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Remake que no puede evitar el recuerdo la primera versión

Por Enrique Fernández Lópiz

La seducción, de la remilgada Sofía Coppola, es un remake de El seductor, película que el vigoroso Don Siegel rodó en 1971 con Clint Eastwood en el papel principal. Hay una tendencia, ahora más que nunca, a adaptar películas consideradas ya consagradas. Para mí es un signo de vacuidad y falta de ideas nuevas y originales. Y como dice Boyero, comparando ambas versiones de la misma novela y que yo bien recuerdo de cuando la visioné en su momento, “el modelo original daba angustia y miedo, su remake lo ves como un cuento de hadas en el que su desarrollo te puede parecer previsible”. Sí, en casos como el de este remake y aunque el film no sea desdeñable, pienso que la energía y el capital invertido en la cinta, bien habría sido aprovechable de mejor manera para crear una obra nueva, algo original. Y aclaro que hacía tanto tiempo que vi la versión de Siegel, que me he permitido verla de nuevo para escribir estas líneas. Os aseguro que aquella es mejor que esta, con diferencia, la de Siegel es una cinta muy dura, terrorífica, que da miedo, y muy macha, si se me permite el término. Como dice Partearroyo, esta nueva versión de S. Coppola lo que ofrece, con relación a la original, es “una versión mucho más vaporosa y esterilizada de la misma historia, sin cambios que dejen notar la mano de la directora más allá del reparto femenino y detalles superficiales”. Con estos comentarios quiero dar mi opinión, no echar a pelear ambas películas. Además, no olvidemos que la obra de Coppola le ha valido el Premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 2017. Pero que la primera versión es mejor para mí, así lo entiendo.

La historia se sitúa en el año 1864, en Virginia y en plena Guerra de Secesión. En un viejo y noble caserón aislado en el campo, una gran casa de aparatosas columnas trajanas, vive una pequeña comunidad escolar de muchachas a cargo de la directora y una maestra. Esta institución se ve alterada por la aparición de un apuesto soldado yanqui al que una de las niñas encuentra malherido y al que llevan a la casa para atenderlo. Allí es sanado de sus heridas. Pero el joven intentará seducir a las mujeres, con un final terrible que no desvelo para quien no conozca la obra y desee ir a verla.

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La directora Sofia Coppola se ha atrevido con esta película, construyendo con su magisterio más bien una cinta de bellos paisajes, hermosos amaneceres, una niebla en alguna ocasión sobrecogedora y un tono de cuento de hadas maligno que concluye en drama. Pero a decir verdad, la Coppola, tan dulce ella, no acierta a profundizar en la bomba de relojería que implica todas las tensiones sexuales, de celos y rivalidad y otros profusos sentimientos de calado, que emergen cuando el bonito soldado quiere darle de comer a tantas palomitas a la vez. Esta sinuosa relación del avispero de féminas en torno al único macho de la historia deja que desear en cuanto a sus consecuencias y también con relación a la capacidad de análisis de la Coppola, que cierra el complejo asunto de las subterráneas pasiones de un modo aguado e incluso naif. “Un relato de morbosa sexualidad que transcurre en buena medida bajo la tranquila superficie de las apariencias” (Llopart).

El guion de Sofia Coppola es, como señala Martínez, más una “refutación” que un “remake” de la versión de Siegel. Esto es importante pues en lo tocante al libreto, en tanto Siegel ofrece la versión del soldado herido (mentiroso, violento, avasallador, etc.), único hombre en una residencia-escuela de señoritas sureñas, o sea vista la cosa desde el punto de vista del hombre; en ésta de Coppola, la directora se centra más en la tupida red de deseos, tabúes, recriminaciones y otros sentimientos de calado sexual provocados en las féminas por la presencia del macho, único gallo de un gallinero efervescente; todo ello en un ambiente claustrofóbico y como de fábula. El guión, resulta de la adaptación de la novela The Beguiled, escrita por Thomas Cullinan en 1966, de estilo de gótico sureño, o sea, que introduce elementos extraños para crear el argumento. En el libreto “siempre cuenta la víctima, pero no está claro quién sea: si él a manos de ellas o ellas por culpa de un mundo que las condena por, precisamente, mujeres” (Martínez). En el guión juega un papel primordial cierto sarcasmo, los silencios como recurso y el retrato de una especie de jaula dorada que contiene para Coppola el universo mujeril.

