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Resaca mortal

Por José Albaina

-Afterparty, de Miguel Larraya, no consigue ser estimulante ni como comedia involuntaria.
-La interpretación de Luis Fernández resulta más dolorosa que las numerosas puñaladas mostradas en pantalla.
-Tiene una duración de 76 minutos pero da la sensación de que no acaba nunca.

Tras varios cambios en las fechas inicialmente previstas para su lanzamiento llega a los cines Afterparty, una cinta bien diseñada para atraer al tipo de público al que principalmente va dirigida pero no para cautivarlo. En ella se nos cuenta la historia de Carlos (Luis Fernández) un joven actor que se encuentra en la cresta de la ola de su carrera televisiva gracias a El Capi, el personaje que interpreta en la serie “Campamento sangriento”. Cierta noche acude a una casa en la que tiene lugar una fiesta con drogas y sexo en grandes cantidades. A la mañana siguiente, y en estado resacoso, intenta abandonarla pero le resulta imposible lograrlo pues todas las salidas se hallan bloqueadas. Descubre a varias chicas que también se encuentran en el lugar y en su misma situación pero mientras que a ellas la coyuntura parece no afectarles, a Carlos le irrita profundamente. Pero pronto las circunstancias empeoran significativamente ya que en un móvil desde el que no pueden realizar llamadas reciben, horrorizados, vídeos en los que se muestran muertes de otros participantes en la fiesta.

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El director de la película, Miguel Larraya, debuta con esta historia de terror adolescente tras dirigir varios cortometrajes y encargarse de la realización de series de televisión. También es co-autor del guión junto a Fernando Sancristóbal Zurita, curtido como escritor de ficción en la serie Tierra de lobos. Este es un proyecto definido más desde el área de la producción que desde el ámbito artístico, lo cual no tiene por qué ser en sí mismo algo negativo pues algunas de las más altas cotas de calidad alcanzadas en el arte cinematográfico fueron obtenidas bajo sistemas fuertemente industrializados, como ocurrió en la época dorada del Hollywood de los años 40; pero ese no es el caso de Afterparty. Salvo en un apunte inicial de metaficción en el que se representa la serie “Campamento sangriento” y en otra escena que tiene lugar en los pasillos de la sede de Telecinco – cadena productora de la cinta- la historia se desarrolla en un único escenario: la casa. Este factor, implica un bajo coste económico del film lo que unido a su reparto de actores conocidos fundamentalmente por sus apariciones televisivas, hace previsible la obtención de un producto sencillo y con altas probabilidades de ser rentable. El problema de Afterparty de cara al espectador es que es un producto insatisfactorio porque no da lo que promete. Los momentos pretendidamente tensos no provocan nerviosismo sino aburrimiento, las sorpresas son previsibles y la realización es pobre. Los únicos instantes que transmiten verosimilitud son las escenas de sexo. La fotografía no contribuye a crear con estilo una atmósfera de misterio y amenaza que necesita una historia de estas características.

Luis Fernández da un recital de todo lo que no debe hacer nunca un actor con su personaje: irradia la misma emoción al hablar que Terminator contando un chiste. Si bien es cierto que ni Laurence Olivier habría sido capaz de dotar de credibilidad a los conflictos que vive su personaje. El resto del reparto afronta sus papeles como bien puede, destacando la efusividad de Alicia Sanz y la variedad de miradas de Rocío León. Úrsula Corberó interviene con menos que un cameo en la película y su colaboración se limita a ser un reclamo publicitario que roza el fraude.

A nivel de guión todos los sucesos ocurren sin lógica alguna y los diálogos adolecen de una notable miseria expresiva. Con otro enfoque narrativo Afterparty podría haber resultado una cinta muy disfrutable que entre excesos festivos, generosas dosis de sangre cinematográfica, y giros inesperados; ofreciese jugosas reflexiones sobre las servidumbres de la fama. Desafortunadamente, Afterparty tiene como destino el mismo que una terrible resaca: desear durante su visionado que termine cuanto antes para ser olvidada de inmediato.

Comentarios

  1. Sara Márquez

    Esta película es más horrorosa que el terror que pretende dar.

    ¡Muy bueno lo de Terminator contando un chiste!

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