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Revisión de vida y redención en Holmes

Por Enrique Fernández Lópiz

En su momento se me pasó esta película, Mr. Holmes, obra del guionista y director estadounidense Billy Condon. Cuando hace poco pude disfrutar de ella, me pareció una cinta entrañable que dibuja con delicadeza aspectos tan importantes como el de la revisión de la vida por parte del anciano Holmes, la necesidad que el protagonista siente de recordar flecos de su vida pasada, a fin de poder hacer un cierre que lo redima de acontecimientos que lo afligen. Para ello cuenta con la compañía cariñosa e inteligente de un niño y la asistencia de su madre, a la sazón su ama de llaves. Y por medio, las abejas. Un Holmes inédito, ya en su declive, al final de su vida, pero siempre abierto a sus observaciones y al uso de su agudeza y perspicacia.

La acción se sitúa en 1947 cuando Sherlock Holmes (Ian McKellen), retirado de la vida pública y de su oficio como detective, vive a sus 93 años en el alejado pueblecito de Sussex en plena campiña inglesa. Para Holmes, su memoria y sus capacidades intelectivas inician su deterioro. En su casa de campo está atendido por la Sra. Munro (Laura Linney) que vive allí con su pequeño pero espabilado hijo Roger (Milo Parker). La vida rutinaria de Holmes se limita al cuidado de sus colmenas, también escribe con pluma, tinta y papel, un trabajo de investigación antiguo cuya conclusión no recuerda. Y con todas estas actividades lucha para mantener a flote sus mermadas facultades. A través de su relación con el niño Roger, Holmes avanza en reparar sus olvidos, su último caso inacabado, que le llevó a la retirada con una terrible y extraña sensación de fracaso: “Sherlock Holmes y la Dama de Gris”. La idea es que Watson no se ajustó a la verdad a la hora de escribir este caso. Ahora Holmes desea enmendar los fallos de Watson en su relato, recomponer el caso de manera fiel, explicar lo que realmente ocurrió y poder liberarse de ciertos demonios antiguos que oscuramente le acechan. Hay que decir que Watson ni siquiera aparece físicamente, sino por comentarios y sin mostrar su rostro.

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Bill Condon acierta a adentrarse en el lado más humano del mítico Holmes, hasta rastrear el último aliento de una duda que lo asola. Este no es el Holmes lírico y mitológico, sino un viejo entre la decrepitud y el cansancio que ansía la paz espiritual. Condon se mete de lleno en la vida privada de Holmes, cual psicoanalista avezado, descubriendo falsedades sobre el personaje (por ejemplo que nunca fumó en pipa ni jamás vistió la gorra orejera, tan típica en él como grotesca), amén de otros asuntos más intrincados que resuenan en su inconsciente a modo de sentimiento de culpa. Condon lo hace con oficio y con un marcado tinte academicista en su película, lo cual que no critico, incluso al contrario. Creo que Condon ha logrado dibujar un retrato elegante, virtuoso e inédito de un Holmes crepuscular, logrando un acercamiento íntimo al personaje, lo cual que hace con reverencia y respeto.

La película se basa en un excelente guión de Jeffrey Hatcher, basado en la novela homónima de Mitch Cullin originalmente titulada A Slight Trick of the Mind, con los personajes de Arthur Conan Doyle. Es un libreto intimista y escrito con gran capacidad, como para que disfrutemos de una nueva faceta del legendario investigador. Hatcher-Cullin nos cuenta como Holmes “acaba conciliando raciocinio y emoción a partir de un suceso traumático y de la emergencia de una vieja historia pendiente, que le lleva a reconocer las bondades de las ficciones piadosas frente a la inclemencia de la verdad” (Costa). Cuenta la película con una agradable música de Carter Burwell que acompaña muy bien la trama y una bella fotografía de Tobias A. Schliessler. Excelente ambientación.

Premios y nominaciones en 2015: Festival de Berlín: Sección oficial. Critics Choice Awards: Nominada a mejor intérprete joven (Milo Parker).

El reparto incluye a un señor importante que es pieza fundamental del film; el celebérrimo actor británico Ian McKellen que realiza un meritorio trabajo como Holmes, anciano y entrañable. Con su actuación prodigiosa logra desmitificar con gran facilidad al personaje y a la vez lo eleva con la enjundia, poderío y distinción expresiva que le dan sus setenta y seis años de continuas genialidades en el mundo del arte. Milo Parker es el actor infantil revelación por su capacidad expresiva y su eficacia en su papel del espabilado y curioso niño Roger. Laura Linney lo hace muy bien dentro de su personaje de ama de llaves, la Sra. Munro. Y acompaña todo un elenco actoral muy bueno, como suele ocurrir en el cine británico –algo que siempre digo- con figuras como Hattie Morathan, Hiroyuki Sanada, Patrick Kennedy, Roger Allam, Frances de la Tour, Nicholas Rowe, Philip Davis, Takako Akashi, Frances Barber, Charles Maddox y John Sessions.

La película está planteada “en ese lugar intermedio entre la ficción y la realidad, entre la mentira y lo cierto, entre la vida y muerte” (Martínez). Holmes necesita “integrar” esos capítulos deslavazados de su biografía, para poder asumirlos y vivir serenamente los días que le restan de existencia. Así, es una obra que “destaca por la locuacidad y la humanidad […] con las que establece un vínculo entre el talento creativo y dramas vitales como la soledad, la culpa y la cercanía de la muerte” (De Fez). Por lo tanto, la película “es un acercamiento al ser humano, a la parte menos brillante del mito” (Cuéllar). Una mirada, no obstante, querida, muy cercana y grandiosa en su sencillez; y a la vez con el ingenio inagotable de Mr. Holm, a pesar de su edad.

Película a la vez que sentida y espiritual, es también elegíaca, intrigante en ocasiones, pero sobre todo, en lo que a mí respecta, es otra película que trata el tema de la vejez como etapa de la vida. La vejez, que tiene la parte noble y valiosa de la sabiduría. Pero que es también una época en la que la persona, en este caso Holmes, precisa recomponer las piezas del puzzle de su historia personal que quedaron inconexas. El personaje debe hacer un esfuerzo de “integración-recomposición” como forma de redimir las culpas que en toda persona habitan; es por eso que la película nos toca de lleno el corazón. El sabio de Baker Street, una vez logrado este objetivo existencial, puede por fin enfrentarse a algo con lo que antes nunca tuvo que luchar: sus sentimientos y emociones recónditas. Como conclusión, el protagonista, al final del film le dice al niño: “No hay que abandonar esta vida sin dejarlo todo concluido”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=LsJqtZFjAfs.

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