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Repetición y secuelas clónicas

Por Enrique Fernández Lópiz

Desde hace años he venido viendo la saga de Bourne. No veo mucha película de acción, pero de las que veo la serie Bourne es la que más me gusta: ritmo trepidante, ciudades diversas, persecuciones en toda regla, y así. Y de esta que ahora comento en particular, me ha parecido meritorio el tono de vértigo que Paul Greengrass vuelve a imprimir a esta cinta, y como siempre, un Matt Damon que parece el actor más apropiado para el personaje, como hecho a medida. Por lo demás, nada nuevo, como ahora diré.

Lo que no se puede negar es que a estas alturas del partido, Greengrass y Damon han perfeccionado y conjuntado sus habilidades hasta el punto de que son capaces de ponerlas en práctica con inigualable eficiencia.

En esta entrega, Jason Bourne ya ha recuperado por fin su antes confusa memoria. Pero sigue teniendo sus lagunas, claro. El más mortífero agente de los cuerpos de élite de la CIA ha pasado doce años de limbo desde la última vez que lo viéramos operando en la clandestinidad. Pero como digo, aún le quedan preguntas sin respuesta, sobre todo de su pasado, de su padre trágicamente muerto por una bomba supuestamente en un atentado, atentado de corte muy dudoso. O sea que tenemos a un Bourne atormentado que ha de salir de las sombras para aclarar muchos interrogantes.

Ahora que Bourne reaparece, lo hace en un mundo convulso: crisis económica, colapso financiero, guerras informáticas con organizaciones que pugnan por el control sobre personas e instituciones o gran inestabilidad general. Y desde un lugar recóndito y oscuro, Bourne reanuda la búsqueda de la verdad, la suya, y otras que se le van planteando en el camino. Y como siempre, huyendo de una implacable persecución sobre su persona.

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El resumen de la historia es que Bourne malvive en los Balcanes ganando peleas clandestinas. Hasta que su amiga Nicky le necesita: ha descubierto nuevas operaciones encubiertas de la CIA y quiere filtrarlas online, a lo Wikileaks. Hay otros elementos, pero esta que digo es la espina dorsal del film.

El director Paul Greengrass hace una dirección tan agitada como las que nos tiene acostumbrados. Es de los pocos directores “capaces de rodar como si fuera cámara en mano, pero sin serlo, una acción que te desata la adrenalina a mil por hora. Aquello empieza y en un segundo entras en un maremágnum de laberintos que Greengrass maneja como si fuera un gigantesco tetris en el que, a velocidad de vértigo, va a encajando las piezas una a una hasta conformar un bloque compacto y macizo que te deja sin respiración” (Cuéllar). Por lo tanto, Greengrass se merece una elevada nota como realizador de este otro Bourne, en este sentido técnico y de realización.

El guión, del mismo Greengrass junto a Christopher Rouse y el mismo Matt Damon, con personajes de Robert Ludlum, es igualmente movido y además está bien elaborado, aunque como dice alguien por ahí y no le falta razón es “un chupito de adrenalina cuyo argumento cabe en un post-in”. En cualquier caso tiene su toque emotivo y además aborda temas de gran actualidad. La música de David BuckleyJohn Powell posee fuerza y sustancia, y el tema final de Moby, muy apropiado para el film. Y la azulada y magnífica fotografía de Barry Ackroyd cumple con el resto. Amén de efectos especiales y persecuciones antes nunca vistas.

El reparto es un Matt Damon en su justo punto de cocción como Bourne. Alicia Vikander, bonita, pasa el corte. Julia Stiles es una actriz que me gusta con su boca cubista. Tommy Lee Jones excesivamente arrugado pero en su gran nivel de actor. Vincent Cassel es un actorazo que hace de malo a las mil maravillas. Bien, Alto Essandoh. Riz Ahmed, muy bien como el gurú de la informática Aaron Kalloor. Y acompañando a la perfeción Scott, Bill Camp, Vinzenz Kiefer, Shepherd Kumken, Ben Stylianou, Kaya Yukuzi, Matthew O´Neill, Lizze Philps y Paris Stangl.

Cuando El ultimátum de Bourne (2007) fue estrenada (película que he comentado hace muy poco en estas páginas), Damon aseguró sentir que la historia de Jason Bourne, asesino amnésico en busca de su propia identidad, ya había sido contada. “Buena parte de lo que convirtió aquella trilogía en una de las ficciones más influyentes para el cine de acción moderno, además de la cámara al hombro nerviosa y las increíbles secuencias de acción, eran la ambigüedad consustancial al personaje y su falta de certezas acerca de su propia identidad, de su moralidad y de su posición como amenaza para la seguridad de su país. Nueve años después, esa vulnerabilidad y ese trauma psicológico apenas son aludidos y en ningún caso usados de forma efectiva” (Salvá).

Mas ya vemos, aquí tenemos este cuarto capítulo con Damon, nueve años después de la primera. Creo que se hace por dinero (“poderoso caballero”); también por darle continuidad a la obra que queda abierta para otra sesión de velocidad; y un poco para introducir ciertos adornos morales, sociales, políticos e ideológicos que incluyen protestas contra la austeridad, y referencias a Snowden y a los derechos que nos arrebatan aquellos que dicen protegernos. Pero en honor a la verdad, mejorada y ampliada en algunos aspectos, esta cinta ya la hemos visto antes. De ahora en más, hay que renovarse o morir. Hacer algo nuevo o no moverse.

En fin, para concluir diré que esta película suple o compensa su falta de enjundia con una fuerza motriz despiadada y una sucesión de espectaculares persecuciones y viscerales combates cuerpo a cuerpo que te hacen subir la tensión arterial sin duda, amén de provocar taquicardia. Pero esas escenas ya las hemos visto casi iguales en otras películas de la saga. Entonces impactaban sobre todo porque eran sorprendentes y nuevas. Ahora ya no tanto, ahora repetición y aluvión de secuelas clónicas.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=v71ce1Dqqns.

Comentarios

  1. Marcos

    Para mi entender la primera estaba bastante bien, me sorprendió muy gratamente Damon porque no lo veía muy claro como héroe de acción pero el resto de películas de la saga… sobraban. Yo también opino que la última ha sido hecha por dinero básicamente aprovechando el eco de las anteriores.
    Por mi sobran todas menos la inicial y casi tengo que esforzarme mucho para diferenciarlas unas de las otras.
    Creo que se le puede sacar más partido al Jack Reacher de Tom Cruise.

    • Enrique Fernández Lópiz

      Que decía que estoy de acuerdo. E.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Comparto. Abrazos. E.

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