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Rovira Beleta en Historia de nuestro cine, en TVE

Por Enrique Fernández Lópiz

En TVE se emite un programa en torno a las 10 de la noche que lleva por título “Historia de nuestro cine”, que busca hacer una revisión dentro de ese horario de máxima audiencia, del cine español. Los lunes los dedica a películas de las décadas de los ´30 y de los ´40; los martes, obras de los años ´50 y ´60; miércoles de los ´70; jueves de los ´80; y viernes de los ´90. O sea, desde prácticamente los inicios de nuestra cinematografía tras el cine mudo, hasta finales del siglo XX, lo cual que dicho así, parece tener más solera la cosa (lo digo por lo de “finales del siglo XX”). Los viernes, por cierto, hay un debate con colaboradores muy valiosos, sobre las películas emitidas.

Algunos de estos filmes ya los he comentado en estas páginas, y me parece muy meritorio que se recuperen películas que no se han emitido en décadas en otros espacios televisivos, ni por parte de la cadena pública, ni en otras cadenas privadas. En el programa ‘Historia de nuestro cine’, TVE en la primera cadena hace breves pero sustanciosas presentaciones de estos filmes, para las que cuenta con un equipo de colaboradores de primer orden: el crítico, historiador y director Diego Galán; el historiador cinematográfico Luis E. Parès; el crítico, historiador y director de cine Fernando Méndez-Leite; el crítico de cine de El País Javier Ocaña; el director de cine José Luis García Sánchez; el escritor, crítico e historiador Carlos F. Heredero; el también escritor, crítico e historiador, Carlos Aguilar; Jordi Costa, crítico de El País y escritor cinematográfico; o el crítico del Diario El Mundo Luis Martínez, que habló muy claro de la película a la que me voy a referir en estas páginas, Hay un camino a la derecha.

Elena S. Sánchez presenta cada cinta haciendo hincapié en aspectos argumentales, técnicos y también históricos, todo ello de manera sucinta pero pedagógica. Incluye el programa igualmente imágenes de archivo sobre la obra, el productor, el director, etc. Esta fue muy bien comentada por Luis Martínez.

En los lejanos años cincuenta, esta película tuvo un rotundo éxito de crítica y público. Hoy es apenas una pavesa al viento que gracias a TVE se ha recuperado. El desconocimiento y el olvido de este film de Rovira Beleta, evidencia la falta de memoria histórica hacia nuestra cinematografía, hacia nuestro cine de aquellos entonces, sin el cual no se entendería bien el cine que hoy se hace en España.

En la época de los cincuenta y los sesenta, la marca Rovira Beleta supo retomar un cine negro, reconvirtiéndolo en “noir a la española”, hibridado con el neorrealismo y el melodrama, pues nuestro director se movía libremente en todos los géneros e incluso podía conjugarlos en una sola película. Esta película, junto con El expreso de Andalucía (1956) y Los atracadores (1961) constituye una trilogía de obras policíacas con características propias: sacar las cámaras a la calle, poco decorado de estudio, influencia del neorrealismo, mezcla de documental; todo ello hace que sean películas imperecederas, que no han envejecido, entre otras porque al haber sido rodadas en la calle, sirven a modo de documento de su tiempo.

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La película cuenta la historia de Miguel (Paco Rabal), un marinero un tanto pendenciero quien al atracar su barco en Barcelona es despedido por una riña a bordo de la que fue protagonista. Directamente, Miguel se dirige por las calles de la Ciudad Condal a ver a su esposa Inés (Julia Martínez) y a su hijo de corta edad. Pero los problemas económicos acucian en su modesto hogar y su afán por solucionar el problema de sus exiguos recursos va a provocar que poco a poco se vaya enturbiando el clima en casa y también que se vaya deslizando de manera paulatina hacia el desánimo, la amargura, e incursionando en el mundo de la delincuencia y el delito. El poco dinero que su esposa había ahorrado lo dilapida rápidamente, incluso vende el modesto reloj del niño empeñándolo. La historia devendrá en dramático suceso, amén de persecuciones policiales, etc., con un esperanzador final.

