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Semilla de maldad

Por Enrique Fernández Lópiz

En la historia que narra esta película, un soldado veterano en busca de trabajo, Richard Dadler (Glenn Ford), acepta el empleo de profesor en un colegio público de chicos marginales y conflictivos. La acción se desenvuelve en la “North Manual Hight School”, a las afueras de una gran urbe norteamericana de postguerra, allá por 1954. Tras una severa entrevista con el Director del Centro, Dadler se da cuenta que la tarea no será fácil. Y al entrar en al aula por vez primera, ve que ante si tiene a unos chicos que son violentos en extremo y potencialmente delincuentes: una especie de “horda desalmada”. De otro lado, los colegas de trabajo tampoco son muy halagüeños en sus predicciones sobre el trabajo de profesor, sobre todo en ese Centro. Dadler habrá de sufrir humillaciones, agresiones físicas y otros muchos inconvenientes. Tras una época de dudas sobre si continuar o no en el centro, pues los percances de los jóvenes tocan de lleno incluso a su mujer, intenta encontrar trabajo en otro colegio mejor, lo cual que consigue. Pero finalmente decide continuar en su centro y emplearse duro en su tarea para hacer de sus alumnos hombres de provecho que puedan insertarse en la sociedad.

Se trata de una película dirigida con gran profesionalidad por Richard Brooks, dirección que reflota con buen guión el propio Brooks, basado en una novela de Evan Hunter que relata las condiciones de dureza en que se han criado jóvenes de barrios bajos, a apenas diez años de finalizada la II Guerra Mundial. Este aspecto es muy importante en la película, pues esa generación de jóvenes apenas eran unos bebés cuando sus padres acudieron a la llamada del ejército para luchar en Europa contra los alemanes; los padres como soldados, y muchas madres en fábricas de armamento u otras labores como las sanitarias que hacían falta en la contienda. Entonces, la historia retrata a una generación, bastante olvidada en nuestros días, la de aquellos jóvenes norteamericanos que se iniciaban en el rock and roll (incluye el famoso Rock Around The Clock, de éxito mundial: ¡25 millones de copias vendidas!), en la bebida, en la delincuencia, sin una educación en familia adecuada, de barrios marginales y con unas rémoras producto de las circunstancias históricas que la escuela pública tenía que remediar de alguna forma para que se insertaran socialmente, y evitar así la exclusión y el vandalismo. Este matiz social de la importancia de las variables generacionales (históricas y contextuales) como determinantes del perfil de los adolescentes de una época en EE.UU., me ha dado que pensar. Hoy, los jóvenes son de otra forma, con características positivas y otras no tanto, debido a las condiciones de vida actuales. Pero a aquellos adolescentes americanos de principio de los cincuenta, les tocó un mal momento, unas condiciones mucho peores que las actuales evidentemente, para formarse y progresar, y superar la “crisis de identidad”, tan común en esta edad. Y eso es, para mí, un elemento sustancial de esta cinta.

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Rodada en blanco y negro, tiene una buena fotografía de Russell Harlan y una excelente puesta en escena, a la par que mantiene la atención, pues a pesar de ser un drama de corte educativo, tiene también mucho de acción y de violencia. Sobre todo en los enfrentamientos de los alumnos con el profesor. Además, en la narración afloran problemas como los conflictos raciales y étnicos, la violencia de género, la delincuencia, la violencia pandillera, la emergencia en este contexto de líderes psicopáticos, o sea, delincuenciales, el abuso de alcohol y de drogas, y la manifestación de la violencia por la violencia, sin justificación. De hecho, a lo que he podido averiguar, este film tuvo dificultades para poder ser exportado por la industria cinematográfica del momento, pues la censura americana entendía que daba una mala imagen del país de cara al exterior, como que podría erosionar el prestigio exterior de los EE.UU. Por eso, aunque la acción se desarrolle de forma dramática, sin embargo puede también considerarse que incorpora elementos testimoniales, históricos y documentales de enorme interés.

Esta película fue nominada a cuatro Oscar en 1955: dirección artística, fotografía, montaje y guión. Y efectivamente, a mí me ha parecido una película de considerable calidad que aún hoy día se puede ver; e incluso hoy, más que nunca, pues aparte de la conflictiva juvenil, toca también las dificultades de la escuela con institución de contención, y la dura labor de maestros y profesores, aspectos todos de enorme actualidad en esta España nuestra, y en esta Europa nuestra.

Mención aparte merece el reparto de lujo, sobre todo con las figuras de un fulgurante Glenn Ford y un jovencísimo Sidney Poitier, amén de muy buenas interpretaciones de Louis Calhern, Maggie Hayes o Anne Francis. Y me decía yo que si en esta peli Glenn Ford es profesor y Poitier alumno conflictivo, en 1967 sería Sidney Poitier quien interpretara el papel de un profesor en una escuela conflictiva de Londres, en la famosísima película Rebelión en las Aulas de James Clavell, 1967: ¡curiosidades! Aunque aquellos alumnos de Poitier, comparados con los de esta película eran poco menos que inocentes muchachos, lo cual me ratifica en lo que antes decía, y es que a final de los sesenta las circunstancias históricas y sociales eran muy distintas y más amables a las mostradas en esta peli, y en la Gran Bretaña más diferentes aún.

Pero siguiendo con nuestro film y las interpretaciones, Glen Ford hace un papel de gran solidez, un papel creíble que se adecúa a los cambios que se van sucediendo en la historia, en la que va afrontando los problemas y conflictos de una manera directa pero –y este es un buen mensaje en general de la película- intentando evitar en lo posible la violencia como respuesta a la violencia. Papel, pues, muy bueno en el rol de profesor modelo y paciente, que además goza de la compañía de una amantísima mujer, que finalmente le da el ansiado hijo. Y ello lidiando con muchachos, como decimos, cuyos padres no pudieron hacerse cargo de su educación. Poitier encarna a la perfección y con soltura actoral a un alumno inicialmente conflictivo, pero que acaba reconvirtiéndose por efecto del profesor en un líder que enlaza al profesor con el grupo y que afronta y termina con la violencia en el aula, acordando con el profesor continuar con sus estudios, previendo así un mejor futuro para su vida. En realidad el papel de Poitier, si bien es el de un muchacho difícil al inicio, sin embargo no se esconde que es un chico de buen fondo que incluso dirige un coro Gospel.

En resumen, una buena película que ha resistido con toda dignidad el paso del tiempo. Recomendable para quienes deseen conocer la historia social de la mitad del pasado siglo en EE.UU., y recomendable también para padres, profesores y alumnos sobre todo de secundaria, para que vean en el espejo de esta Semilla de maldad, muchos de los desafueros actuales; aunque éstos signifiquen una “rebeldía sin causa”.

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