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Road to Alabama, un rosario de referencias

Por Marcos Cañas Pelayo

Las manos, grandes y poderosas, llaman con suavidad a la acristalada puerta. Se escucha el breve rumor de una televisión casi silenciada, la que tendría un espectador adormilado. La figura de dentro de la casa, en pijama y bajo el humo, abre los ojos ligeramente.

Una pregunta por una pareja. Un breve saludo y una promesa de que, quizás, vuelvan a encontrarse. A un lado de la puerta, Virgil, un matón de la mafia. En el otro, Floyd, un simpático y despreocupado compañero de piso, quien hubiera podido ser perfectamente primo-hermano de The Dude en El Gran Lebowski (1998). Si lo prefieren, podemos referirnos a James Gandolfini y Brad Pitt. La escena es un pequeño fragmento de True Romance (curiosamente traducido en España como Amor a quemarropa (1993).

El tristemente desaparecido Gandolfini se encontraba a las puertas de revolucionar el mundo de la televisión con uno de los personajes más grandes jamás creados en la ficción de la pequeña pantalla, Tony Soprano. Pitt, por su lado, estaba anclando las bases de una andadura que le llevaría a ser una de las súper-estrellas más mediáticas de Hollywood. Ambos cumplirían la promesa de sus encarnaciones y se hicieron compañeros de otros rodajes (The Mexican [2001] y Kill them softly [2012]), además de muy buenos amigos. En cierto sentido, aquella cinta había supuesto una extraña premonición para sus vidas paralelas.

No es un caso anecdótico, el film que hoy recuperamos de la memoria es un auténtico quién es quién de rostros reconocibles… los cuales se hicieron aún más identificables en los siguientes años.

Un guión de Alabama

A comienzos de la década de los 90, un vehemente muchacho que había trabajado en un videoclub, consumiendo todos los productos de su establecimiento en el reproductor de vídeo, inició una andadura que sería meteórica, cuasi milagrosa y única en su especie. ¿Su nombre? Quentin Tarantino. Con el tiempo, una celebridad y ángel endemoniado para crítica y público. Algunos alucinaban con su talento y referencias cinéfilas eclécticas. Otros, censuraban su forma de beber de otros autores y su extravagante carácter. Para ninguno pasaba desapercibido.

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Mucho menos popular fue uno de los libretos de sus primeros cortos, plagado de alguna falta ortográfica sonrojante, presentado en un formato que muchos productores juzgaron un insulto, versado en el regalo de una prostituta a Clarence por parte de un amigo suyo. El bueno de Clarence no sabría la verdadera profesión de la chica, la cual fingiría ser un feliz hallazgo el día de su cumpleaños, compartiendo su devoción por las particulares películas orientales que le gustaban al muchacho.

El primerizo original de Tarantino (inacabado y plagado de alguna referencia críptica y sinsentido) nunca se acabó; no obstante, cuando sus guiones empezaron a dejar de preocupar por los errores de novato y a deslumbrar por sus grandes armas (unos diálogos originalísimos, plagados de cotidianeidad y explosivos en su humor negro, con una riquísima cultura pop), terminaron llegando al interés de la mismísima Warner Bros. El peculiar romance de Clarecen y Albabama, con el primero llegando a desafiar al chulo de la susodicha, encontraría su versión a la gran pantalla, bajo la dirección de Tony Scott.

Se acababa de dar luz verde a un film, peculiar, pero cuya importancia futura resulta incuestionable.

Natural born-stars

Tarantino no estuvo totalmente de acuerdo con alguno de los añadidos de Scott y su equipo. No obstante, el personalísimo creador siempre vio con mejores ojos esta versión que otras de sus proyectos (viene a la mente su público repudio de Natural Born Killers [1994], dirigida por Oliver Stone en base a una idea suya), por las modificaciones realizadas. A su manera, el responsable de Malditos bastardos (2009) ha admitido la ficción en un destartalado cine de Detroit, aunque las referencias a Alabama en Reservoir Dogs (1992) presenten alguna pequeña contradicción de su realidad en el universo tarantiniano.

La inesperada pareja a lo Bonnie y Clyde serían encarnados por Christian Slater y Patricia Arquette. El primero, actor nacido en el seno de una familia de Broadway, alternó popularidad e importantes papeles con una fama al margen de la ley, la cual le ha granjeado nos pocos escándalos y ha oscurecido su buena labor actoral. Incluso, para agrandar su leyenda, tuvo una supuesta defunción en los medios que fue muy precipitada, a juzgar que sigue dando guerra en los tablados.

Por su lado, Arquette era la hija de un productor televisivo y una actriz, también había iniciado una andadura por Elm Street (tercera secuela) que ahora ser reforzaría tras este film.

