntad porque la cumple fugaz pero íntegramente. Es lo que le ocurre a Yonoi con Bowie, a quien ve como alguien proveniente de otro planeta: https://www.youtube.com/watch?v=Xw-sGFbQu18. De manera que el problema que plantea Oshima sobre el protagonista Yonoi, no es solamente la represión de sus ganas de mantener relaciones sexuales con Celliers, sino algo que se funda en ese deseo, pero lo supera, e incluso lo precede. Oshima es un director de culto, sobre todo tras su obra ya mitológica y quizá poco entendida, El imperio de los sentidos de 1976, un film en el que Eros y Thanatos juegan una misteriosa danza de sexo y muerte. En este film, de nuevo el amor y la rabia sacuden al espectador, con escenas realmente maravillosas e intensas, donde la belleza se vive como tensión vital. Vieytes escribe también: Lo bello, en tanto vital, produce emoción, si no deseo, y la emoción puede ser insoportable, mucho más en tiempos de guerra, en los que la sensibilidad puede hacer que, quien se abandona a ella, se sienta frágil e indefenso, pero ¿existen otros tiempos que los bélicos?. Y como resumen Khan escribe, una: Insólita exploración entre las relaciones de poder y el amor en un campo de presos.

El guión del propio Oshima junto a Paul Mayersberg, es una adaptación de dos novelas del escritor surafricano y amigo de la realeza británica, Sir Laurens Van Der Post, fruto de su paso como prisionero en campos de concentración japoneses; se trata de las obras The seed and the Sower (La semilla y el sembrador) (1963) y The night of the New Moon (1970). Con este material literario, el libreto alcanza un nivel de enorme emoción, humanidad y sentimientos de hondo calado: remordimientos, frustraciones, pasiones reprimidas, amor, muerte y valor, mucho valor, ese valor invisible que se necesita para el día a día. Tiene además unos diálogos maravillosos, una trama vital, y el relato es narrado con un crescendo continuo que te atrapa y cautiva. Las injusticias de una guerra tratada con suma crudeza hiperrealista, con un atroz y realista final.

El músico y actor en el film Ryuichi Sakamoto compone un espléndido, interesante y singular sonido entre exótico y dramático que crea un clima denso y a la vez bello. Gran fotografía de Toichiro Narushima, y buen montaje y puesta en escena.

El reparto es un David Bowie bello, expresivo, que transmite audacia y sensualidad, que hace un trabajo antológico; algunos dicen que el mejor en su carrera cinematográfica; le secunda un gran Ruychi Sakamoto, que igualmente se coloca al límite de los sentimientos que él sabe trasladar al espectador con fuerza y con toda la carga de las contradicciones que albergan (la secuencia en la que Bowie se abre paso entre los soldados y besa a Sakamoto ante las caras estupefactas de sus soldados, es una de las escenas cumbres del cine que encierra un momento maravilloso y clave del film: https://www.youtube.com/watch?v=AALrrgEOlvU; se dice igual que ha sido el mejor papel que ha interpretado Sakamoto en el cine. Están muy bien Tom Conti y Beat Takeshi (Takeshi Kitano); las conversaciones de Tom Conti y el genio Takeshi Kitano son impagables; y acompañan de manera excelente Jack Thompson, Yuya Uchida y Johny Okura.

En 1983 fue nominada a la Palma de Oro en el: Festival de Cannes.

Al final se produce un festival de sensaciones interno y se sienten ganas de llorar. Esta película es según mi parecer, una de las más hermosas, conmovedoras y profundas que he podido disfrutar, lo cual es mucho decir, más que nada porque he visto mucho cine. Pero como decía al principio, al salir a la calle en una gélida noche del diciembre madrileño tras ver esta obra, un auténtico remolino de ideas y sentimientos se agolpaban dentro de mí, teniendo yo la seguridad de que aquella película me había tocado en lo profundo de mi corazón, que había podido recrearme con un profundo viaje al interior del espíritu humano, provocado por la situación límite que narra la historia.

Yo esta película la recomiendo sin fisura o duda alguna. Si te gusta el cine, si eres sensible, vela.

Puedes ver aquí el tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=7JTroFovUXw.

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