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Robocop

Por Jon San José Beitia

Hollywood sigue dando muestras de la carencia de ideas a la hora de realizar nuevas e interesantes películas, cayendo en la producción de remakes de éxitos pasados que den a las productoras garantías de cierto éxito comercial, ahora ha llegado el turno de Robocop.

La nueva versión de Robocop intenta repetir el éxito cosechado por el Batman Begins de Christopher Nolan, repitiendo su fórmula al contar con un reparto de renombre que dé cierta entidad a la producción. Existe cierto riesgo a la hora de realizar un remake de una película que, para muchos, es un icono del cine reciente y es muy complicado que llegue a satisfacer a todos los públicos, ya que, en ocasiones, es imposible no caer en comparaciones.

La película que nos ocupa cuenta con un reparto notable y unos efectos especiales generados por ordenador de gran calidad que dan espectacularidad y credibilidad al relato, pero, a pesar de contar lo mismo que la original, se antoja fría y distante. El conjunto de la película apuesta por los avances tecnológicos, tanto dentro como fuera de la película, todo se apoya en la tecnología, pero se olvida de dar profundidad al sufrimiento de los personajes y a las cuestiones morales que ofrece el relato.

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Los responsables de la película se decantan por ofrecer un relato de venganza sencillo y previsible que les permite explotar, al máximo, el potencial de las nuevas tecnologías para encadenar secuencias de acción espectaculares bien construidas, pero que, en muchos momentos, tienen el aspecto visual de un videojuego de disparos, llegando a saturar y marear. A lo largo de la película se echa en falta un tratamiento más visceral y cruento, son numerosos los disparos y vuelos de balas, pero ni siquiera en el destrozo del cuerpo del protagonista llega a apreciarse una sola gota de sangre, algo que contrasta notablemente con el tratamiento violento que dio Paul Verhoeven a la película original.

La película es una correcta revisión de la versión original, pero se queda en eso, en una versión correcta e intrascendente, plagada de efectos especiales con un reparto de renombre llamativo, que deja la sensación de estar desaprovechado. Los nombres de Samuel L. Jackson, Gary Oldman y Michael Keaton son eso, nombres. Son sombras de lo que fueron y ya no ofrecen interpretaciones convincentes, simplemente hacen de sí mismos.

En su conjunto Robocop, versión 2014, es como un plato precocinado, tiene los ingredientes necesarios para satisfacer el apetito del espectador, pero le falta el encanto de un guiso preparado con dedicación y artesanía.

Jon San José Beitia

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