Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Se me congela el corazón

Por Mª José Toledo

Me temía lo peor desde que leí en la noticia del estreno de Frozen que adaptaba el cuento La reina de las nieves del maestro Hans Christian Andersen. Me dije que eso no podía salir bien. Pensé que era una osadía, una locura, una barbaridad. Luego vino el éxito, las buenas críticas, la avalancha de canciones, merchandising y premios. Así que aquí estamos después de haber visto, por fin, lo que para algunos es el último milagro Disney. Dejemos aparte la comparaciones y exageraciones que estoy escuchando sobre si es la mejor de o desde, porque eso no nos ayudará a valorar esta película.

Empecemos por los aciertos, que los tiene. El muñeco de nieve Olaf se roba la función desde el primer minuto en que aparece y su número musical Verano supera al de todos con su simple originalidad y encanto; lástima que el personaje se incluya en la historia como a mitad de película. En este sentido, el reno Sven, que de cría es una monería, al crecer no aporta ni humor ni trama. Otra lástima. Pero estábamos hablando de las virtudes de Frozen, así que sigamos con otra más: la defensa del amor fraterno. Las hermanas y princesas de un reino (¿muy lejano?) Elsa y Anna son las protagonistas indiscutibles y cuando los padres de Elsa decidan ocultar sus maravillosos poderes nevados al mundo, todo cambiará entre ellas. Esta drástica decisión parece más un manotazo de guión, que necesita un conflicto con desesperación sin saber cómo, antes que una consecuencia coherente que desencadene una historia sólida. Con todo, se acepta como acierto la idea del amor incondicional y el sacrificio, importantes valores a resucitar. El componente mágico que añaden los trols se agradece, aunque podríamos preguntarnos si realmente tienen cabida en una historia que se inspira en La reina de las nieves y si hacía falta que el personaje de Christoff estuviese relacionado con ellos. Yo creo que no. De nuevo da la sensación de apelmazamiento en las ideas pero no de claridad y sutiliza.

frozen2

Para ser considerada una obra maestra moderna de Disney y haber triunfado en los Oscar llevándose la estatuilla a mejor película de animación en 2013, Frozen decepciona sin remedio. No es aburrida, sí algo sosa, pero entretiene, que es lo básico que puede pedirse a una película, y más si es para niños. Sin embargo, si analizamos un poquito la trama, veremos enseguida que hay un par de lagunas heladas que desestabilizan el conjunto.

Sin lugar a dudas, un inconveniente es la línea argumental romántica. En mi opinión no existe tal línea, pero estrictamente hablando sí que hay una historia de amor, solo que a lo siglo veintiuno. Los príncipes azules, al igual que las princesas azules, han sido desterrados de este reino. Son malos tiempos para el ideal caballeresco, para el arrebato amoroso, para el alma gemela. Está bien, pero entonces que sean consecuentes consigo mismos y no le busquen a la protagonista un novio a la fuerza pese a la nula química y el poco sentido de la relación. Dicen que Frozen ridiculiza ese cliché del amor a primera vista que la propia productora ha utilizado en algunas de sus películas (no más que en otras tantas producciones verdaderamente ridículas y que nadie critica, fíjate por dónde), pero lo que de verdad hace es darle una patada al amor romántico, así de simple y trágico. Ahora ellos son malos o meras comparsas que acompañan a la heroína, que ella sola se lo guisa y se lo come. Anna y Christoff representan este nuevo amor. Ella, que no ha salido de su palacio, se desenvuelve con mucha más desenvoltura y competencia que él, que lleva toda su vida recorriendo el mundo y la nieve. ¿Esto es romántico? ¿Realista? ¿Es feminismo? ¿Es sexismo? ¿Hacer un retrato del hombre mediocre, bobo, inútil? Jamás ninguna princesa se retrató así. Jamás ninguna heroína de cuento lo fue. ¿Qué está pasando? ¿Es que hay que despreciar al varón para ensalzar a la fémina? ¿Es que una mujer solo es válida y aceptable si se convierte en proto hombre? ¿Nos toman por tontos? Seguramente.

El personaje de Elsa nos dará un buen momento construyendo su castillo mientras canta la segunda mejor canción de Frozen, Let It Go, pero insistir en que sus poderes son un problema y basar cien minutos en eso no hay quien se lo crea. Por favor, si no necesita más que decirlo públicamente para que sus súbditos de postren a sus pies. Es una reina, es mágica, crea nieve. ¿Qué más se puede pedir? En vez de pasarse media vida encerrada como un monstruo, podría haber empleado ese tiempo en aprender a controlarlos y revertirlos, y así no hubiera pasado nada lo que pasa. Entonces no existiría Frozen o sería mejor de lo que es. Es la falta de credibilidad en cualquier trama y temática lo que entorpece una obra, y esta no la tiene.

La animación 3-D por ordenador sigue sin alcanzar las cotas de virtuosismo técnico, estético y artístico que el tradicional 2-D. Esto puede que sea una mera cuestión personal, lo admito, pero mi vista solo aprecia muñecos inertes de rostros inflados tan parecidos a sí mismos como a los demás dentro de unos gráficos insertados y rígidos. Las miradas de estas criaturas no tienen vida.

Para disfrutar del mejor Disney recomiendo Enredados, que supera a Frozen de aquí a Islandia. Si no has leído el cuento original de Andersen, hazlo. Quizá comprendas luego lo que es una verdadera obra maestra, lo que es el verdadero amor y lo que significa ser una verdadera heroína.

No hay forma de descongelar este corazón.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone
Tags

Escribe un comentario