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Resacon 3

Jon San José Beitia

Hace unos años ya surgió en el panorama cinematográfico una comedia que no contaba con gran propaganda, pero que el boca a boca y la chispa que desbordaba la convirtieron en todo un éxito comercial. Esa película fue Resacón en las Vegas, todo un ejercicio de diversión, entretenimiento y momentos hilarantes.

El éxito llama al éxito y las productoras intentan repetir una y otra vez la misma fórmula pero, como siempre se ha dicho, segundas partes nunca fueron buenas y ya nos encontramos en la tercera parte del Resacón y empieza a resultar plomizo y poco llevadero.

Con esta tercera parte, volvemos a encontrarnos con los mismos protagonistas y sus aventuras de siempre. La película intenta seguir un esquema diferente a lo presentado en las dos primeras partes, algunos pensarán que es un acierto intentar no repetir siempre lo mismo, y otros saldrán decepcionados, con la sensación de que no es lo que esperaban.

El argumento resulta forzado, al igual que muchas de las situaciones que viven los personajes principales.

Se podría haber titulado de cualquier otra forma diferente a Resacón y hubiera funcionado incluso mejor.

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Cuenta con unos personajes que ya conquistaron al espectador en la primera parte, y que inevitablemente quiere saber qué nuevas peripecias han vivido, y ahí reside la clave de que el público siga yendo a ver Resacón.

Los guionistas han hecho un flaco favor a la franquicia y los productores han abusado del gancho del trío protagonista, que empieza a estar muy quemado.

El personaje interpretado por Zach Galifianakis, empieza a ser molesto y excesivamente forzado. Todo lo que le ocurre roza el absurdo y en muchos momentos deja de ser gracioso, para ser odioso.

El actor Zach Galifianakis corre el riesgo de convertirse en un juguete roto de la industria, al encasillarse en papeles similares a éste que le dio la fama.

Por otro lado, destaca que siempre sale bien parado el personaje interpretado por Bradley Coopper, no sé si por las recientes nominaciones al Óscar por su interpretación en El lado bueno de las cosas o porque quiere cuidar su carrera cinematográfica. Lo cierto es que a su personaje lo más que le ha pasado, tras tres resacas, es levantarse despeinado.

Hubiera estado bien, por parte de los guionistas, un mayor atrevimiento a la hora de hacer alguna maldad más relevante al personaje que encarna Bradley Coopper.

El desarrollo de la trama, aproximándose a algo serio y criminal, confunde y no encaja bien. Lo que debería ser cómico y entretenido, resulta pesado, forzado y aburrido.

Lo único que mantiene el interés es estar esperando que ocurra algo gracioso e hilarante. Pero por desgracia, eso sólo ocurre una vez han pasado los créditos de la película.

Una comedia del absurdo que empieza a flojear y a dejar verdaderos síntomas de resaca nada agradables.

Jon San José Beitia

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