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Salvando Nueva York con estilo ¿Mocos rosas?

Por José Manuel Morales

Lo reconozco: Lo veo más buena de lo que es porque es parte de mi niñez. Fui un niño de los noventa y las pelis que pasaban por la tarde los sábados eran de finales de los ochenta y de principios de la década y en este sector marcado se encuentra Cazafantasmas 2 donde sale el inefable Bill Murray que se ha convertido en el tipo con más carisma del sector cómico sin apenas sonreír nada. El “Saturday Night Live” lo catapultó junto a Chevy Chase, John Belushi, Eddie Murphy y Dan Aykroyd. Se hace dueño y señor del elenco de actores a los que arrasa en carisma y los vapuleo con solo soltar dos frases sardónicas llenas de picardía a la buena y dulzona Sigourney Weaver que se muestra magnífica después de pegarle una paliza al “alien” en la nave Nostromo en braguitas y camiseta de medio tetamen.

La peli en cuestión es “palomitera” y llena de comicidad y tiene unos efectos especiales estupendos para ser de la época que es. Porque estamos hablando de un film de 1989 y eso se nota en todo, pero sus efectos visuales son muy buenos a pesar de ello. No estaba todavía la compañía “Fantasy II” en todo su apogeo, pero ya había nivel en los efectos visuales como para romperte el culo y que fueras al médico para arreglártelo con urgencia. La cosa es que la película tiene una premisa muy simple pero efectiva (como cuando ves una peli de Jet Li o de, en el aspecto cómico, de las de Adam Apatow), y muestra a un dictador del mal de la parte de los Cárpatos que murió en el siglo XVII, que tiene su espíritu en un cuadro de el mismo  y que fue asesinado por sus ciudadanos al comprobar los cabronazo que era. Su deseo es revivir y lo que quiere hacer en el cuerpo de un niño y que mejor niño que el de Sigourney Weaver que trabaja en el mismo museo donde está él. La ciudad de Nueva York se llena de moco rosa en sus alcantarillas que traen mucha mala lechuga a los neoyorkinos consiguiendo crear un clima insano en la ciudad y que el mal reine como le gusta al malvado de los Cárpatos que responde al nombre de Vigo (mala suerte gallegos, vuestra ciudad tiene nombre de sádico moldavo), y los despreciados y humillados “Cazafantasmas”, que trabajan como entretenimiento en fiestas de críos, son los únicos que pueden parar que la ciudad de los rascacielos se vuelva un caos. Y mira que le alcalde no los quiere y que se meten en líos para poder analizar lo del moco rosa, pero cuando liberan a un juzgado de la ciudad de un par de fantasmas, la cosa ya va tomando forma en positivo para los chicos y se les da una oportunidad. El niño es secuestrado por un fantasma mientras la tonta de la recepcionista y el abogado de los caza espectros están montándoselo en el sofá.

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El museo en cuestión donde se encuentra el cuadro genera un campo de fuerza de mal aspecto y la noche se cierne en las calles. Y entre el caos reinante y la ayuda de la madre, se encajan con sus mochilas de protones delante del museo. Y bueno… Se dicen que como van a acabar con esa esfera rosada que cubre el museo y que tiene a la ciudad ennegrecida, pues… ¡Con buenos sentimientos y mucha clase! Los caza espectros tienen un mejunje que altera mucho los objetos gracias a la repercusión de los sentimientos de los seres vivos y con ello se marchan en busca de la Estatua de la Libertad y la embadurnan todita como si fuera a tomar el sol a principios de abril en la playa y la ponen a andar con una canción marchosa por las calles de Nueva York.

La dichosa mujer de toga se pasea por Manhattan saludando hasta a los vendedores de perritos calientes y se carga algunos coches mientras la gente se ríe y la festeja como si fuera el desfile de Acción de Gracias televisado por Dick Clark. Los chicos entran en el museo motivando a la ciudad con buenos sentimientos y cuando sale el malvado Vigo del cuadro le entra las cinco cosas del espíritu y se mete destrozado en el cuadro gracias a la buena disposición de los neoyorkinos que parecen que son felicidad infinita cantando y todo fuera del edificio. Una entrada más falsa en el cuerpo de Dan Aykroyd y disparo con el arma de protones después se acaba la cosa con el niño recuperado y la felicidad de la ciudad del río Hudson para con los cuatro chicos cazadores de espectros. ¿Qué geniales eran los ochenta que te vendían argumentos tan chorras con tanta clase, no?

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Cierto José, Bill Murray evolucionó a GRANDE desde aquellos caza-fantasmas tan efectivos y tronchantes. Felicitaciones por tus comentarios. Un abrazo! EFL

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