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Sencillez y belleza

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi esta película (Bajo el sol) no hace mucho y la asocié con otra que me gustó igualmente de título La novia polaca de Karim Traïdia del mismo año, y de la que hablaré en otra ocasión, pues también lo merece. Desde ya digo que me parecido un bonito diamante de film que merece más atención de la que tuvo en nuestro país.

Bajo el sol es una película sueca en la que Olof, un hombre granjero, grande en estatura y humanidad, vive solo tras el fallecimiento de su madre en 1956. No ha ido a la escuela y no sabe leer ni escribir, por lo que siempre ha tenido que depender de los demás. En el trabajo de la granja le ayuda su amigo Erik, que a pesar de ser más joven, presume de saber más de la vida que él por su etapa de marinero. La relación entre Olof y Erik muestra una cierta tensión que lleva al espectador a desconfiar de la honestidad del segundo. Olof entonces decide poner un anuncio en un periódico buscando un “ama de llaves” y acaba encontrando a Ellen. Ellen es una hermosa mujer de clase media que proviene de la ciudad atraída por el anuncio. Con ella aprende el cariño y el sexo, y acaba enamorándose. Ella, además, se hace cargo de las labores domésticas y también de la granja. Tras un episodio de tensión entre Elle y Eik ella decide marcharse, pero vuelve y retoma de nuevo la relación para quedarse con Olof para siempre.

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Está dirigida de manera muy convincente por Colin Nutley, con un guión del propio Nutley junto a Johanna Hald y David Neal, adaptación de un relato corto del escritor inglés H.E. Bates, The litlte Farm, donde se evidencia la diferencia entre un mundo rural y bucólico, y el más malicioso ambiente de la ciudad. Bonita música de Paddy Moloney y excelente fotografía de Jens Fischer.

Me ha parecido que tiene un reparto muy bueno con actores y actrices desconocidos en gran medida para nosotros, pero de una gran calidad y profesionalidad como Rolf Lassgard, Helena Bergström, Johan Wideberg, Gunilla Röör, Jonas Falk, Linda Ulvaeus, Bergljot Amadottir y Per Sandberg.

Para mi modo de ver, este es el paradigma de película sencilla y bella. Una historia rural de pobre campesino analfabeto a quien la vida pone casi por azar a la mujer que le habrá de enseñar los secretos del amor, un amor que él no había conocido; Olof sólo había mantenido una relación afectiva como hijo con su madre.

Las imágenes son tratadas con exquisita delicadeza, con bellos paisajes de cielos nubosos, lagos cubiertos de niebla o pájaros enjaulados cantando. El paisaje sirve también a Nutley para ir mostrando el estado de ánimo de los personajes. Por ejemplo, hay una escena en la que a medida que avanza el autobús que trae a Ellen, las nubes corren y el sol inunda la pradera. Cuando la atracción entre ellos va en aumento, también crece la tensión en la forma de una gota de agua pendiendo de una fresa hasta que finalmente cae y se dispersa en miles de ondas concéntricas.

Un film de tempo adecuadamente lento y un pulso narrativo maravilloso. Una historia que no es nueva, ni siquiera actual; una historia que transcurre en el pasado pero que es tan antigua como el mundo. Y muy importante: está muy bien contada e interpretada, y complace los sentidos con las imágenes y la música. El film empieza y termina con la misma frase: Pasó lo que debía pasar [...] no hay nada nuevo bajo el sol.

Como dijo nuestro gran crítico Ángel Fernández Santos: “Se ve con gozo. Todo es transparente en esta historia de alto erotismo nórdico. Sereno, cadencioso, vivo, sensual, a ratos incluso caliente juego amoroso. La gradualidad del crescendo sentimental es perfecta, libre, creíble, elegante.”

En resolución, una buena película sencilla, bella y conmovedora. Recomendable.

Tráiler de una escena erótica aquí: https://www.youtube.com/watch?v=F6LlnHJC8O4.

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