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Remake malo que soslaya el importante mensaje de su predecesora

por Enrique Fernández Lópiz

En Más allá de la duda, el joven y ambicioso periodista C.J. Nichols (Jesse Metcalfe), pretende demostrar a toda costa y cueste lo que cueste, que el fiscal de distrito (Michael Douglas), un hombre triunfador que aspira a ser elegido Gobernador, hace trampas cuando condena a los acusados. La idea de Nichols es que el fiscal utiliza pruebas forenses de ADN falsas. Nichols, con la ayuda de una compañera de profesión (Joel Moore), intenta tender al fiscal una trampa. Para ello se implica en un asesinato, procurando que las pruebas circunstanciales del hecho le apunten a él como presunto homicida.

El insustancial director Peter Hyams dirige con mediocridad este thriller de escaso vuelo con tintes de film televisivo. El guión de su propia autoría es un remake del clásico film homónimo del célebre Fritz Lang (1956), éste con libreto de Douglas Morrow, en el que se pretendía poner en tela de juicio la existencia de la pena de muerte, introduciendo el concepto de la “duda razonable“. A pesar de las malas críticas en su momento en USA de esta primera versión y de los pobres resultados de taquilla, es sin duda bastante mejor aquella que esta que ahora comento. Por empezar, esta película de Hyams ni siquiera se plantea la reconversión ética y legal de su predecesor. En esta película de 2009 lo que se produce es un caso de denuncia de corrupción individual en la figura de un fiscal de distrito inmundo, pero dentro de un sistema judicial y punitivo que parece funcionar.

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En favor de esta película versus la anterior, -ahora mencionaré otras- diré que Hyams denuncia el poder de los medios de comunicación en la producción de noticias, en este caso critica a la Televisión. Se mejora, respecto de la otra, en el crescendo psicológico. También, como apunta Ocaña: “… los autores del nuevo guión resultan más honestos respecto del desenlace. Así, y sin dar más datos de los debidos, en esta versión se ofrecen un par de pistas visuales y verbales a lo largo del metraje que devuelven al juego limpio a un guión que, en 1956, se sacaba de la manga un giro final tan inesperado como rocambolesco”. Pues sí, Ocaña dice verdad, verdad parcial, pero verdad.

Música muy normalita de David Shire junto a una fotografía del propio Peter Hyams que no se queda en el corazón ni en la retina.

El reparto, siendo enjundioso se queda en actuaciones sin mucho lustre con un Michael Douglas que cumple sin más en un rol secundario; Amber Tamblyn es un quiero y no puedo, más bien plano; Jesse Metcalfe tópica pero no está mal dentro del trío protagonista. Y acompañan Joel David Moore, David Jensen, Randal Reeder y Orlando Jones. O sea, actores malos representando personajes estereotipados: típico amigo simpáticón, típica chica valerosa, típico policía bueno, típico policía malo, típico redactor jefe, típico fiscal ambicioso y sin escrúpulos, etc.; y todo en una historia que intenta tener intriga y emoción, pero en la que se adivina lo que va a pasar media hora antes de que sucedan los acontecimientos.

En realidad es una película mediocre, un thriller judicial para echarlo en el olvido, aunque de suyo ya se olvidará per se; sin intriga, sin suspense y con unas escenas judiciales que parecen artificiales. Como dice Travers: “No entiendo cómo el director Peter Hyams puede hacer un remake de la película de 1956 del gran Fritz Lang y no aprender nada sobre el suspense, el ritmo y la narración el en proceso. Este film es más que aburrido.” Esto ocurre mucho en la vida, el discípulo que pretende emular al maestro, sobrado de atrevimiento pero escaso de luces, o sea: ¡cero!

Además, es preciso recordar que a finales de los cincuenta, la mismísima Hollywood daba a luz películas de juicios muy importantes como: Doce hombres sin piedad, 1957; ¡Quiero vivir! De Robert Wise, 1958; Senderos de gloria, 1957 de Stanley Kubrick; y la mencionada Más allá de la duda. Todas estas obras iban dirigidas a que en los EE.UU. se hiciera un replanteamiento legislativo en materia penal, amén de constituir estas obras duros alegatos contra la pena de muerte. Entonces la pregunta es: ¿para qué se rescata una cinta de Lang si luego se soslaya lo mejor de ella? Esto parece una burda broma de parte sobre todo de los productores, pero igualmente del mismo Hyams. Y es que, como apunta Rodríguez: “Hyams ha preferido no arriesgar a fondo, y hace una aclimatación más bien modesta [...] Lo que no consigue con esta historia es quitarle algo que lleva de origen [...] que el espectador va siempre un par de pasos por delante que el mismo protagonista.” Como ya he señalado. Pero si se repiten las cosas, se quedan mejor en la cabeza.

En definitiva, película que puede entretener más o menos. Pero también, por sus inopinados giros, su insólito cierre, junto con cierta anomia en el ritmo y en la misma trama, puede resultar soporífera. No se puede hacer un remake de Fritz Lang sin un mínimo de talento. No perdáis el tiempo, haced cualquier otra cosa, la primera que se os ocurra: pasear al perro, hacer una visita al abuelo, planchar ropa, antes que ver este monumento al despropósito.

Puedes ver aquí el tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=R2Ng7KR35-8.

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