Rovira Beleta, en sus películas policíacas transmite sensación de realidad, de verdad, algo poco usual para los artificios de la época, y además, un estilo singular que Rovira explotó en su cine policíaco, con mezcla de cuanto ya hemos señalado: noir, melodrama desgarrador, documental y neorrealismo. Esta mixtura de géneros que habría resultado chocante en otros directores, en Rovira dio resultado. Bien es cierto que Rovira era un esteta y rodaba en ambientes urbanos naturales pero de manera muy cuidada, con cámaras ocultas y avisando con su presencia cuándo se iniciaba el rodaje de las diferentes escenas, que en este film fueron sobre todo en el Barrio chino de Barcelona y el puerto: un director muy particular y con propia identidad. Además, Rovira sabía a qué público iban dirigidas sus películas.

El guión del propio Rovira Beleta junto a Manuel María Saló, contiene una arquitectura clásica con una breve introducción a la que acompaña una voz en off que da paso a un larguísimo flashback que abarca prácticamente toda la película; en la trama, la obra avanza de una manera enérgica, va enturbiándose la historia paso a paso, la desesperación del personaje principal va in crescendo, desembocando en el territorio de la transgresión (robo de mercancías en la zona del puerto, contrabando, en fin, lo propio de la época), junto a una gran desgracia que no desvelo por evidentes razones. Además, los guionistas, contrariamente a las costumbres de la época, conceden un importante papel a las mujeres, no quita para que se apunte el asunto de la subordinación, pero pese a ello, la mujer del cine de Rovira encarna valores positivos como la entrega, el amor, la abnegación, y sencillamente, son ellas las que salvan al protagonista.

Música digna y solemne para una película dramática y de acción de Federico Martínez Tudó y una excelente fotografía de Salvador Torres Garriga en blanco y negro.

El reparto es de lujo con dos puntales principales que saben expresar dramatismo y emociones muy intensas como amor, odio, desesperación, ternura o compasión. Un Paco Rabal que ya en su primer papel protagonista importante se declara como el gran actor que fue. Y Julia Martínez está sublime, medida y entrando al drama en su momento sin exageraciones ni aspavientos inútiles, más bien lo contrario; por cierto, más allá de su filmografía, ¿quién no recuerda aquella serie que ella protagonizaba en los sesenta “La casa de los Martínez”, en TVE? El resto de protagonistas, incluyendo el niño, están excelentes: Manuel García, Antonio Bofarull o Isabel de Castro. Rovira supo hacer una gran dirección de actores, una dirección visceral, carnal, como cuando instó a Rabal a abofetear a la Martínez, lo cual no fue fácil para Rabal que era todo un caballero.

En el primer festival de San Sebastián de 1953, Paco Rabal y Julita Martínez fueron considerados como mejor actor y actriz de aquella gala.

Quien haya visto esta película se dará cuenta de lo acertado del retrato y el perfil de los personajes y los ambientes en los que se movían en aquella Barcelona de casi postguerra (aunque lo peor de la postguerra ya había pasado). Matizando más de lo que antes apuntaba sobre las localizaciones por su importancia definitiva, la película se rodó en gran medida en el puerto barcelonés y los barrios del Raval y Somorrostro, todos ellos inmortalizados por una cámara por lo común elevada, que hace filmaciones desde los balcones, amplias panorámicas de las vivaces callejuelas en el Raval, del mismo modo que documenta el movimiento del puerto y la miseria de las chabolas en Somorrostro. Resulta muy curioso y acertado el diestro empleo que hace Rovira de la escalera interior del pobre edificio donde viven los protagonistas; esa escalera es el punto de encuentro entre los personajes y la realidad del barrio. Por eso decía que el filme tiene una clara intención documental que es imperecedera, pues bajo estos paisajes urbanos y, cómo no, bajo el envoltorio de un policial y melodrama en toda regla, despunta todo un análisis social y de la picaresca de ciertas zonas y colectivos de Barcelona, que no se presentan como entornos delictivos o peligrosos, más bien aparecen como ejemplo de supervivencia; además, Rovira dibuja estos ambientes de una forma natural.

En fin, me ha gustado esta película que no conocía, película interesante, emocionante, bien dirigida e interpretada, con un guión muy bueno y el mérito entre otros, de ser todo un documento de aquella época en la que nacieron los que hoy, si viven, están por jubilarse.

Secuencia: https://www.youtube.com/watch?v=Ngpi6oiAQ7w.

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