Música aceptable con canciones bonitas e incluso la audición de Monteverdi y su Magnificat, junto a una música de fondo que hace a elevar el tono de tensión, pero con austeridad en la banda sonora. Además, el film tiene una rigurosa disciplina de estilo, cortesía del director de fotografía Philippe Le Sourd. Son importantes los detalles cómplices del diseño de vestuario y la dirección artística en su evidente carácter de cuento gótico sureño, como la novela en que se inspira sugiere.

En cuanto al reparto Collin Farrell juega sus bazas de soldado herido, atractivo y a la vez un seductor con oficio que, desde mi modo de ver, no da la talla en toda su extensión. Nicole Kidman es una mujer hermosa y una gran actriz que ejecuta una gran interpretación como directora del centro, mujer turbadora y severa que apenas puede frenar los impulsos carnales de sus pupilas. La primorosa Kirsten Dunst está muy bien su trabajo de la enamoradiza y después frustrada maestra, que será quien desencadene los acontecimientos con su ira desatada y su furia explosiva. Esquinada y potente Elle Fanning como jovencita sensual. Y muy bien el resto del reparto con Oona Laurence, Angourie Rice, Addison Riecke, Wayne Pére, Emma Howard, Matt Story y Rod J. Pierce.

Esta película no ofrece la historia del soldado que adivina la eventualidad de pasar de su estado de víctima a ocupar una posición de poder (como hizo Siegel), “sino exactamente sus antípodas, la de unas mujeres que ven la posibilidad de alterar su jaula dorada en un espacio abierto a la ‘libertad’”. Así es, pues además, la mansión funciona a modo de fortín de preservación y resistencia a la violencia de los hombres. Pero en este ambiente de mujeres, el desertor llega para alterar la convivencia armónica del grupo de jovencitas que han abandonado el mundo exterior contra su voluntad. La Coppola hace una película con evidentes tintes feministas, “con cierto aire de los tiempos en los que el feminismo no se conjuga ya desde la revancha sino más bien a través del empoderamiento de la mujer” (Lombardo). Así es, y la cinta nos muestra a las mujeres funcionando como un mecanismo ordenado que observa sus rutinas, gestos y disciplina tras la aparición del yanqui en su casa sureña.

Creo que cuando hay dominio, violencia incluso o supervivencia, el director de una obra, tal el caso, no puede mostrarse melindroso ni obsesionado por la lindura y el no mancharse las manos. Y la Coppola sí incurre en este error. Como apunta Sergi Sánchez, hay que “mancharse las manos hundiéndose en el fango pulp”. Pero Coppolase ha ido al otro extremo, identificando la mirada femenina, sensible y delicada, con la asepsia formal. El resultado es una película frígida, impotente, educadamente emasculada” (S. Sánchez).

Siegel estableció en su obra un juego entre el deseo, la muerte y las estructuras de poder masculinas, con el resultado de la caída del macho. Coppola convierte este relato en una elegante narración visual sin recurrir a ningún exceso estilístico, “guiada quizás más que la versión de Siegel por las miradas, los deseos y las emociones de las mujeres” (Heredero). Pero, que todo hay que decirlo, con la traba de un Colin Farrell más blando y menos consistente que el rocoso Eastwood de la primera versión.

Creo poder terminar mis comentarios así: buen pulso narrativo, atmósfera un tanto evanescente, película austera, no descubre nada particularmente nuevo ni en la filmografía de la autora, ni para el cine contemporáneo. Eso sí, tal vez Coppola construye una fábula sobre el deseo y el poder en la que parece anunciar que el futuro es de la mujer. Película, en fin, correcta que no puede evitar el recuerdo del modelo original, pero que se puede ver y oír, y estéticamente está muy cuidada.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=II1ktWhzQX8.

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