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Rush de Howard en la carrera por los Oscar

Por Adrián Pena

Ron Howard se coloca en la parrilla de salida en la carrera por los Óscar con su nueva cinta, Rush, y lo hace tras el fiasco que supuso en su filmografía la comedia Qué dilema.

Su nueva cinta no sólo le devuelve a estar entre los grandes directores mundiales, sino que consigue que sea una de las mejores de su carrera. Su dirección es excelente y sus abanderados para la ocasión, Daniel Brühl y Chris Hemsworth, complementan perfectamente ese rol. Un dueto de actores que, compañeros en la realidad, ofrecen una grandísima rivalidad en pantalla. En cada momento se puede ver ese respeto y competitividad mutua que los dos pilotos se tienen, todo ello de manera elegante y desde la máxima profesionalidad actoral.

El casting no sólo es acertado en cuanto al parecido físico de los actores con los expilotos, especialmente Hemsworth, también lo es en cuanto al plano de actuaciones. El rubio de Thor nos hace olvidar durante casi 2 horas su personaje de Marvel y realiza su mejor papel dramático hasta el momento, mostrando que está cualificado para papeles que van más allá del físico y del músculo, tal vez no sea la actuación del año, pero cumple con creces su cometido. En cuanto a su oponente, Daniel Brühl, nada se le puede reprochar. El actor hispano-germano no sólo aprovecha la gran ocasión que le brinda Howard en el papel de protagonista, sino que con su Niki Lauda demuestra que está preparado para papeles importantes en el futuro de Hollywood. Si no le faltaba trabajo en Alemania y España, ahora se asegura un mercado más potente en cuanto a lo comercial. Su papel es francamente brillante y sensacional, de nominación al Óscar. Ambos representan los polos opuestos del deporte. Mientras que el piloto inglés es mostrado como un mujeriego y vividor, el austriaco es expuesto como un ejemplo de esfuerzo, seriedad y profesionalidad. A pesar de sus diferentes caracteres, los dos pilotos sí que compartían una característica, la competitividad, con el campeonato del mundo como telón de fondo.

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Ron Howard no se decanta por dotar de mayor importancia a ninguno de sus actores, se inclina por la coherencia y les da el mismo peso, siendo fiel a la personalidad de cada piloto, y haciendo que el público se decida por el que más simpatice con él. Si a eso le añadimos que el metraje es igualmente repartido entre los momentos vividos en la pista como fuera de ella, sólo podemos decir que el equilibrio es perfecto. Howard dirige su film como si fuera un Ferrari, no decae en ritmo en ningún momento y siente seguridad en el trabajo que está haciendo. El director no sólo sumerge a sus actores dentro de los bólidos, también lo hace con el espectador que en todo momento se siente partícipe del espectáculo, se queda atrapado e hipnotizado en un viaje de casi dos horas que parece que se pasa en apenas en un abrir y cerrar de ojos. La excelente ambientación y el cuidado de todos los detalles que rodean el mundo de la Fórmula 1 no hacen más que sumar a una cinta sobresaliente de por sí.

Rush no es sólo una cinta para los amantes del mundo del motor -que también-, es una película capaz de hacer que cualquier persona que desconozca este mundo se rinda. Una oda a la vida, a la lucha, a la superación y, sobre todo, una historia donde respeto y rivalidad están más que presentes.

Para los que se preguntan quién es el ganador final. La respuesta es muy sencilla, el espectador es el mayor beneficiado en esta titánica carrera, donde hombre y máquina se convierten en uno para alcanzar la gloria y el reconocimiento mundial. De lo mejor que nos ha dejado el cine en los últimos meses, y una clara aspirante a premios. Niki Lauda dijo: «Conseguir que mi película opte al Óscar.» Y la verdad, muy lejos no estará.

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