 Arquette, usando una belleza natural salvaje y perfectamente aprovechada por Scott para el film, logra una gran complicidad con Slater, algo muy necesario en uno de los romances más hiperbólicos e inverosímiles de la década de los noventa (pero eso también ocurre en las premisas de muchas comedias románticas y no por ello dejan de consumirlas con fruición).

Particularmente, ella logra sacar todo el jugo a uno de los regalos que Tarantino había dejado en su guión original. James Lipton afirmó que, dentro de la prolífica carrera de redactor de escenas violentas y con líneas poderosísimas, muy pocas son comparables a la que mantienen Alabama y Virgil. Gandolfini recordó en su entrevista con Lipton para Inside the Actor´s Studio que fue una de las secuencias más tensas de su vida. Aún hoy sigue siendo una versión de La Bella y la Bestia en su versión más cruel digna de ser atendida.

Las muescas del revólver

Drexl era el propietario de las ganancias de los beneficios del cuerpo de Alabama. Cuanto menos, hasta que Clarence y este verdadero romance se cruzaron en su camino. Nuevamente, con el inefable estilo de Tarantino, el personaje del proxeneta presenta una de las máximas de este proyecto: actor de renombre que sería posteriormente aún más famoso (Gary Oldman) y las paradojas de los sinsentidos de esta opereta carmesí.

Oldman representa a un camello-chulo que vive perfectamente integrado dentro de una organización criminal de personajes de raza negra… aunque él sea más blanco que un grano de arroz. Lo gracioso no radica en ello, sino en la manera de utilizar la jerga de The Wire por el camaleón británico y cómo él es más nigga que cualquiera de sus socios. La impronta de Quentin vuelve a estar muy visible aquí, aunque sería muy injusto rebajar la labor de Scott a la de mero transcriptor o escribano de la idea original.

Se nota la cámara de un eficaz artesano en un maravilloso cara a cara de Christopher Walken y Dennis Hopper. Una escena rocambolesca, el improbable encuentro de un jefe mafioso con el padre de Clarece, incluyendo una revisión de la invasión y las civilizaciones que poblaron Sicilia. Un momento de auténtico western y una verdadera delicia para la audiencia al ver a dos veteranos intérpretes haciendo lo que mejor saben hacer.

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Muescas de un revólver de gatillo fácil y que lleva en una montaña rusa de emociones a los dos enamorados, quienes pasan con inconsciencia por toboganes de sangre. Un arco que va llevando a un final de película californiana, incluyendo el asomo de otras caras muy reconocibles con Conchita Ferrell como directora de casting, antes de pasar al servicio doméstico de Charlie Sheen en la popular Dos hombres y medio.

Un tercer acto de rock and roll (o Rock and Rolla, que diría Guy Ritchie) y que cumpliría la premisa de sexo, drogas y el citado género musical. Referencias al doctor Zhivago incluidas y nuevos personajes que se unen a un retablo que se mueve de forma constante en una carrera al precipicio…

Un desquiciamiento que es visible en el mentor que escoge el joven y pasional Clarence en sus decisiones precipitadas. Como Woody Allen en Sueños de un seductor (1972), quien veía a una versión de Bogart en Casablanca para asesorarle con las chicas, el muchacho tiene a bien dejarse guiar por un Elvis imaginario al que nunca vemos la faz… la cual, por otra parte, no es otra que la de Val Kilmer.

Visiones y heterodoxos consejos que le servirán en sus inesperadas negociaciones para salir del paso, incluyendo la petición de ayuda a su amigo y contratista de Alabama (Michael Rapaport) y las tensas negociaciones con un actor estrella (Bronson Pinchot) y un adinerado productor (Saul Rubinek, quien ya era una cita obligatoria para los amantes del western, quienes siempre apreciarían su papel como notario del testamento de todo un género que hizo Clint Eastwood en Sin perdón [1992]), metidos en asuntos turbios y relacionados con un alijo de droga.

Una road movie inesperada y que gana en los revisionados, aunque solamente fuera por observar el auténtico Dream Team que llegó a atesorar (y no hemos hecho mención al gran Samuel L.Jackson, entre otros de los miembros del roster) y la influencia que tendría en el género.

Su pegadiza banda sonora, cómo no, asimismo tendría una firma que alcanzaría notabilísimo prestigio, especialmente especializado en proyectos épicos, nada menos que Hans Zimmer.

Pero eso es ya otra historia… de momento, baste rememorar este camino largo, inexplorado y, como pedía Cavafis, plagado y repleto de aventuras…

“I had to come all the way from the highway and by ways of Tallahassee, Florida to Motor City, Detroit, to find muy true love”- Alabama.

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Comentarios

  1. cinepata

    Esta película es una auténtica maravilla. Impresionante la escena de Christopher Walken y Dennis Hopper y la de Gandolfini con Arquette.
    Me han dado ganas de volverla a ver, estupendo artículo!!!!

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