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Secuela con un par

Por Adrián Pena

Vuelven los chicos de Kick-Ass. Vuelven a juntarse Aaron Johnson, Chlöe Grace Moretz y Christoph Mintz-Plasse tras el soplo de aire fresco que supuso la primera parte. Una grata sorpresa, que casi sin quererlo se convirtió en la revelación de 2010. Ahora y con más experiencia en pantalla vuelven a reunirse para darnos una digna secuela, una segunda parte que toda película desearía. Tal vez ya no esté Matthew Vaughn de director, ni haya factor sorpresa, pero Jeff Wadlow cumple con creces en su lugar. El director de Cry Wolf o Rompiendo las reglas, cintas sin gran nombre, consigue impresionar en un film del que no se esperaba tanto.

Y es que cuando algo funciona y se logra dar con la tecla, lo arriesgado es cambiar una de las piezas fundamentales del éxito, Vaughn. El director cede su lugar a un cineasta poco curtido y se sienta a observar la evolución de su criatura desde el puesto de productor. Tal vez ayudara en las pautas de la dirección, o tal vez no, al final eso da igual si el producto resultante cumple con su finalidad, entretener y divertir, y es que Kick-Ass 2 es una de esas secuelas que lo logra. Quizás ni director, ni actores fundamentales como Mark Strong o uno de los mejores Nicolas Cage estén, pero sus carencias son reemplazadas por unas versiones mejoradas de sus jóvenes protagonistas, especialmente Aaron Johnson y Chlöe Grace Moretz, amén de que los dos veteranos actores son suplidos por un buen, aunque desaprovechado, Jim Carrey.

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En esta segunda parte no sólo siguen explotando los puntos fuertes de la primera. Si no que logra añadir otros para darle un mayor interés a la cinta. Además del progreso positivo de la saga, donde vemos a un Kick-Ass bastante más evolucionado como héroe o una Hit girl con sentimientos y una vida tras la máscara; también nos encontramos con un mayor reparto de metraje entre el trío de protagonistas, ahondado así en lo que les mueve hacer a cada uno. Aaron Johnson, ya no es el dueño de la cinta, el equilibrio de minutos entre los tres es perfecto para evitar caer en rutinas y en lo tedioso.

A todo ello, no sólo se limitan a regalarnos a un pequeño reducto de héroes, sino que se nos presenta a dos grupos de lo más variopinto, un buen festival de héroes sin poderes especiales que parecen recién salidos de la Comic Con. Una auténtica “frikada” para luchar contra el mal, convirtiéndose por antonomasia en la película “friki” del año, un auténtico gustazo para los fans de las adaptaciones. El mundo desvirtuado que se nos presenta, donde cualquiera que se ponga máscara puede ser un héroe, es un cliché sobreexplotado convertido en auténtica virtud del film. Regalando buenos personajes secundarios, como Madre Rusia o Coronel Barras y Estrellas (Carrey), y siendo la base desde la que se levanta la cinta.

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A la dirección de Jeff Wadlow pocas pegas se le pueden poner, su tercera película y probablemente la mejor, te deja con buen sabor de boca en todo momento, dota de buen ritmo a todo el metraje, no hay apenas respiro, una gran virtud en esta ocasión. Tal vez falte la magia de Vaughn como director, aún así la cinta sólo se queda un punto por detrás de su antecesora. El guión no es nada del otro mundo pero cumple con su propósito. En cuanto a la música, no llega a ser la excelente banda sonora de la primera, ya no hay esa armonía entre la coreografía en las escenas de acción y la música. Los actores son el punto fuerte de la cinta. Aaron Taylor Johnson, ha mejorado en su papel y en la evolución de su personaje, sigue encajando golpes, pero ha aprendido a darlos también, ahora entrena con Hit Girl para ser un héroe de verdad. Su compañera de reparto, Chlöe Grace Moretz, ha crecido, ya no es esa niñita de la primera parte, sigue haciendo reír y lucha como antes, pero a su vez la vemos en su día a día como adolescente de instituto, cosa que Wadlow domina como director, la joven intérprete le ha comida la tostada a las hermanas Fanning, el futuro es suyo y de Abigail Breslin. El villano en cuestión sigue recayendo en la persona de Christoph Mintz-Plasse, ya no es Bruma Roja, cosa que se hecha de menos, ahora y tras la muerte de su padre se ha convertido en El Hijo Puta, un ser sin el mismo carisma ni gracia que su anterior alter ego, a pesar de todo eso, su personaje sigue teniendo las mismas motivaciones que el anterior, matar a Kick-Ass, para ello y gracias a su fortuna reclutará a un peculiar grupo de villanos. El cuarto en discordia es Jim Carrey, muy bueno en su papel, aunque desaprovechado totalmente, el relevo natural de Nicolas Cage en cuanto a peso no llega a cubrir su hueco por la falta de minutos. John Leguizamo es el otro veterano, muy correcto en su papel. El resto de reparto cumple en sus roles, dando momentos para la risa, el drama y la acción.

La secuela más sangrienta y justificada del año ya está en los cines, Kick-Ass 2 es la segunda parte que Spiderman, Iron man o Red no tuvieron. Su descaro y su evolución positiva sólo deberían llevarnos a una tercera parte brutal. Sus 28 millones de dólares de presupuesto demuestran que con muy poco se pueden hacer grandes cosas. Si os gustó la primera entrega, esta segunda no os defraudará, sino os gustó absteneros de verla.

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